Tumbas como los chorros del oro

A.G.
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Los burgaleses llevan al cementerio mochos y cubos para limpiar sus lápidas y llenan los contenedores de las flores ajadas que han sustituido por otras nuevas de cara al día de difuntos

Cubos, fregonas, escobas, bolsas con flores... Todo es válido para dejar las lápidas presentables de cara a la festividad de Todos los Santos. - Foto: Luis López Araico

A previsores, aquí, no nos gana nadie. Ayer, 27 de octubre, casi no había sitio para aparcar en los alrededores del cementerio municipal. Faltaban cuatro días para celebrar la festividad de Todos los Santos y prácticamente todo el mundo hizo el mismo plan: sacar la fregona, el cubo y el estropajo para dejar como los chorros del oro las lápidas de los que ya no están. Eso hizo que el camposanto tuviera una actividad inusitada y que las familias se juntaran alrededor de las tumbas para recordar al abuelo o al padre, quizás en previsión de que el jueves, día 1, aquello esté a rebosar y sea más incómodo pasear por la ancha avenida central a cuyos lados duermen el sueño eternos los vecinos más tranquilos de Burgos.

También los numerosos contenedores daban muestra de la febril actividad higiénica: estaban todos -y hay muchos- a rebosar de flores ajadas que habían sido sustituidas por otras nuevas. El suave clima acompañó a la mañana de difuntos anticipada: Ni una gota de aire corría y el paseo lleno de hojas caídas resultaba muy agradable.

Y cuando ya se dejó la tumba limpia y llena de ramos frescos, a muchas personas les apeteció  echar un vistazo a los nombres que aparecen en los nichos, a las fechas lejanas en los que muchos fallecieron, a las singularidades de las tumbas ajenas. Cómo no pararse frente a esa que tiene sobre la lápida en perfecto castellano dos placas que en francés dicen ‘Recuerdo de una amiga de Francia’, la una, y ‘De tus amigos de Francia’, la otra. O sorprenderse frente a otra que recuerda a un joven que murió en 1926 de un «accidente automovilista». ¿Cuántas personas tendrían coche en Burgos en 1926?

La mayoría de estos contenedores presentaban este aspecto. La mayoría de estos contenedores presentaban este aspecto. - Foto: Luis López Araico

Hay lápidas en los que casi no hay sitio para tantos cargos como tenía el difunto: «General de brigada, caballero de la gran cruz y placa de San Hermenegildo, cruz y placa roja del mérito militar y benemérito de la patria» era don Anselmo Aragón, fallecido en 1900. Otras, que resumen con una sola palabra lo que el difunto -en este caso, fallecido en los años 60- fue en vida: «Ángel Fernández. Políglota». Yalgunas que relatan historias muy tristes como la de María Díez-Montero de Dorao, «esposa y madre ejemplar», que murió en 1898 a la temprana edad de 35 años después de haber enterrado a sus niños Víctor, Ramiro, María Amalia y Asunción en 1894, 1895, 1896 y 1898, respectivamente. Que la tierra les haya sido leve.