"Sigue estando mal visto ser mujer y no ser madre"

A.G.
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Blowin' in the wind. Conversaciones sobre Burgos (VII). Mª Ángeles del Val, trabajadora social de la Unidad de Atención a la Mujer

Nines del Val atesora como lo mejor de su trabajo el agradecimiento de muchas mujeres que le han dicho lo importante que fue su presencia en un momento muy duro de sus vidas. - Foto: Alberto Rodrigo

La trayectoria profesional de María Ángeles del Val, mejor conocida como Nines, va tan pareja a la consecución de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres burgalesas que se diría que son prácticamente una. Y es que la briviescana era una joven trabajadora social de 27 años cuando se incorporó a un grupo de médicas, psicólogas y enfermeras  al Centro de Orientación Familiar (COF) -que todo el mundo conocería enseguida como ‘Planificación’ y que ahora es la Unidad de Atención a la Mujer-, un recurso tan nuevo que -cuenta- fueron prácticamente ellas mismas  las encargadas de pintar las paredes y procurarse muebles y material en el Hospital General Yagüe. Ubicado en el edificio que albergaba el servicio -entonces delegación- territorial de Sanidad y que antes había sido la sede de la Casa de Socorro, aquel centro fue pionero en informar a las mujeres sobre todos los aspectos relacionados con su sexualidad y su anticoncepción en un momento histórico en el que el colectivo femenino despertaba de décadas de imposiciones a este respecto como a tantísimos otros.  

Era 1984 y ni siquiera se había dado el primer paso en este país con respecto a la interrupción del embarazo, algo que aparecería al año siguiente con la despenalización por parte del Gobierno de Felipe González del aborto -que seguía siendo un delito- en tres supuestos: grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada, violación o presunción de que el feto iba a nacer con graves taras físicas o psíquicas.

Los COF formaban parte de la gran apuesta del Insalud por poner en marcha  la Atención Primaria tal y como la conocemos ahora -aunque, quizás, esto sea excesivamente optimista teniendo en cuenta cómo se encuentra en la actualidad- con el objetivo que la OMS había dispuesto unos años antes, en 1978, en la conferencia internacional que tuvo lugar en Alma Ata (Kazajistán), de la que ahora se han celebrado los 40 años: "Se pretendía garantizar la salud para toda la ciudadanía en el año 2000, hacer una sanidad universal teniendo en cuenta a la persona sana y el componente biopsicosocial, es decir, que se veía a cada usuario en toda su dimensión, que en el que caso de las mujeres incluía, por supuesto, la planificación familiar. Aquella cita internacional fue el origen de los centros de salud y también de otros recursos como el COF".

¿Y qué mujeres se encontró Del Val en aquel Burgos de 1984? "Tenían mucha menos formación e información que ahora y llevaban la carga de la maternidad como un peso cultural más que de elección personal. La maternidad era algo consecutivo a ser mujer, una interpretación que se mantiene porque, de hecho, hoy sigue estando mal visto ser mujer y no ser madre y esto no es justo: si eres mujer y no eres madre es porque eres egoísta o cómoda o tu matrimonio no tiene sentido... En esta línea, muchas veces les pregunto a las matronas que por qué llaman ‘mamás’ a las mujeres que atienden; claro que son madres pero ¿por qué las reducimos solo a eso? Somos algo más que un útero y una maternidad, deseada o no. Imagínate, si esto es así ahora, qué teníamos hace 34 años".

Probablemente la situación era un auténtico erial en cuanto a conocer bien e interiorizar conceptos como la planificación familiar -que se había empezado a hacer en el servicio jerarquizado del Hospital General Yagüe- y a sacar del armario la sexualidad de las mujeres: "En el año en el que empezamos había ya una consulta de anticoncepción en el Yagüe con mucha demanda que cuando el COF arranca se desahogó de trabajo".

