De la primera línea al aislamiento domiciliario

I.M.L.
-

Laura Blanco es una enfermera arandina en La Paz y ha pasado de atender pacientes a ser ella la contagiada

Laura Blanco pasa su confinamiento en la habitación, acompañada de libros, sus partituras de clarinete y la fiel pero intermitente compañía de Hades. - Foto: DB

Laura Blanco es una enfermera arandina de 34 años que lleva algo más de un año en la planta de Cirugía del Hospital de La Paz en Madrid, donde el avance del coronavirus está dejando cifras muy alejadas de las que se reflejan en las estadísticas de la comarca ribereña. Ella ha pasado en 15 días por todas las etapas: de trabajar normalmente a atender a pacientes contagiados y, de ahí, a tener que confinarse en su casa porque una prueba preventiva había dado positiva. "Mi planta fue una de las últimas en activarse como Covid-19, así que lo íbamos viendo de lejos", recuerda Laura, que de un día para otro tuvo que ponerse manos a la obra. "Cuando nuestra planta hizo falta, tuvimos que desalojarla de los pacientes de Cirugía en una tarde, eso fue hace dos jueves, entraron los diez primeros pacientes y al día siguiente por la tarde ya estaba toda la planta, 38 pacientes, con todas las habitaciones dobladas y la plantilla también", relata.

A partir de ese momento, su convivencia con el coronavirus en el trabajo la sobrellevó con paciencia y profesionalidad. "Nuestra labor se ralentiza mucho porque tenemos que estar cambiando continuamente los elementos de protección, nos ponemos dos guantes para quitarnos unos y ponernos otros encima entre paciente y paciente por ejemplo, y la colocación de todos los EPIs nos lleva un tiempo, aunque nos ayudamos entre nosotras", explica Laura, que reconoce que "la mentalidad cambia al ser una planta de aislamiento, pero yo ya tenía experiencia previa al haber estado antes en Neumología en el Hospital de la Princesa". 

Cambio de chip. Más allá de su labor normal de Enfermería, esta arandina confiesa que las variaciones de los pacientes contagiados no la había visto nunca y eso hace que se trabaje de otra forma. "Siempre tenemos médicos cerca porque puede que atiendas a un paciente que está bien, te das la vuelta para atender al compañero de habitación, y el otro empeora en minutos y necesita atención médica muy urgente", pone como ejemplo.

Al igual que a sus compañeros de planta, al activarla como Covid-19 les hicieron una prueba preventiva para detectar posibles contagiados, y ella fue uno de ellos. "Dio positivo y me tuve que confinar en casa, solo llevaba una semana con pacientes positivos", explica Laura, que ha pasado este aislamiento en su piso madrileño, concretamente en su habitación. "Cuando tengo que salir al baño, aviso para no cruzarme con nadie, y guardo todas las medidas a nuestro alcance para no propagar el virus, pero nunca sabes si lo estás haciendo bien del todo", asegura.

Su tiempo lo reparte entre la lectura y la práctica de partituras con su clarinete, ya que forma parte de la Banda de Música ‘Villa de Aranda’. "Teníamos algunas actuaciones que ahora están en el aire, pero por si acaso, no está de más practicar para estar lista si hiciese falta", comenta Laura, a la que en ocasiones le hace compañía su perro Hades, "que entra, sale, va y viene según le venga, pero acompaña".

Su situación de confinamiento se alarga ya dos semanas y no tiene fecha de reincorporación al trabajo, que es lo que más espera. "Yo me encuentro bien, no tengo fiebre alta y respiro bien, pero entiendo que hay que esperar a que las pruebas den negativas para poder volver al hospital", reconoce resignada. Porque lo que más quiere en estos momentos en los que las horas se acumulan en su reloj dentro de las mismas cuatro paredes es volver a parapetarse detrás de los EPIs y atender a los pacientes. "Tengo ganas de volver a trabajar, sé que allí el equipo está haciendo mucho y me fastidia no poder sumar mis dos manos para ayudar", se lamenta.