ERC, la china en el zapato de Sánchez

Pilar Cernuda
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Los independentistas están fuertes tras el fallo que reconoce la inmunidad a Junqueras y ponen al PSOE el listón alto para la investidura

ERC, la china en el de Sánchez - Foto: CHRISTIAN HARTMANN / POOL

La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha hecho saltar por los aires el tablero de negociaciones entre PSOE, Podemos y ERC. En una reacción insólita de los sanchistas, Carmen Calvo ha echado la culpa de lo que ocurre a Mariano Rajoy, lo que demuestra hasta qué punto han perdido el norte. Desde todos los sectores sociales, incluido un importante número de socialistas cada vez más alejados de Sánchez y que se confiesan espantados ante sus acercamientos a los independentistas, se clama que se rompa cualquier tipo de contacto con ERC y se busque otras fórmulas políticas para conseguir ser investido presidente. 
Es posible, incluso probable, que lo que recogen estas líneas no sea válido cuando las lean. No solo por la perturbación que ha supuesto la sentencia del tribunal europeo, la polémica sobre la consulta del Supremo a Luxemburgo sobre la situación de Junqueras, y la posibilidad real de que Puigdemont se convierta en eurodiputado con todos sus derechos, sino también porque las negociaciones de Sánchez para formar Gobierno se llevan con absoluto hermetismo y pacto de silencio, lo que ha disparado las especulaciones y la rumorología. Incluso, las personas de su entorno no están al tanto de lo que se habla entre bambalinas. 
Sucedió el miércoles cuando el ministro Ábalos, secretario de Organización del PSOE, declaró que las cosas con ERC iban bien y que el partido independentista había renunciado a la unilateralidad. Faltó tiempo para que llegara un desmentido de la portavoz de ERC, que acusó, además, al Ejecutivo de meter presión para alcanzar acuerdos. Al poco, también Moncloa desmintió a Ábalos, pero al mismo tiempo personas de Moncloa y de Ferraz ponían el acento en que la ponencia política que va a llevar ERC al Congreso que celebra este fin de semana no recoge en ningún momento la palabra «unilateralidad». Efectivamente, no la reconoce -cómo salga la ponencia tras el debate es otra cosa- pero sí recoge, en cambio, el espíritu de la unilateralidad cuando insiste en que se va a mantener el camino marcado por los independentistas que pusieron en marcha el procés.
Moncloa está obsesionada con llegar a fin de año con Pedro Sánchez elegido presidente y hasta ahora, hasta la sentencia de Luxemburgo, no ha puesto límite a las negociaciones exhaustivas para conseguirlo, aunque eran conscientes de que nada podía acordarse con los republicanos hasta que celebraran su Congreso y, por eso, señalaban las fechas del 27 de diciembre como inicio del debate de investidura, el 28 para la primera votación -que no daría suficiente respaldo a Sánchez- y segunda votación 48 horas más tarde como exige la Constitución, el 30 de diciembre. Ese calendario ya no parece posible, entre otras razones porque los independentistas se encuentran tan fuertes tras la sentencia del TJUE, que han puesto el listón muy alto para dar luz verde a Pedro Sánchez en su investidura a través de su abstención. 
Una decisión que nunca iba a ser a cambio de nada, al igual que ocurre con Podemos, que ya no se conforma con un vicepresidente y dos ministerios, ya han confirmado tres y en las últimas horas dicen que no renuncian a conseguir un cuarto. 
Iglesias  cumple también con el papel que le ha pedido Sánchez, y ha presionado a En Comú, su partido afín en Cataluña, para que, a su vez, presione a ERC y convenza a sus dirigentes de que apoye la formación de un Gobierno de coalición PSOE-Podemos. También ha hecho gestiones ante ERC Miquel Iceta que aspira a que, tras unas nuevas elecciones en Cataluña que todo el mundo da por hecho que se celebrarán antes del verano, se pueda formar un tripartito con el PSC, ERC y En Comú-Podemos-Iniciativa con él de presidente de la Generalitat. Todo eso hay que ponerlo en tiempo pasado, porque los independentistas se encuentran tan fuertes desde la mañana del jueves que lo que preocupa a Junqueras y a su formación es que Puigdemont puede regresar a Cataluña en olor de multitudes, que la Justicia española no logre sentarle en el banquillo porque prevalecerá su condición de eurodiputado con inmunidad y  que daría un empujón importante a Junts per Catalunya.
Desde esa hora aciaga para Sánchez de la mañana del jueves, el presidente en funciones y su equipo analizan la situación. Tocaban el cielo con la punta de los dedos, seguros de que ERC se avendría a la abstención a cambio de concesiones que Carmen Calvo había asegurado que se podrían aceptar sin quebrar la Constitución. 
Ese cielo ahora se aleja y, aunque el equipo de Moncloa no ha iniciado la búsqueda de otras fórmulas, hay socialistas, entre ellos los barones regionales por ejemplo, que dicen que no van a consentir que el PSOE, se asocie con independentistas irredentos que, crecidos por su éxito en Luxemburgo, solo permitirán que Sánchez gobierne si acepta lo inaceptable, el camino hacia la ruptura territorial de España. 


La espera

¿Y ahora? Ahora, como diría Pío Cabanillas, lo urgente es esperar a que se aclare la situación judicial de Puigdemont, que se resuelva también la de Torra, inhabilitado por año y medio por no retirar los lazos amarillos de la fachada de la Generalitat. Esperar a las decisiones que tome este fin de semana el Congreso de ERC, esperar a que se convoquen o no elecciones en Cataluña y cuál sería la situación de Puigdemont, y esperar sobre todo a que Sánchez aclare si piensa seguir en su disparatada fórmula de investidura. 
¿Se puede confiar en un Gobierno con Podemos dentro? Sánchez decía que no hace tres meses, y el tiempo parece darle la razón. Pero antepone su obsesión por gobernar a cualquier otra circunstancia.