Capellanes en la zona cero

B.D.
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Los sacerdotes Ezequiel, Pablo y Amancio acompañan y llevan consuelo a los pacientes ingresados en el HUBU

El sacerdote, en la capilla del complejo asistencial.

El temor al contagio no ha paralizado la labor pastoral de los tres capellanes que prestan servicio en el Hospital Universitario de Burgos. Sí les ha obligado a extremar las medidas de protección, como al resto de los profesionales que trabajan a diario en el complejo asistencial, pero no a dejar de llevar «unas palabras de consuelo, de sanación y de esperanza».  

Así lo explica Ezequiel Rodríguez, uno de los tres sacerdotes que dan servicio religioso en el HUBU, quien reconoce que pese a las complicaciones que ha supuesto el coronavirus y los protocolos marcados por Sanidad siguen acercando los sacramentos a los pacientes ingresados que los demandan. «El miedo y la precaución siempre se tienen, sobre todo al principio que estábamos un poco desubicados y no sabíamos cómo actuar. Ahora vamos muy protegidos y estamos mentalizados para no relajarnos ante un posible contagio», afirma, tras reconocer que su principal temor era su padre, de avanzada edad, con el que vive.

Su labor cotidiana ha cambiado mucho estos días, ya que han tenido que dejar de realizar las visitas a las habitaciones y de prestar la comunión para minimizar riesgos. El protocolo que ahora siguen es a demanda de los familiares de los enfermos o de los propios pacientes, que avisan a los profesionales sanitarios de su deseo de hablar con el sacerdote. «Solo acudimos cuando se nos llama. A las zonas ‘libres’ vamos como siempre pero a las restringidas tenemos que ponernos los equipos de protección (buzos, mascarillas y guantes) y es mucho más complicado», subraya. Los tres capellanes se turnan en horarios de guardia para estar disponibles las 24 horas y los siete días de la semana.

Ezequiel Rodríguez lleva un año y medio como capellán del HUBU. Ezequiel Rodríguez lleva un año y medio como capellán del HUBU. - Foto: Valdivielso

Pese a la crisis sanitaria los sacerdotes están trabajando con normalidad haciendo en la medida de lo posible acompañamiento a los enfermos, escuchándolos y trasmitiendo palabras de ánimo. «Lo que más consuelo da cuando hablas con las familias es saber que no han estado tan solos, sobre todo en los casos más críticos. El dolor es enorme pero al menos, si son creyentes y han recibido los sacramentos, creo que eso les da un poco de paz», declara Ezequiel Rodríguez, que lleva un año y medio como capellán del HUBU. Vino destinado desde Miranda, donde había estado prestando este servicio pastoral en el hospital Santiago Apóstol durante más de una década.

Traje especial para evitar contagios. Para evitar los contagios, además de utilizar un traje especial, los capellanes llevan monodosis con los santos óleos para administrar la unción de los enfermos. La situación de aislamiento a la que son sometidos los pacientes con coronavirus es muy dura, según reconocen, y apuntan que en ocasiones  hacen de mediadores entre las familias y los ingresados e intentan aportar serenidad.

En la lucha contra el coronavirus, los capellanes no dudan a la hora de poner en valor la labor de médicos, enfermeros y el resto de los profesionales que están al pie del cañón. «Están dando lo mejor de sí mismos. Las primeras semanas se les veía preocupados, agotados y tristes tras tantas horas de tensión. Pero en los últimos días se les nota algo más relajados porque ingresan menos pacientes infectados y supone un pequeño alivio. Ahora incluso nos pueden ayudar a vestirnos con los trajes de protección», bromea Ezequiel, sin ahorrar palabras de reconocimiento hacia el trabajo de los equipos sanitarios. «Son auténticos héroes; todos, desde el celador hasta los médicos, pasando por auxiliares, enfermeros. Sabemos que va en el oficio pero merecen todo nuestro cariño y respeto», concluye.