Kilómetros de emoción

A.C.
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El guía de naturaleza y educador ambiental, Josu Olabarria, recibió la pasada semana el Premio turístico Félix Andino por su labor al frente de la firma Sensorial Merindades

Kilómetros de emoción

Josu Olabarria es una de esas personas que derrocha pasión y entusiasmo por la comarca y reparte emoción con cada una de sus palabras. Disfruta enormemente con su trabajo como guía de naturaleza y de ornitología y eso se traslada a su día a día profesional y personal. Hace una semana fue reconocido por el Ceder Merindades con el Premio Portador Merindades ‘Félix Andino’ por el modo en que su trayectoria, ejemplaridad profesional y esfuerzo durante la última década han contribuido a mejorar la proyección del sector turÍstico de la comarca.
Su periplo profesional desde que decidió dejar Vizcaya en 1986 y vivir en Valdivielso, la tierra donde se había empapado de naturaleza cada verano, ha sido de lo más variopinto. En sus 58 años ha ejercido de horticultor, regentó una tienda de congelados en Villarcayo, trabajó en la construcción, confeccionó piezas artesanales para jardinería con piedra elaborada, después de aprender del escultor Carlos Armiño, fue el primer presidente de la ya desaparecida Asociación de Artesanos de Las Merindades y hasta bajó el Ebro como guía de rafting. Allí ya empezó a ver en el turismo una posible salida profesional.
Cuando en 2010 fundó la empresa Sensorial Merindades con José Luis Ollero, educador ambiental ya jubilado, supo que había "dado en la clave" y con su actividad profesional definitiva. En las demás curiosamente pasó periodos de unos cinco años y con ésta ya va más diez y lo que queda. "Me emociono igual en la decimosexta salida por una ruta que en la primera y encima me pagáis", les dice a sus clientes, muchos de los cuales repiten una y otra vez para escuadriñar cada rincón de la privilegiada geología de la comarca. 
Kilómetros de emociónKilómetros de emociónCuando su pasión se convirtió en su profesión, ya hacía muchos años que la naturaleza era una de sus compañeras vitales. Recuerda las rutas de senderismo con sus hijos, ahora de 18 y 20 años, cuando aún eran bebes, y como les inoculó el veneno de Las Merindades. Tanto es así que Jon, el mayor, estudia el grado superior de Técnico de Conducción de Actividades Físico Deportivas en la Naturaleza y Ander, el pequeño, el de Educador Ambiental. El relevo generacional en Sensorial Merindades, que también gestiona la Casa del Parque Montes Obarenes-San Zadornil desde hace una década, parece que está garantizado.
Mucho antes de que llegara la actividad profesional comenzó a gestarse otra de sus pasiones, las aves. Dice que creció con "una graja en el hombro", gracias a su abuelo materno, criador de pájaros. El proyecto de la concentración parcelaria de la Merindad de Valdivielso allá por 1991 y su interés por frenar el daño ambiental "demoledor" que iba a causar le llevó a adentrarse más a fondo en el mundo de la ornitología de la mano de Carlos Palma, quien le facilitó el primer listado de 120 especies que fue agrupando en fichas. De ahí nació la Guía de Campo de las Aves de Valdivielso editada por Caja Círculo y escrita por él. Después se inscribió en la SEO-Birdlife y se unió a dos programas de seguimiento, además de trabajar la identificación de especies en cada una de sus salidas. "En 2009 surgió la posibilidad de convertir la ornitología en un ingreso económico", recuerda, y ahí comenzaron las rutas guiadas para avistar aves con turistas o vecinos, como ocurre en los talleres de ornitología desarrollados en los últimos años con el Proyecto Aldaba y el Ceder Merindades.
más rutas que ornitología. Pese a la riqueza de aves de la comarca y las posibilidades de avistar desde rapaces, como el águila real, a bellezas como la preferida de Olabarria, la abubilla, sus clientes demandan más los servicios de guía de naturaleza. Quien haya realizado una ruta con Josu Olabarria seguro que recuerda su personalísimo estilo para trasmitir el valor de la naturaleza. Conoce más de 90 por la comarca, todas estudiadas con antelación y supervisadas en solitario. Admite que más de una vez se ha perdido buscando esos rincones únicos, el mejor paisaje, la mejor perspectiva, el mejor desvío de la senda señalizada. En Las Merindades, "los cañones, los desfiladeros, luego los bosques, la fauna y el agua" son las joyas de la corona, a juicio de este naturalista. En sus salidas no va diciendo qué árboles se va encontrando. Su mensaje está lleno de historias y anécdotas, abrazos a los árboles y sensaciones. Solo si le preguntan ofrece información sobre la flora o la fauna, cosa habitual porque entre sus clientes abundan los llegados de ciudad.  Pero su éxito radica en que "siempre apelo a la emoción, a que a la gente se le ponga la piel de gallina", relata.
"La ruta de las rutas no sabría decir cuál es. Tendría que pensarlo mucho. Nunca voy a un lugar de donde la gente vuelva indiferente, sino con ganas de regresar", dice. Y esa es la clave desde que guió a su primer grupo del Club de Senderismo Pucelanda, de Valladolid, hace una década, y con el que sigue saliendo cada año varias veces. Además de sus servicios profesionales, en todas las oficinas de turismo saben que Olabarria también asesora de forma gratuita y de forma extensa y con detalle a todos aquellos turistas que pasan por la Casa del Parque Montes Obarenes y que se acercan a 15.000 cada año. Primero les relata todas las oportunidades que ofrece el espacio natural en Oña, el desfiladero del Purón que nace en Herrán, las cascadas del río Molinar en Tobera o la subida al techo del parque, el Pico Humión, en el Valle de Tobalina. Pero en función de las características de los visitantes y sus intereses, siempre que se lo piden no duda en proponerles un "paquete" para que conozcan lo mejor de Las Merindades.
Félix Andino, fallecido en 2018 con 51 años, quien da nombre a su premio, "sacó a la luz la palabra Merindades y su primer catálogo turístico", recuerda Josu Olabarria. Admite que tuvo que contener la emoción cuando recibió el premio en la gala celebrada el pasado día 13. Fue su "referente, amigo y asesor". No dudó en animarle a crear Sensorial Merindades y en ayudarle siempre que lo necesitó, incluso perdido en el bosque.