3 epidemias de leyenda

R. PÉREZ BARREDO
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Ochate, pueblo enclavado en el Condado de Treviño, arrastra una larga historia de maldiciones. A caballo entre el mito y la realidad, se cuenta que tres plagas -viruela, tifus y cólera- acabaron con su población

Imagen espectral de la torre de la iglesia de Ochate, aldea abandonada desde hace casi un siglo. - Foto: Antonio Arroyo

Ochate es sinónimo de misterio desde hace ya varias décadas. Sobre este despoblado treviñés pesan todo tipo de relatos, en los que se entreveran la historia y la leyenda con tanta alegría que cuesta discernir la una de la otra. Fenómenos paranormales, avistamientos de ovnis, apariciones fantasmales, parafonías o necrópolis insólitas han contribuido a construir la leyenda negra de Ochate hasta el punto de ser rebautizado con el sobrenombre de ‘pueblo maldito’.    

En esa lista de desgracias hay, también, epidemias. Nada menos que tres plagas que, según las versiones míticas, terminaron por exterminar a la población. Pruden Muguruza, a quien se puede considerar responsable de que Ochate se convirtiera en lugar predilecto para los amantes del misterio tras publicar en los albores de la década de los 80 un artículo titulado ‘Luces en la Puerta Secreta’, aseguraba que la aldea enclavada en la campiña treviñesa había sido asolada por tres epidemias. La primera, en 1860, de viruela, que se habría llevado a buena parte de la población al otro mundo; la segunda, en 1864, de tifus, habría masacrado a los pocos supervivientes de la anterior; la tercera, en 1870, de cólera, supuso el fin de la vida de los habitantes del poblado. Lo extraño, según el relato apocalíptico de Muguruza, no es que tres virus asolaran en un plazo más o menos corto de tiempo la malhadada villa: los realmente excepcional es que ningún otro lugar del entorno (pueblos cercanos a Ochate como Imiruri, Aguillo o Ajarte) no padecieron ninguno de aquellos males.

Revisiones más actuales han tratado de desmontar esa tesis. Es el caso de los investigadores Julio Corral y Antonio Arroyo, que en el libro Ochate. Realidad y leyenda del pueblo maldito (Aguilar) señalan que a lo largo del siglo XIX se dieron en el Condado de Treviño varias epidemias, sí, pero que estas afectaron a prácticamente todos sus núcleos sin que aquello empujase a la desaparición completa de ninguno de ellos. La realidad sobre la despoblación de Ochate, según los autores de la citada obra, es mucho más prosaica: la cercana ciudad de Vitoria empezó a ejercer de imán de las poblaciones del entorno. Muchos vecinos de localidades pequeñas se dejaron cautivar por los cantos de sirena de la urbe, a la vez que se iban mejorando las comunicaciones. Así fue como se un camino más bien alejado de Ochate pasó a ser principal y más directa vía de conexión con la ciudad, dejando a Ochate más y más aislada. Así, a comienzos del siglo XX sólo quedaban tres familias en la aldea; tres familias que sí padecieron el embate de una epidemia de verdad: la gripe de 1918.

El final. Pero no fue esa plaga el final. Ochate quedó sin vecinos en 1934. Aunque hubo algunos pastores que en los años siguientes lo habitaron temporalmente, fue en la década de los 30 cuanto se vació. Para siempre. El ‘pueblo maldito’ quedó abandonado a su suerte, a la rapiña de quienes esquilmaron cuanto pudieron de su caserío, a los actos vandálicos y la olvido. Desde entonces, sólo los curiosos y amantes del misterio se dejan caer por allí. El resto, en Ochate, hace ya mucho que es sólo silencio.