Salvar a los 'menas'

Agencias/SPC
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La vía más eficaz para integrar a los menores extranjeros es que estos sean acogidos en familias, es decir, en entornos seguros que les aporten valores, referentes y una transición eficaz a la edad adulta

Salvar a los 'menas' - Foto: David Borrat

Alí, Malik, Faysal o Mustafà son solo cuatro de los más de 12.300 menores extranjeros no acompañados, los famosos Menas, que según las cifras oficiales del Ministerio del Interior hay en España. Sin embargo, las cifras bailan y suele ser difícil saber  exactamente cuántos hay en el país, ya que la tutela de estos niños es de las comunidades autónomas y estas no pueden impedir que los menores se desplacen de unas a otras o que abandonen el país. 
Precisamente, los datos aportados por las Administraciones regionales difieren de las cifras nacionales y apuntan a muchos más menores inmigrantes. En este sentido, las comunidades de Cataluña y Andalucía serían las más saturadas por este fenómeno, con cerca de 4.200 y 2.200 niños a su cargo, según revelan sus respectivos Ejecutivos. 
Uno de los principales problemas con los que se encuentran los Menas nada más llegar a España es el shock al que se enfrentan al comprobar que después del esfuerzo ímprobo de alcanzar la soñada tierra prometida, la recompensa no es la esperada: suelen acaban en un centro de acogida saturado en donde la convivencia es, en la mayoría de los casos, complicada y hasta peligrosa.
Por eso, los expertos en infancia, judiciales y organizaciones sociales señalan que la opción preferente para los niños que no pueden vivir con sus padres en el país de destino es el acogimiento en familias. Pero, ¿hay hogares dispuestos a acoger a estos menores extranjeros que llevan una mochila complicada después de un trayecto lleno de abusos y traumas? ¿Lo permite la legislación?
La realidad es que en el país hay pocas familias que acogen a menores. Un total de 19.545 niños (el 48 por ciento) viven en estos entornos, mientras  21.283 están alojados en residencias (52 por ciento). Sin embargo, en el caso de los niños extranjeros que están absolutamente solos, apenas un 10 por ciento es acogido en una vivienda.
cariño hogareño. Para el exmiembro del Comité de Derechos de Naciones Unidas, Jorge Cardona, «la acogida residencial es la solución más fácil para las Administraciones que tutelan a estos niños, pero la peor para el menor».
«Las soluciones familiares son mucho mejores que las institucionales, siempre, no es un tema solo de que vaya a encontrarse mejor el niño y de que sea lo óptimo para su desarrollo; la evolución de sus capacidades depende de vivir en un entorno familiar, de tener relaciones armoniosas de cariño y un adulto referente con el que hablar, es lo ideal para todos los niños y los menores extranjeros son niños por encima de todo», señala.
El experto cree que cuando se conozca mejor el sistema del acogimiento familiar se apuntarán más familias, aunque señala que debería reforzarse los recursos de apoyo a esos hogares. «No solo en ayudas económicas, sino también en conciliación familiar», subraya.
«Sin duda, se consigue una mayor integración social de los niños extranjeros que llegan solos a nuestro país, pero hay que eliminar todos los obstáculos a estas familias que generosamente y solidariamente quieren ser de acogida», destaca.
Para el director de Save the Children, Andrés Conde, el «acogimiento familiar es una de las formas más profundas y eficaces de protección de la infancia en situación más vulnerable».
«El 90 por ciento de los menores extranjeros sin referentes familiares que llegan a nuestro país está en régimen de acogimiento residencial en instituciones; el acogimiento en hogares de estos menores, que tiene lugar gracias al compromiso de muchos ciudadanos  españoles, es una solución que multiplica sus posibilidades de integración y de transición exitosa a la vida adulta», expone Conde.
Sin embargo, la solución al problema de los Menas, según destaca el Fiscal Coordinador de Menores, Javier Huete, es destinar más recursos y apoyos a este colectivo vulnerable. Solo así, los niños estarán preparados para pasar a la etapa adulta con todas las garantías. «Debemos exigir a la Administración no solo que haya más recursos y que se incrementen las plazas en los centros de menores, sino también que se busquen otros lugares donde acomodar a estos niños que no sean la acogida inmediata».