"Es injusto que no podamos competir con la patata de fuera"

R. PÉREZ BARREDO
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La crisis sanitaria ha dejado en stock cerca de 7.000 toneladas de patata de siembra de Burgos. Los productores piden apoyo para dar salida al producto en los grandes centros comerciales

Bravo, contemplando sus patatas, que podrían echarse a perder en unos días. - Foto: Luis López Araico

La crisis sanitaria no hace prisioneros. Ni siquiera aquellos sectores considerados esenciales salen indemnes de la maldita pandemia que tiene al mundo en un ay. Si antes de ayer fueron los ganaderos de ovino y ayer los viticultores, hoy son los productores de patata los que han puesto el grito en el cielo. Y no es para menos. En la comarca de Valdelucio y los Tozos, carretera de Aguilar de Campoo, está Villaescobedo. Allí nos recibe José Daniel Bravo, de la cooperativa Santa Isabel, toda una vida dedicado a la siembra del tubérculo por antonomasia. Pero no de la patata como algo genérico, sino de la patata de siembra burgalesa, a la sazón la mejor patata que existe y cuya fama trasciende fronteras: que pregunten en la huerta de Levante qué patata es la mejor y por qué llevan décadas y décadas sembrando con ella a orillas del Turia y del Segura.

La enorme nave de José Daniel Bravo, perfectamente acondicionada para almacenar durante meses miles y miles de kilos de patatas, conserva esa frescura perfecta que permite al tubérculo aguantar tanto tiempo en perfecto estado. Sucede que esta es ahora la época en la que los productores de patata burgaleses dan salida a sus últimas existencias, y el virus les ha pillado a contrapié. La hostelería, los hoteles, colegios y grandes comedores son sus principales clientes. Huelga abundar en la situación en la que se encuentran. Así, hay en torno a 7.000 toneladas de patata de la mejor calidad en stock, sin apenas posibilidades de salir al mercado.

«Esto es como si ahora un trabajador cualquiera no cobra las nóminas de cinco meses de trabajo», explica Bravo. Un verdadero palo, un golpe en la línea de flotación de la economía de estos productores, en torno a cuarenta, que siembran alrededor de 1.500 hectáreas en esta privilegiada zona que comprende también parte de Palencia. «Nuestra patata va bien para todo el mundo, pero hoteles, restaurantes y comedores grandes son los principales clientes. Desde el día 8 de marzo esto ha sido terrible. En condiciones normales, el 20 de marzo lo hubiéramos liquidado todo. Pero ahí tenemos siete millones de kilos que se pueden perder, y es una lástima y muy duro», explica con pena.

José Daniel Bravo, productor de patatas de la comarca de Valdelucio-Los Tozos.  José Daniel Bravo, productor de patatas de la comarca de Valdelucio-Los Tozos. - Foto: Luis López Araico

Él no es uno de los más afectados (le quedaban en el almacén en torno a 14.000 kilos; ha llegado a tener acopiado más de un millón) pero tiene compañeros con muchos más. Gente que puede sufrir unas pérdidas de en torno al 30 por ciento, «que es mucho dinero. Y la patata lleva mucho gasto. Y que pase esto ahora es una pena, porque todo el trabajo está hecho. Nos hemos tirado todo el invierno clasificándolas», apostilla Bravo. «Es que un golpe así te deja K.O.». Pedir no piden mucho, pero sí algo que podría considerarse de sentido común: que su producto se venda ahora en las grandes superficies. Sindicatos agrarios como Asaja piden que se les ayude y apoye.

Pero con Francia (país que domina la gerencia de la mayor parte de éstas) han topado. Reclaman que los intermediarios traten de poner su producto en estos centros, que solo apuestan por patatas procedentes de Francia (que, dicho sea de paso, nada tienen que ver con las de aquí). En este sentido, Bravo, en nombre de los productores burgaleses, pide la oportunidad de poder tener sus patatas a la venta en estas grandes superficies. «Luego, que el cliente elija, ahí no vamos a entrar. Aunque uno no entiende cómo puede haber gente que prefiera esa patata lavada y como bonita que viene de otros lugares ¡cuando la piel no se come! Vale que la nuestra puede tener un aspecto diferente, no tiene la misma presencia, no es lavada..., pero en calidad no tiene nada que ver», apostilla. 

Feroz competencia. «Esta ha sido la despensa de patatas de España. Yo recuerdo de chavaluco que venían aquí de todo el país a comprar patata de siembra. Como aquí tenemos un clima privilegiado para este tubérculo, se da bien, se mantiene. Una cosa nos hace diferentes: esta es una patata de calidad. La tienda de barrio, la de toda la vida, lo sabe bien porque siempre ha vendido nuestro producto. Lo que nunca entenderemos es la guerra que tienen las grandes superficies con nosotros. O sí lo sabemos: todos los grandes centros son franceses: Carrefour, Dia... Nos cierran las puertas. Y deberíamos exigir que se les obligara a dejarnos poner allí nuestras patatas. Luego el cliente que haga lo que quiera. Pero si no nos dejan ni ponerlas, no podemos vender. Y eso no es justo. De ninguna manera».

José Daniel Bravo considera que apostar por productos de la tierra, siendo además mejores que los de fuera, es una opción con todo el sentido. «En Burgos hay tres cosas en las que nadie nos gana: la morcilla, el lechazo y la patata. Si hasta yo he visto en el sur de España vender en un mercadillo patatas al grito de ¡son de Burgos! Mira si tiene fama. La patata de Burgos ha vendido siempre. No tenemos que demostrar su calidad para nada. Hace muchos años que es así. Décadas enteras», concluye Bravo.