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El himno

MARTÍN G. BARBADILLO
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HEMEROTECA | "Compuesto por Calleja y Zurita en 1926, triunfa a nivel transgeneracional. En el estribillo se transforma en un canto de pasión por la tierra, promesas de amor eterno... Ahí la gente se vuelve loca"

La plaza del Rey San Fernando abarrotado en julio de 2019 durante la interpretación del himno a Burgos. - Foto: Jesús M. Izquierdo

Cada pueblo o grupo humano tiene sus mitos y tradiciones, glorias y miserias, usos y costumbres que, aunque están presentes, pasan desapercibidos en la cotidianidad. Paradójicamente, tomar un poco de distancia permite ver mejor lo más cercano; se gana en perspectiva. Esto es precisamente lo que pretendemos en la serie que hoy se inicia en la contraportada de este recién parido Maneras de vivir: mirarnos de lejos para vernos de cerca, y reírnos un poco de nosotros mismos, que no pasa nada. Cada sábado plantearemos un diálogo (ficticio) entre alguien que no sabe nada de nuestra idiosincrasia (¡cómo suena esta palabra!) y un supuesto experto. La idea no es original, es un homenaje, en realidad un copieteo total, de la sección Pass Notes que el diario británico The Guardian lleva publicando 30 años y que ha sido replicada en periódicos de todo el mundo. En cambio, sí es un homenaje sentido a todos los que han hecho humor con las cosas de esta tierra, como Virgilio Mazuela, y a los que han llenado páginas en la prensa buscando la carcajada, como Moncho Alpuente. Esperamos que le divierta.

¿Qué es? Una canción.

Edad. Es de 1926, así que va para un siglo.

¿Quién lo compuso? Calleja y Zurita, que en este caso sí eran dos, concretamente Rafael y Marciano.

¿Como Lennon y McCartney? Bueno... Zurita era un poeta palentino en la onda de la Generación del 98 y Calleja un músico burgalés que hizo un carrerón en su tiempo.

¿Fue una estrella? Estuvo en la pomada. Compuso un buen puñado de zarzuelas y fue propietario del teatro de la ídem, en Madrid, así podía autoproducirse como los grupos indies actuales.

¿Y cómo suena? Tatachán, tatachán... Empieza con una parte instrumental que dura un buen rato y despista un poco porque no sabes cuándo entrar a cantar. Y luego, no soy un experto, pero recuerda a una zarzuela, la verdad. Tiene su lógica.

¿La gente lo conoce? Estamos en pleno revival de himno. Será el signo de los tiempos, pero es difícil encontrar un evento en esta ciudad en el que no se cante. Triunfa a nivel transgeneracional: se les enseña a los niños en las escuelas, les mola a los jóvenes y emociona a los más mayores.

No será para tanto. ¿Que no? Los DJs lo ponen en las verbenas y los chavales lo gritan alzando el cachi; en cada acto oficial lo cantan señoras y señores trajeados sin que se les mueva un pelo; en las bodas lo berrea todo el mundo cuando nadie recuerda dónde está su corbata y la hinchada local de baloncesto lo grita antes de los partidos para intimidar a los rivales.

¿Intimidar con una zarzuela? Si la vocean 9.000 supporters sí. Además, se ve que no conoces la acústica del Coliseum; allí sonaría amenazante hasta la banda sonora de Mary Poppins.

Sí es versátil, sí. Más que una camiseta básica de Zara, que combina bien con todo. De hecho, va bien hasta solo: la principal novedad de las fiestas locales en los últimos años es "El canto del himno", así, a palo seco. Se hace en la plaza de la catedral (Plaza del Rey San Fernando), que se pone hasta la bandera. Un exitazo.

Está en todas partes. Ni te imaginas. Y si todo lo anterior se te queda escaso, puedes acercarte al bar Victoria. Todos los días, a las diez de la noche, bajan la luz y los parroquianos lo entonan. Desconozco si en Liverpool hacen algo parecido con "Let it Be" u otra de los Beatles.

Siendo tan popular, tendrá versiones. No que yo sepa. En 2019, el pregón de las fiestas de San Pedro se le encargó a LA M.O.D.A., héroes de la música local. Evidentemente el acto termina con el canto del himno y yo estaba convencido que se arrancarían con unos arreglos de acordeón, saxo, banjo y un toque eléctrico. Pero comenzó la banda municipal y los chicos del grupo se pusieron a cantar en el balcón municipal junto a toda la plaza. Se ve que no estamos maduros para algo así o, más bien, que la idea solo estaba en mi cabeza.

Y ¿de qué habla la letra? El comienzo está bien traído: "Can-te-mos u-ni-dos...", que empuja a hacer grupo y va bien en ocasiones solemnes y también en jaranas. Ya hemos explicado que el autor del texto era de la cuadrilla del 98, así que continúa rememorando el pasado glorioso, las piedras, los blasones, Castilla... Después, abandona la melancolía y habla de un futuro que volverá a ser espléndido, en plan "Seremos de nuevo un imperio", como cantaban Los Nikis.

Tendrá un clímax, ¿no? Por supuesto. Cerca del final llega el estribillo, donde la cosa se transforma en un canto de pasión por la tierra, promesas de amor eterno... Ahí la gente se vuelve loca.

Y ¿cómo acaba? Arriba del todo, como hay que terminar estas cosas. Se dice tres veces salve, pero así: ¡Saaalve! ¡Saaaaaalve! ¡Saaaaaaaa-aaaaaaalve!, hasta quedarse sin aire.

Pues salve. Umm... Te falta potencia aún.

Si quiero parecer integrado... Apréndete la letra, al menos el estribillo. Vas a tener ocasión de utilizarlo.

Nunca, nunca, nunca... Hacer bromas al respecto. En este pueblo es verdadera devoción lo que hay por el himno.

*Este artículo salió publicado en el suplemento Maneras de vivir del 29 de febrero de 2020