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¿Es inmoral no pagar tantos impuestos?

Agencias
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La brusca elevación de las cotizaciones para trabajadores y empresarios destruirá empleos y la hucha de las pensiones

En los Presupuestos que Sánchez ha pactado hasta con los exetarras de Bildu entra de todo, desde los pagos a la Seguridad Social hasta los regalos a Irene Montero. - Foto: Eduardo Parra

En los años 70, el matrimonio Milton y Rose Friedman publicaron un libro, que ya debería ser un incunable para todo el que crea en la libertad, en la libre empresa o en el Estado pequeñito. Se llamaba precisamente el manual Libertad de Elegir, y encerraba varias preguntas. Entresaco dos: «¿Dónde se encuentra más seguro el dinero que usted se gana?» y otra, «¿Es éticamente inaceptable discutir (o incluso negarse) a pagar unos impuestos que no se sabe exactamente a dónde van?». El libro causó una conmoción universal y rápidamente saltaron a la carótida reputados economistas como el profesor de Oxford, Kennet Galbraith, un laborista británico muy entusiasta de la preponderancia general del Estado en nuestra vida diaria. Pero la pareja no estaba equivocada; el tiempo ha demostrado que en muchas naciones, por ejemplo en la España de Aznar, reducir la fiscalidad era una receta segura para crear empleo, incluso mucho empleo. «Hágase usted responsable de los dólares que percibe y no se empeñe en que otros, el Estado desde luego, primero y en buena medida se los confisque y después se los administre como si realmente fueran suyos», escribieron los Friedman.

 Es curioso: a Milton y Rose no se les echaron encima los países, sojuzgados por el poder soviético; arremetieron contra ellos los partidos socialistas y, por concretar todavía más, los socialdemócratas. En Chicago, donde no abunda sin embargo el humor blanco (más bien lo contrario) corrió por entonces una historieta que se hizo lo que ahora llamaríamos «viral» protagonizada por un ejecutivo que paseaba por la calle principal, la avenida Michigan poblada de rascacielos casi en mayor medida que la atosigada Quinta de Nueva York. El tipo se topó con dos conocidos: uno, un antiguo compañero de pupitre; el otro, hijo de un represaliado en los años 40 por supuestas concomitancias con el comunismo. Saludó efusivamente nuestro hombre a este individuo, y se cruzó de brazos cuando el veterano colega de universidad le tendió la mano. El ejecutivo lo explicaba así: «Con los comunistas ya se sabe de qué va esto, con los socialdemócratas, no, echan la zarpa, paw en inglés, a tu cartera y encima te aseguran que lo hacen por tu bien, que ellos gestionan mejor tus ahorros». 

Hachazo

Ejemplar historieta que este cronista recordaba estos días cuando el peligroso intervencionista ministro Escrivá justificaba el hachazo que meterá a toda prisa y sin piedad a los jubilados con el obsceno señuelo de que «así nuestros hijos y nuestros nietos podrán cobrar su pensión». Hablaba de esta manera el mencionado títere de Sánchez, al tiempo que se conocía la nueva fechoría fiscal perpetrada por este Gobierno de voraces incapaces. Se trata de una elevación brusca de las cotizaciones a empresarios y trabajadores para, según el citado estatista (estatista que no estadista) pagar las pensiones a los denominados baby boom, o sea, las personas que ya hayan cumplido los 50. Los empresarios liberales del Círculo y los analistas más independientes, es decir, los liberales, han explicado que, para el caso de los patronos, esa descarada subida servirá exactamente para lo contrario a lo que el converso ministro aspira; no creará empleo, lo destruirá y por tanto la hucha general de la Seguridad Social vivirá en un eterno ¡ay! Como ahora que ha tenido que ser regada con 5.000 millones de nuestros impuestos, de los Presupuestos Generales que los socialistas han concordado hasta con los exetarras de Bildu.

 Claro está que los mamporreros de la Moncloa se han venido arriba promocionando este zurriagazo y, en su deriva, han descalificado a los que se oponen a él con delicias lingüísticas como «fascistas», «insolidarios» y hasta «antipatriotas», que esto ha declarado el fautor de la escabechina, Pedro Sánchez. Tampoco han faltado en la plaza asociaciones, más o menos pías, que han festejado la medida en pro de la «imprescindible solidaridad humana». Como suena, nada menos. Ha tenido éxito el asalto gubernamental porque, que se sepa, no ha habido ni un solo técnico que haya preguntado el porqué de esta nueva plusvalía municipal (ya vamos por el 6 por ciento) que los alcaldes del partido puñetero, del puño y la rosa se entiende, han suplicado a Sánchez porque su gestión habitual les ha llevado a la quiebra. Mírese el caso de la inefable alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que no tiene ni para pagar la luz aunque se la pongan a dos euros por megawatio. En contraste, fíjense en los datos de Madrid donde Almeida ha conseguido llegar al superávit.

 

Atentado a las nóminas

Todos estos, voceros de la fraternidad universal, piadosos sujetos que también reciben generosas dádivas de nuestros impuestos, y claro está, los millonarios enchufados que viven como marqueses del Erario, no quieren preguntarse si los atracados, los que todos los meses sufrimos un atentado contra nuestras nóminas, tienen derecho a preguntarse si lo que están haciendo con ellos es realmente moral, ético sin discusión. Lo mismo que en los 70 del pasado siglo planteaban como interrogante pícara los Friedman. Lo que es inmoral es tener que pagar dineros y más dineros a una Autoridad Fiscal, la Agencia Tributaria, que no nos proporciona ni una sola clave, ni una pista de lo que hacen con la contribución que les prestamos. Vamos a ver: si ustedes ofrecen un montón de euros al amigo que está pasando por un mal trance ¿no le preguntan en qué va a utilizar el suministro? Cuando, por ejemplo, la Iglesia pide a sus feligreses que ofrezcan un óbolo, ¿no es cierto que informa para qué destino va? ¿Por qué entonces el Estado ni siquiera acepta explicar qué piensa hacer con el resultado de su colecta?  

Los Presupuestos, letra y fondo, son casi siempre un inteligible documento en el que entra de todo, desde los pagos a la Sanidad Pública, a los regalos de Irene Montero a toda clase de asociaciones dedicadas a presentar al hombre como un oso sin reparos que intenta devorar a las pobres mujeres. Textual. Sí, este cronista ya sabe que propuestas como las del matrimonio Friedman son incompatibles con esta sociedad aherrojada por el poder omnímodo del Gobierno. Es cierto, pero ¿ni siquiera vamos a poder proclamar a los cuatro vientos que lo que están haciendo fiscalmente con nosotros es un auténtico desvalijamiento? ¿Es que nos van a perseguir por aclarar que resistirse a pagar tantos, y muchas veces injustos, impuestos no tiene que ser por fuerza inmoral? Pues eso.