El viento huracanado tumba 200 árboles en tres meses

G. ARCE
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Las borrascas Elsa, Gloria, Jorge y Karine han provocado en conjunto más de 300 incidencias en los parques y jardines de la ciudad durante los últimos tres meses, una circunstancia climática cada vez menos excepcional

El viento huracanado tumba 200 árboles en tres meses - Foto: Patricia González

Nadie recuerda un invierno tan huracanado y con tal sucesión de fuertes borrascas en los últimos años. Tampoco es fácil hacer memoria de tal cantidad de daños en los parques y jardines de la ciudad en tan corto espacio de tiempo. Las borrascas Elsa (23 de diciembre), Gloria (20 de enero), Jorge (28 febrero) y Karine (2 marzo) han tumbado más de 200 árboles en conjunto, según el balance que realizan desde la Concejalía de Medio Ambiente, y dañado a otros tantos más en apenas cuatro días puntuales en los que se han desatado ráfagas puntuales de vientos de hasta 130 kilómetros por hora.
El Servicio de Medio Ambiente del Ayuntamiento suma cerca de 300 incidencias durante el presente invierno, tibio en bajas temperaturas pero con fenómenos meteorológicos radicales que muchos atribuyen a los efectos del cambio climático. Afortunadamente, y a diferencia de lo ocurrido en otras ciudades, no ha habido que lamentar daños personales aunque sí materiales y muchas horas de trabajo para los técnicos de Parques y Jardines y los Bomberos .
Las consecuencias son evidentes. Muchos árboles han sido literalmente derribados por el viento, otros han tenido que ser cortados por el mal estado en el que han quedado y su evidente peligro de desplome. Con otros, inclinados por las fuertes ráfagas, se ha procedido a su enderezamiento y acuñe, y a la mayoría ha habido que cortarles las ramas dañadas y reducirles la copa. Los vientos no han respetado a los ejemplares de gran porte -como una acacia del calibre 100 frente al Hotel Abba, el chopo de 150 en Fuentes Blancas, el álamo de 130 en la avenida de Cajacírculo, el paraíso de calibre 100 en el parque de Cruz Roja o los dos olmos de 100 en la Isla- ni tampoco a los más pequeños.
Las zonas más afectadas se reparten por toda la ciudad aunque, lógicamente, los paseos de La Quinta, La Isla, El Parral y el cerro San Miguel han generado muchas de las incidencias e incluso han tenido que ser precintados en momentos de mayor vendaval. No obstante, llama la atención el castigo recibido por los cipreses y los pinos, los sauces, los paraísos, las arizonas y los leylandis, especies algunas de ellas de reciente plantación que se han mostrado muy vulnerables al viento.
Planificación. Los diferentes expertos forestales consultados advierten que habrá que tomar precauciones en el futuro puesto que estos fenómenos meteorológicos tan virulentos serán cada vez más habituales y generan un alto riesgo de accidentes en un entorno urbano. «Es necesaria una planificación de futuro que analice la necesidad de árboles, el tipo de los mismos y las condiciones en las que mejor puedan desarrollarse. Hay que estudiar el estado de los árboles de Burgos caso por caso y plantar las especies adecuadas a cada sitio. Crecen y necesitan espacio y no solo para recibir luz sino también para desarrollar sus raíces, si no, terminarán por sucumbir».
A este respecto, y a tenor de lo ocurrido, abogan por la eliminación en el entorno urbano de los chopos híbridos, árboles que se plantaron hace décadas (hace más de medio siglo) en las riberas del Arlanzón y el Vena destinados a la producción de papel o madera y que actualmente han sobrepasado sobradamente su edad y sus dimensiones razonables. «Son carne de cañón para los vientos fuertes y un gran peligro por su gran tonelaje». En Fuentes Blancas y El Parral ya se está procediendo a esta eliminación, en el Vena quedan aún grandes chopos que son una evidente amenaza para los paseantes.
También advierten sobre la viabilidad de los árboles de gran porte, que también han caído en las últimas borrascas. «Pueden tener una apariencia de fortaleza y salud pero crecen en un ambiente cada vez más hostil y la imposibilidad de desarrollar sus raíces y las podas los han debilitado con los años».
A este respecto, cipreses y pinos piñoneros protagonizan buena parte de los decesos de los últimos  tres meses, de hecho, se han perdido varias decenas. «Por lo general, sus raíces no profundizan lo suficiente porque disponen de riego urbano abundante en la superficie, eso provoca que sean fáciles de vencer por el viento».
Los ejemplares derribados o que han resultado inclinados en las aceras de las nuevas avenidas, como la de Castilla y León , muestran que los alcorques en los que se plantaron son insuficientes (prueba de ello son las baldosas que levantan) o que están demasiado próximos a las edificaciones y se inclinan buscando la luz. «Los alcorques deben ser lo más grandes posibles porque muchos de los árboles tienen sus raíces asfixiadas».