Con el objetivo de dar una atención integral a las mujeres y verlas más allá de lo biológico, aquel centro se inicia con una plantilla en la que había ginecólogas, enfermeras-matronas, psicólogas, trabajadoras sociales y auxiliares de Enfermería y administrativas. Nines del Val llega a aquel equipo con los estudios de asistente social, como se llamaban entonces, recién terminados y con una experiencia laboral singular y también pionera: Había formado parte del grupo que montó un ‘centro de orientación psicosocial’ en Gamonal: "Fuimos cuatro locos que nos juntamos porque pensábamos que se podía hacer algo para atender ciertas necesidades de la población joven y adolescente y sus relaciones vinculares con la familia, el colegio y la sociedad... Era lo que en el lenguaje de la época se llamaba ‘prevención de la delincuencia juvenil’, que lo oyes ahora y llama mucho la atención. Trabajábamos todas las tardes de la semana y los fines de semana, hacíamos actividades con chavales y chavalas y sus familias y en verano, ocupábamos su tiempo libre". Ubicado en la calle Las Escuelas, enfrente del colegio Marceliano Santamaría, aquel centro se sostuvo con subvenciones del Ayuntamiento que iban dirigidas a cada una de las acciones, que iban encaminadas a reducir el absentismo escolar y a ofrecer alternativas de ocio saludable: "Aquello fue en los primeros ochenta y, no quiero ser pretenciosa, pero probablemente supuso un poco el inicio de lo que luego fueron los centros de acción social"

La imagen que Del Val tiene en la mente del paisaje de aquel Gamonal era la avenida de Eladio Perlado (ahora Derechos Humanos) sin asfaltar: "Luego vi las obras posteriores que la dejaron ya sin barro y el malestar ciudadano que se creó cuando se les comunicó que tenían que costear económicamente aquellas obras y la urbanización de la calle. Fue una de las primeras movilizaciones fuertes que hubo en ese barrio".

En cuando a las personas que lo habitaban, recuerda que había "una necesidad de despertar, la gente bullía, las asociaciones de vecinos comienzan a despuntar, había grupos de mujeres que ofrecían actividades ‘de crecimiento personal’, unos grupos en los que a veces se hablaba de cocina y otras veces, pues de orgasmos o de lo que podían tolerar y qué no en sus relaciones". Insiste la trabajadora social en cuál era el contexto histórico y por qué estos pasos que se iban dando eran tan novedosos: "Cuando una mujer sufría agresiones por parte de su marido y se iba con la recua de hijos a casa de su madre o de su hermana aún se hablaba de abandono del hogar y nosotras, las trabajadoras sociales, les decíamos a las mujeres, ‘dínoslo para que apuntemos en la historia que te vas a casa de tu madre porque en la tuya no puedes estar, no te marches sin decir nada porque tienes todas las de perder’". Esa sociedad tan efervescente fue una gran escuela  para la trabajadora social: "Aprendí de las relaciones sociales y personales, probablemente mucho más de lo que me enseñaron en la carrera, que era todo teórico. El Burgos de los 70 y los 80 fue una buena escuela práctica para mi trabajo".

Pero el camino no estuvo alfombrado de rosas. Hubo agoreros que no dieron más de seis meses al recién nacido Centro de Orientación Familiar: "Alguien debió pensar que las mujeres de Burgos no necesitábamos ser atendidas más allá de lo que eran las puras consultas médicas o ginecológicas. Hubo un personaje político que nos llegó a decir que esto era cuestión de dos putas y cuatro feministas". No quiere revelar la identidad de semejante oráculo pero recuerda que la Policía Local de la época -primeros ochenta- les impidió dar una charla sobre anticonceptivos en un barrio, un hecho que apuntaba contra una de las líneas de flotación del COF que era la formación de las mujeres: "Allí nos quedamos con nuestro proyector y nuestras diapositivas, sin poder entrar".

