Volver, volver, volver...

ALMUDENA SANZ
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El Nido publica 'Huella y camino', su primer disco, ocho canciones marcadas por la 'obligación' de salir de casa en busca de un futuro y la necesidad de regresar a la sencillez

Álvaro Herreros, Nacho Prada, Rodrigo ‘Cachorro’ Antón y Eneko Lekumberri (de i. a d.) se encontraron hace cinco años en Salamanca y formaron El Nido. - Foto: Roser Gamonal

Un violín quejoso, una guitarra cálida, unas cucharas que suenan a hogar, una mandolina que palpita con alegría, unas letras siempre viajeras... La música de El Nido invita a bailar a una tímida melancolía unas veces, otras le dice tururú a la dictadura del tiempo y algunas te arrebuja en una manta frente a la chimenea. Los orígenes, la necesidad de volver siempre a casa, la búsqueda de ese calor de hogar que muchos abandonaron por la falta de oportunidades en la tierra propia recorren las ocho canciones de Huella y camino, el primer disco de este cuarteto musical marcado desde su nacimiento por ese éxodo elegido. 

Álvaro Herreros (voz, violín, whistles y pandereta), Rodrigo Cachorro Antón (guitarra, vieiras y voz), Eneko Lekumberri (batería, darbuka y pandero cuadrado de Peñaparda) y Nacho Prada (mandolina, bouzouki, cucharas, pandero cuadrado de Peñaparda y voz) se conocieron hace cinco años mientras estudiaban en Salamanca. Formaron un grupo, lo deshicieron al irse de la ciudad del Tormes y lo han retomado tras reencontrarse en Barcelona. Allí siguen todos salvo Nacho, que ha vuelto a su Valladolid natal.

El estado de alarma provocado por la pandemia del coronavirus ha trastocado el calendario de la salida del disco y los conciertos de presentación (quieren hacer en Barcelona, Burgos, Valladolid y Madrid). 

El álbum lo grabaron en Cascabel Estudios en noviembre de 2019 con la producción de Gustavo Fernando Llorente y Nuria Ojosnegros Ramos y la masterización de Ferrán Conangla (Estudio FCM). 

Cuentan los detalles a través de un canal online. Cada uno desde su casa. Rodrigo y Álvaro, burgaleses, desde la Ciudad Condal, donde viven; Nacho, desde Valladolid, donde nació él, aunque toda su familia es de la misma plaza de la Catedral de Burgos; y Eneko, desde Sada, un pueblo navarro. 

Huella y camino recoge los temas que han ido componiendo desde sus años universitarios. Canciones que han evolucionando a la vez que el grupo. "Nos han acompañado durante mucho tiempo y sentíamos que tenían que estar grabadas para cerrar esta etapa. Son las que tocamos en el espectáculo que estamos rodando por toda la península", señalan y avanzan que ya cuentan con más material, tanto que están preparando su segundo álbum. 

Los títulos de las elegidas para el primero ya dicen mucho de las historias que palpita en él. Vendaval, Carreteras, El castañero, Trastiempo, Empatizar, Caminantes, Renacer y Lejos.

"Nosotros nos sentimos representados dentro de un colectivo que ha tenido que moverse de sus ciudades para buscar su camino, tanto como músicos como estudiantes. Nos fuimos de casa por decisión propia, y dando gracias porque teníamos los medios para hacerlo. Hemos experimentado esa migración y reivindicamos una vuelta a la sencillez, a hablar de los problemas del día a día y huir de la presión de la vida moderna, tanto monetaria como social", se explayan y aseguran que siempre tienen en la cabeza Burgos, su casa, su nido, aunque hayan encontrado refugio fuera de ella. 

"Nuestra música nos permite juntarnos en ese hogar mental, ese lugar que anhelas, que no tiene que ser físico", agregan y aspiran a que su mensaje sea universal y muchos lo asuman como propio. 

Huyen de etiquetas. Aunque huyen de etiquetas, se enmarcan en la corriente de nuevos grupos de folk que beben de la tradición y la dan una vuelta. A partir de ahí observan que en sus melodías están latentes las músicas que los han acompañado de siempre. Muchas y diversas. Vetusta Morla, Jorge Drexler y Arizona Baby se asoman en su dossier de prensa. "Hemos escuchado de todo el mundo y, al final, sin querer eres una esponja y eso lo reflejas cuando compones". 

Llaman la atención sobre la sonoridad que dan los instrumentos, todos acústicos y muy diferentes entre sí, y el papel protagonista de la voz. "Hemos creado un sonido muy original. Sonamos a nosotros", sentencian convencidos de que parte de su encanto está en su forma de tocar, en corro, como si estuvieran al calor del hogar. Esa sensación es la que siempre sienten cada ven que se juntan. Ese encuentro significa la vuelta al nido. Sin melancolías. 

Sueños, muchos; ilusión, toda. Con ellos continúan su camino. Presienten que les queda mucho por recorrer. "No sabemos dónde nos va a llevar, pero lo importante es seguir ahí. Ser cuatro es muy bueno porque cada uno hace sus contactos y entre todos sumamos. Cada vez nos conoce más gente y creo que perciben que nos gusta lo que hacemos", convienen deseosos de continuar dejando huella.