De acoger bodas y bautizos a dar de comer a sintecho

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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El burgalés Manuel Castro y sus socios reconvierten sus dos complejos hosteleros de las afueras de Madrid para dar 600 comidas diarias a personas sin hogar y alojar a 65 familias de refugiados

El empresario burgalés y sus socios han convertido en tiempo récord su espacio de celebraciones en un punto fundamental de la logística solidaria de la capital de España.

El mismo fin de semana en el que la Comunidad de Madrid decretó el cierre de toda la hostelería (fue el viernes 13 de marzo) y el Gobierno central anunció el estado de alarma (el sábado 14) para hacer frente a la pandemia de la COVID-19, el burgalés Manuel Castro, que codirige dos grandes complejos de celebración de eventos en Madrid, El Mirador de Cuatrovientos y La Cigüeña, tenía previstas en sus instalaciones tres bodas y nada menos que 64 pruebas de menús para otras tantas, además de varios bautizos.

Es incapaz de calcular, por tanto, cuánta comida preparada había en los arcones y en las cocinas, platos que a buen seguro hubieran terminado en la basura de no haber decidido hacer en ese momento tan complicado, y en el que se le abría un abismo ante los pies, una apuesta decidida por la solidaridad. Así que después de repartir entre los trabajadores buena parte de los productos frescos, Castro se puso a disposición del Ayuntamiento para que utilizara toda la comida preparada como fuese necesario. «Nos ofrecimos para hacerla llegar a los hospitales y nos contestaron que la necesidad no estaba ahí sino en la gente de la calle, que estaban intentando agruparla y darles un techo para evitar que entre ellos se dispararan los contagios pero que no tenían comida para todos. Y nosotros se la dimos», explica. Ahí empezó una historia de compromiso por los demás que aún continúa.

Porque Castro y sus socios no se limitaron a regalar la comida que les sobraba sino que decidieron seguir adelante y habilitar sus cocinas para dar desayunos, almuerzos y cenas durante todos los días mientras dure la alerta sanitaria: «Nos sentamos los socios y dijimos que íbamos a echar una mano el tiempo que se alargara esta situación, cuando se pensaba que a lo mejor no eran más allá de quince días. En cuanto se vio que iba a ser más tiempo salimos a las redes a pedir ayuda a amigos y proveedores y la respuesta ha sido impresionante, tanto por su parte como por la de varios de nuestros trabajadores que están dedicando su tiempo de forma voluntaria». Así, más de un mes después, las cocinas que habitualmente preparan banquetes de eventos empresariales y de bodas, bautizos y comuniones, siguen echando humo pero para dar alrededor de 600 menús al día cuyos destinatarios son las personas que se alojan en los centros de acogida municipales, un esfuerzo inmenso en el que a pesar de la ayuda que se recibe por parte de muchas firmas comerciales está suponiendo un desembolso económico para Castro y sus socios. 

Manuel Castro lleva años en Madrid dedicándose a la hostelería y a la organización de eventos. Manuel Castro lleva años en Madrid dedicándose a la hostelería y a la organización de eventos.

El compromiso de estos empresarios no se queda ahí. Y es que en el complejo La Cigüeña, ubicado en Arganda, dentro del Parque Regional del Suroeste, a 25 kilómetros de Madrid, están acogiendo a 65 familias de refugiados en sus bungalós de lujo, a las que tienen allí en pensión completa, unos gastos que no les serán devueltos por el Ayuntamiento de Madrid ya que, según cuenta Castro, les comunicaron que no disponían de recursos para hacerlo: «Lo estamos haciendo todo de forma gratuita. Nos dijeron que no tenían capacidad ni para asumir las comidas y que si les podíamos ayudar, y estamos tirando con donaciones de proveedores y empresas en el tema de la comida pero el resto es nuestro. Por suerte, en los últimos años nos ha ido bien y nos podíamos permitir ayudar esos primeros quince días; después, a esto se le ha sumado el compromiso de mucha gente».

En todo este tiempo se han servido ya más de 18.000 comidas y la intención de Castro y sus socios es seguir hasta el final de la crisis sanitaria con la colaboración de amigos y proveedores, a los que no les importaría que se sumaran algunas empresas burgalesas: «Si Campofrío o Angulo nos mandan comida estaríamos encantados. Nos hace falta materia prima para seguir haciendo la comida para esta gente». Y todo esto con la espada de Damocles de la crisis económica que va a seguir a la sanitaria y cuyas previsiones generales y en concreto para la hostelería dan mucho miedo. El mismo fin de semana en el que todo estalló, las empresas de las que Manuel es socio presentaban expedientes de regulación temporal de empleo para su centenar de trabajadores.

Historias humanas. Detrás de los números hay, como siempre, historias humanas, algunas nada fáciles. Manuel Castro cuenta que muchas de las familias que tienen en La Cigüeña antes de que empezara esta crisis no tenían nada, estaban literalmente en la calle, algunas con niños pequeños: «Ver esta realidad, ver que la gente no tiene absolutamente nada y que te agradecen que les des de comer un plato caliente nos ha impresionado mucho; tanto, que mis socios y yo somos muy conscientes de que es el momento de devolverle a la sociedad lo que nos ha dado, llevamos mucho tiempo trabajando, esforzándonos, creciendo, haciendo dinero e invirtiendo y nunca nos ha faltado nada y realmente nos ha impactado ver que estas cosas pasan en nuestra ciudad». 

De la necesidad, virtudDe la necesidad, virtud

A nivel personal, afirma que para él va a haber un antes y un después de este episodio y confía en que esta ola de solidaridad continúe y no se le olvide a la gente. Tampoco niega la sombra de incertidumbre que se le coloca encima cuando piensa qué pasará el día después: «La preocupación por el futuro existe pero, por ahora, estamos centrados en esto y vamos a seguir con ello».