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Vino y Literatura

FERNANDO MAYORAL
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El vino era parte muy importante de la sociedad romana. Todos tenían derecho a tomarlo, incluso los esclavos

Vino y Literatura

Somos romanos que pensamos como griegos. Los romanos eran agricultores, personas prácticas y trabajadoras. Asimilaron la forma de pensar griega, la hicieron suya y la llevaron a los confines de su imperio. Su legado sigue en nosotros. Nuestra forma de pensar y de relacionarnos nos viene directamente de ellos.

El vino era parte muy importante de la sociedad romana. Todos tenían derecho a tomar vino, incluso los esclavos. Existía una jerarquía de vinos que interpretaba fielmente la jerarquía social. 

El vino de máxima calidad se tomaba puro, sin mezclar, el 'merum'. No se mezclaba debido a su alta calidad.

Un vino de segunda calidad era el 'posca'. Tenía baja graduación porque había empezado a convertirse en vinagre, por lo cual siempre se tomaba diluido con agua. Era el vino de los soldados; por ley tenían derecho a un litro al día y es el líquido que llenaba sus cantimploras

El 'lora' estaba reservado para los esclavos. La elaboración consistía en sumergir las pieles y pepitas en agua, volver a prensar la mezcla y fermentar el líquido.

Pero aun había más. Si dos o más amigos iban a una fiesta y no eran de la misma clase social, eran separados a la entrada de la celebración y conducidos a mesas diferentes. Los vinos servidos eran diferentes, adecuados a la alcurnia de cada uno de los visitantes.

El otro uso del vino, una práctica profundamente implantada en el conocimiento científico hasta bien entrado el siglo XIX, era medicinal. Es llamativo la cantidad de recetas y remedios médicos que utilizaban el vino como ingrediente sanador. 

Plinio el viejo. Quizá el más gran escritor de vinos de la historia. Dedicó casi todo el libro 5 de su Historia Natural a la uva y su derivado fermentado. 

Las descripciones que hacía de los vinos eran muy parecidas a las de ahora, tratando de describir su sabor y las sensaciones que aporta, con excepción de su llamativo final. Siempre era un consejo médico.

Sobre el famoso vino Opimiam, elaborado en el año 633 de la ciudad, durante el consulado de Opimius, reseñaba: El tiempo fue notable por su serenidad, y la madurez de la uva fue total gracias al noble efecto del sol. El vino tenía 200 años cuando Plinio lo cató. Tiene la consistencia de la miel, con un sabor potente, debe ser mezclado con agua: Pues tal es la naturaleza de los vinos que, cuando son extremadamente añejos, es imposible beberlos en estado puro, y necesitan ser mezclados con agua, ya que una larga conservación los vuelve intolerablemente amargos. Especialmente recomendado para los inválidos por su fortaleza

De un vino de Egipto, elaborado con uva Thasian decía:  «Es notable por su dulzura y por sus cualidades laxantes».

Apicius. La figura de Apicius siempre ha estado envuelta en leyenda. Era un personaje principal, muy rico, famoso por su paladar y su celebraciones, probablemente las mayores fiestas gastronómicas de la historia, a la que acudían como invitados los mismo emperadores. Su afán por los mejores manjares le llevo a gastarse toda su fortuna en suntuosas fiestas. A él se le atribuye el primer libro de cocina que conservamos.

El De re Coquinaria representa, pues, el único corpus culinario latino que poseemos. Son 10 libros con casi 500 recetas, recogidas durante siglos. No todas las recetas son suyas, pero sí el principio.

El vino aparece mencionado al menos 300 veces en todas sus formas, desde mosto hasta vinagre, final del proceso de fermentación. 

Una receta: Mueles pimienta, comino, ligústico, semilla de ruda, ciruelas; lo rocías con vino; lo templas con vino enmielado (oenomeli) y vinagre. Lo agitas con una ramita de timo y orégano.

OTRA [RECETA] PARA EL ESTÓMAGO: Se limpian unos manojos de acelga, sin lavarlos. Espolvoreas nitro en medio de ellos y atas cada uno de esos manojos. Los pones en agua. Cuando se hayan cocido, los colocas en un recipiente junto con vino paso o con careno; sobre ellos espolvoreas pimienta y comino, y viertes un poco de aceite. Cuando haya hervido, mueles polipodio y trozos de nuez junto con garo; se vierte en un recipiente que esté hirviendo, y se cubre. Se retira de inmediato y se emplea.

En los convivium, la forma latina de los simposio griegos, también el momento principal de la velada era la ingestión de vino, generalmente rebajado con agua. Como los griegos, pensaban que beber vino era parte de las relaciones sociales. Sin embargo, el abuso, estaba mal visto.

Apulello escribió lo siguiente: La primera copa es para aplacar la sed; la segunda, para la alegría; la tercera para el placer; la cuarta para la locura.

Seneca, por su parte, relató: Añade el desconocimiento propio, la expresión torpe y poco clara, la mirada imprecisa, el paso vacilante, el vértigo, el mimo techo en movimiento como si un torbellino hiciese girar toda la casa, la angustia en el estómago, cuando fermenta el vino y distiende las entrañas. A mí este texto me hace pensar que lo escribió después de una buena resaca.

Li Po. Dejamos pasar el tiempo y nos movemos a China, a un poeta de la dinastía Tang, que vivió entre los años 701 y 762. Era conocido como 'el poeta inmortal'. Aunque el vino no se bebía mucho en la sociedad china, alguno de sus mejores poemas están dedicados al vino.

Un vaso de vino entre las flores:

bebo solo, sin amigo que me acompañe.

Levanto el vaso e invito a la luna:

con ella y con mi sombra seremos tres.

Pero la luna no acostumbra beber vino,

y mi perezosa sombra sólo sabe seguirme.

Festejemos, con mi amiga luna y mi sombra esclava,

mientras aún es primavera.

En las canciones que entono vibran rayos lunares;

en la danza que ensayo mi sombra se aferra y deshace.

Los tres juntos, antes de beber, holgábamos;

ahora, ebrios, cada cual va por su lado.

¡Regocijémonos muchas horas todavía,

en nuestro extraño festín inanimado,

para encontrarnos al fin en el Río de las Nubes!

Ibn Zaidun, Córdoba, 1003. Fue uno de los grandes poetas hispanos, el gran renovador de la poesía amorosa árabe al infundirle un tono más sensual y personal. La religión musulmana prohibe la ingestión de bebidas alcohólicas, sin embargo, está muy presente en buena parte de la poesía andalusí. 

Cuantas veces pedí vino a una hermosa moza

Y ella muy generosa me ofrecía vino y rosas

Pasaba la noche libando el licor de sus labios

Y cogiendo rosa tras rosa de sus rojas mejillas.

Al-Russafi. Fallecido en 1177, conocido poeta andalusí.

Era una tarde clara que pasamos 

entre copas de vino; 

al descender, el sol 

unía su mejilla con la tierra, 

alzaba el cé ro los mantos de las colinas

 y el cielo era una espada refulgente. ¡qué buen lugar para beber,

 [...] mientras la oscuridad se bebe el licor rojo del crepúsculo!