Ponerse la bata después de colgarla

ALMUDENA SANZ
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Medio centenar de profesionales sanitarios se ofrecen voluntarios para ayudar a sus colegas tras la llamada lanzada por la Junta al inicio de la pandemia. Juan Francisco Lorenzo guía y apoya por teléfono a sus compañeros de las residencias de mayores

Juan Francisco Lorenzo indica desde casa y a través del teléfono la manera de proceder con los tratamientos. - Foto: Luis López Araico

La solidaridad tiene múltiples caras. La crisis provocada por el coronavirus ha dejado al descubierto muchas. También la demostrada por los profesionales sanitarios. Medio centenar de distintas categorías y ocupaciones ha respondido en la provincia a la llamada lanzada por la Junta al inicio de la pandemia. Casi mil (945) en toda Castilla y León. 

En las listas burgalesas, según los datos de la Administración a fecha de 20 de marzo, se han inscrito 28 médicos (incluye a jubilados y a MIR), ocho enfermeros, dos técnicos de laboratorio, un técnico de rayos, siete técnicos de cuidados auxiliares de enfermería (TCAE), dos psicólogos, dos de la categoría biólogo, bioquímico, biotecnólogo, tres fisioterapeutas y tres adscritos a una sección en la que se incluyen otras profesiones como personal administrativo, nutricionista, informático, terapeutas o conductores. 

Burgos se queda lejos de la cabeza en la lista de las provincias de Castilla y León con más personal voluntario. Solo se sitúa por delante de Segovia (33), Soria (23) y Ávila (18). La superan Zamora (57), Palencia (66), León (112), Salamanca (147) y Valladolid (214). Bien es verdad que a estos números hay que añadir los 11 procedentes de otras comunidades y los 208 inscritos aún sin provincializar. 

Juan Francisco Lorenzo (médico jubilado): "El cuerpo me pedía hacer algo, me daba rabia no poder aportar mi experiencia"

Guía y apoya a través del teléfono a sus compañeros   de las residencias  de mayores

No se lo pensó dos veces. En cuanto la crisis sanitaria desatada por el coronavirus empezó a mostrar su peor cara, Juan Francisco Lorenzo descolgó la bata que había guardado en agosto de 2018 y se dirigió al Hospital Universitario (HUBU), que había sido su casa. "Me dijeron que ya era muy mayor", anota divertido y, ya serio, advierte que, realmente, no necesitaban sus servicios.

"En Medicina Interna, donde yo había ejercido, se han organizado muy bien, centrados en coronavirus, en coordinación con Neumología, Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y Urgencias". Antes de que le diera tiempo a quitarse de nuevo esa bata, le llamaron de Atención Primaria. Querían que se incorporara a la estructura de apoyo a los médicos de los centros de salud urbanos y rurales y de las residencias de ancianos. Le dieron un teléfono para, desde su casa, atender a los profesionales sanitarios de estos centros de mayores, uno de los escenarios sensibles durante la pandemia, y resolver sus dudas en la conducta a seguir con los pacientes. "El objetivo era procurar que, en la medida de lo posible, a los residentes afectados se les aislara y se les pusiera tratamiento directamente en la residencia porque el indicado para esta patología se puede suministrar igual que en planta del hospital, salvo que alguno necesitara el ingreso en la UCI.

De este modo, evitas el traslado al hospital, las esperas en Urgencias y el colapso", explica Lorenzo, que está en contacto permanente con sus compañeros del HUBU. "Sigo todos los protocolos que se van elaborando tanto en Burgos como en Madrid o en el País Vasco", agrega e insiste en las ventajas que para el anciano tiene recibir esa atención médica en la que es su casa. 

No sabría calcular cuántas llamadas diarias recibe, depende del día, pero sí se siente útil. "Además del soporte técnico que reciben, a estos profesionales los tranquiliza y da seguridad contar con un apoyo que refrenda que lo que están haciendo es lo que deben", señala. 

A él también le serena echar una mano en estas circunstancias excepcionales. "Estoy encantado. A mí el cuerpo me pedía hacer algo, me daba rabia no poder aportar mi experiencia y mis conocimientos. Agradezco que hayan contado conmigo y también que me protejan y no me dejen ir al hospital ni a las residencias", remacha este médico que, aunque lleva dos años jubilado oficialmente, continúa colaborando con Proyecto Hombre y el Comité Ciudadano Anti-Sida.