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Ilia Galán

LA OTRA MIRADA

Ilia Galán

Poeta y filósofo


Más vino divino

07/11/2021

Y vino, enojado, porque la bodega estaba a rebosar de vinos, caldos divinos con los que se consagra la sangre de Cristo, que no con cerveza se hace, y será por algo, dicen los pueblos del Mediterráneo. ¿Enojado? Por haber logrado una gran cosecha, sí. No sabían qué hacer con ella, si tirar parte de la uva, destruyéndola, o bien convertirla en alcohol… Almacenarla era caro y los precios habían bajado por la reducción de la demanda, porque ya la gente no iba a los restaurantes a comer y cenar como era faena obligada en nuestras tierras cálidas -ahora no tanto, que el otoño avanza-. En el bar todos se rieron del bodeguero: pues que lo repartiese entre los amigos, la caridad etílica siempre fue bien vista entre los parroquianos de las tabernas, donde la fraternidad se ejerce en grupos pequeños que hacen de sociedades humanitarias, de sistemas asistenciales, de psicólogos naturales y de clubs de amigos o amigotes, gran defensa contra la depresión en tiempos pérfidos como los nuestros donde todo tipo de virus, desde los biológicos a los informáticos, desde los políticos a los económicos nos azotan feroces. 
Estamos acostumbrados a las quejas de los agricultores por las sequías y los malos tiempos que arruinan los frutos y piden entonces ayudas a los gobiernos, pero cada vez más hay crisis de excedentes y protestan por los precios de venta, porque no quieren o pueden almacenar tanto. Bien tonto es nuestro mundo y muy mal organizado, basta verlo, aunque no podamos entenderlo. Crisis de abastecimiento hay en varios lugares del planeta, faltan piezas para el montaje de automóviles y ordenadores; el mundo está muy desordenado con la globalización que antes nos vendían como la panacea del crecimiento, ahora es la gran globalización de enfermedades clínicas, económicas, energéticas y políticas. El sistema tradicional era mucho más sabio: autarquía. No tener que depender en lo esencial de otros, cualquier párvulo que quiera aprender militar estrategia es lo primero que sabe, la independencia. Si dependemos de otros países en la energía que nos mantiene día a día, nos convertimos en sus sirvientes, dependientes, mendigantes, si nos aprietan las tuercas. Así pasa también con la producción agraria o ganadera. Está bien quejarse cuando hay penuria, pero cuando hay sobras parece que hubiéramos enloquecido. Es buen momento para replantearse el modelo económico y social que nos vendieron las grandes multinacionales. La globalización ha arruinado nuestra industria textil, entre otras muchas, que se fueron a producir a China o a otros países donde la mano de obra era más barata. Las grandes empresas acumularon ganancias; nosotros, parados. Y cuando fallan las comunicaciones, cuando se enturbian las relaciones y los suministros no llegan, todo es lamento, pero son nuestros gobiernos los necios, a ellos la queja. Nosotros, bebamos y comamos, que mañana moriremos.