Los alumnos del Diego Marín toman la palabra

B.G.R.
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200 estudiantes de la ESO y Bachillerato envían cartas de ánimo a residencias de ancianos, el albergue de Cáritas o el Centro Ocupacional El Cid

Los alumnos del Diego Marín toman la palabra

Es tradición en el instituto Diego Marín Aguilera organizar todo los años una lectura continuada de insignes escritores a la que invitan a usuarios de centros asistenciales o colectivos que viven «realidades distintas». Cervantes o Miguel Delibes han sido objeto de atención de los alumnos y en esta ocasión le tocaba el turno a Benito Pérez Galdós.La crisis del coronavirus ha interrumpido la actividad organizada por el departamento de Lengua Castellana tal y como estaba prevista, pero el espíritu se ha mantenido, incluso más reforzado, y ahora son los estudiantes los que han trasladado sus palabras a quienes no pueden escucharles de viva voz. 
La nueva versión de la iniciativa Distintas lecturas, distintas miradas ha despertado la atención de más de 200 estudiantes, que han mostrado su lado más creativo y social elaborando cartas de ánimo de personas que viven el confinamiento en situaciones especiales. Las misivas han llegado al albergue de personas sin hogar que Cáritas ha habilitado en el Seminario de San José; a varias residencias de ancianos;  a Autismo Burgos (en este caso utilizando pictogramas); al centro de Aspanias de Salas de los Infantes, y al Centro Ocupacional El Cid, donde las epístolas son, además, personalizadas para sus 58 usuarios, habiendo recabado todos su nombres e incluso aficiones.
«Lo que queremos es que los alumnos lleven su palabra», explica Irene Raya, responsable de este departamento que cuenta también con la colaboración de una de las profesoras de inglés y de otras seis compañeras. Porque este proyecto, que es voluntario para los estudiantes aunque se valora a la hora de mejorar la calificación, combina la parte académica de los conocimientos teóricos con un lado humano. «Es importante que ellos se sientan útiles en esta situación y que puedan hacer algo», apostilla.
Y así ha sido. Divididos en grupos por niveles de educativos, cada uno de ellos se ha dirigido a un colectivo y ha desarrollado su creatividad al máximo, ayudado por el trabajo previo de los docentes. Raya subraya que las misivas han permitido hacer auténticos descubrimientos, como saber que tenían una poetisa entre sus alumnos de segundo de Bachillerato o conocer una sensibilidad especial que no habían mostrado en las clases. 
aficiones y habilidades. «Estamos aprendiendo mucho de los alumnos como seres humanos», remarca esta profesora, que añade a este elogio el hecho de haberse encontrado con una «gran variedad de enfoques y conocido sus aficiones y sus numerosas habilidades». Porque hay quien en lugar de una carta, ha grabado una pieza de piano o entre varios se han coordinado para realizar una coreografía.
Esos hobbies figuran en algunas de las misivas a modo de presentación personal y Raya detalla una constante que se ha repetido entre los alumnos de segundo de Bachillerato: «Tengo 17 años y voy a cumplir 18. Hasta hace un mes tenía muy claro cómo iba a ser todo, ir a la universidad, y ahora de repente no sé lo que va a pasar». Y esa primera confesión se acompaña de mensajes directos hacia quien la está leyendo entre los que destaca el siguiente: «Y tú, que estás acostumbrado a superar tantas dificultades, eres un ejemplo para mí». También, y en líneas generales, se refieren con frecuencia a la libertad y ponen de manifiesto la añoranza y cariño que sienten hacia sus abuelos cuando escriben a los usuarios de residencias de ancianos.
La respuesta de las entidades a las que se han dirigido estas cartas ha sido de un profundo agradecimiento, además de que continúan llegando nuevas peticiones. En algunos centros de mayores las leerán en voz alta para grabarlas en vídeo y después enviarlas al instituto. El contacto entre unos y otros se mantiene, si no es físicamente, de manera virtual. Raya tiene en mente la posibilidad de que puedan conocerse cuando esto acabe.