Miles de mujeres han pasado desde entonces por las consultas del centro en todos estos años pero no todas han necesitado visitar el despacho de Nines del Val ya que iban simplemente a instaurar un método anticonceptivo y no tenían  problemas. Quienes sí que precisaban del apoyo de esta profesional son las que, en sus propias palabras "tenían una vulneración especial añadida a su condición de mujer": "Las que se encontraban con un embarazo no deseado y se planteaban la no continuación del mismo, las que estaban en colectivos de discapacidad -¡que entonces las llamábamos subnormales!-, las gitanas, las que eran atendidas por lo que luego fue el Comité Anti-Sida, las prostitutas".

El mensaje que siempre recibían todas ellas tanto de la trabajadora social como del resto de la plantilla -todas mujeres jóvenes- era el mismo: "Les pedíamos tranquilidad, que nos contaran lo que ellas quisieran, que en ningún momento las íbamos a juzgar porque no estábamos allí para eso y creo que funcionó por el clima de confianza que se creaba y porque se rompía el estereotipo de varón con bata blanca, que era más frecuente entonces".

Como el decreto que despenalizó el aborto llegó después de la apertura de las puertas del COF, Nines del Val -que es también una de las fundadoras de la Asociación para la Defensa de la Mujer La Rueda- conoció la época en la que para abortar había que salir de España: "Gran Bretaña, Francia, Holanda, Portugal eran los destinos elegidos... y cuando la que tenía que interrumpir su embarazo era una mujer sin recursos siempre hubo colectivos feministas que las apoyaron con una especie de caja de resistencia".

Derrotadas, solas, cansadas, con una sensación de vergüenza impresionante y el peso de la culpa. Así define Del Val cómo llegaban a su despacho las mujeres que se planteaban un aborto: "He llegado a conocer a alguna de más de 40 años que me decía ‘yo no puedo continuar con este embarazo por la vergüenza que me da que se me vea y que se asuma que con cuarenta y tantos practico sexo’, algo que es impresionante. Es muy necesario que sepamos de dónde venimos para no perder los derechos que hemos adquirido las mujeres a base de patear las calles. Un embarazo es algo maravilloso y genial si lo buscas y lo quieres; si no, hay auténticos dramas: sé de dos mujeres que se suicidaron dejando por escrito que no podrían seguir con ese embarazo no deseado. Entre ambos extremos hay una casuística inmensa que hay que atender".

En este sentido, confía en que no haya más vaivenes en cuanto a la legislación aunque le preocupan los discursos de los líderes de algunas formaciones: "Esto forma parte de la doble moral que tienen ciertos políticos porque si yo contara a quién he tenido en el despacho y que luego ha cogido la bandera de la maternidad como valor fundamental de las mujeres se vería que la hipocresía no tiene límites".  Del Val no ve diferencias entre las mujeres en esta tesitura. Da igual que sean licenciadas y ricas que miembros de colectivos en riesgo de exclusión porque "al final todas somos mujeres y esto es una cuestión de género".
Sobre el síndrome post-aborto del que hablan las corrientes antiabortistas, Del Val asegura que ha visto algún caso "pero no es, en absoluto una tónica general": "El aborto se considera un fracaso en el nivel anticonceptivo, uno de tantos que hay en la vida ante el cual se busca la opción menos mala y se decide cómo actuar. El cómo se interioriza la decisión va en función de muchas cosas: la edad, la situación socioeconómica, la relación de pareja o lo que haya pensado toda su vida a este respecto: la de mujeres que me han dicho a mí en el despacho que habían ido a manifestaciones antiabortistas llevando la pancarta ‘y ahora me siento aquí y te tengo que explicar que no puedo seguir adelante con este embarazo’. Esta postura es bien distinta a la de la mujer que dice ‘ojalá no me toque nunca pasar por ahí pero si me toca creo que tengo libertad para tomar una decisión que no me haga demasiado daño’. Yo aseguro que la mayoría de las mujeres que han abortado no pagan una factura emocional toda la vida. Aunque también digo que no se olvida nunca, pero como cualquier episodio importante de una biografía, que está siempre en el baúl de los recuerdos".