El descanso de los guerreros

H.J.
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Una veintena de establecimientos hosteleros de la capital y provincia permanecen abiertos para que los profesionales de servicios esenciales puedan ir a dormir sin poner en peligro a sus familias

Álvar Güemes, del Hostal Sotopalacios, apenas tiene contacto con los clientes. Les entrega la comida en recipientes para que la consuman en las habitaciones. - Foto: Luis López Araico

A Elena García, enfermera del Hospital Universitario de Burgos desde hace tres años, se le vino el mundo encima cuando la semana pasada le comunicaron que debía trasladarse desde la UCI pediátrica a la URPA que han habilitado para atender a enfermos críticos de coronavirus. Y no por miedo a enfermar ella misma, que también, sino sobre todo pensando en su padre.

Hace menos de un año que a Juan José le hicieron la última operación de un duro proceso contra el cáncer de pulmón, además padece de asma y EPOC, y tanto a él como a su hija les daba pavor tener que compartir casa cuando ella volviera por la noche tras descansar de su jornada. En cuanto recibieron la noticia de la reubicación de Elena se pusieron a buscar desesperadamente un alojamiento alternativo, y por suerte para ellos lo encontraron.

Casi una veintena de establecimientos hoteleros de la capital y la provincia han sido autorizados por la Junta de Castilla y León para permanecer abiertos para los denominados "servicios esenciales". Hay desde hoteles convencionales con 60 habitaciones (caso del hotel Centro Los Braseros, el de mayor tamaño) a apartamentos turísticos con una o dos plazas, cuyos propietarios incluso se han ofrecido voluntariamente sin saber si la estancia es altruista o si después recibirán algún pago como contraprestación por su servicio.

Roberto Marijuán, gerente de Los Braseros, ya tenía casi una veintena de personas alojadas a mediados de la pasada semana, cuando acababa de ponerse en marcha este sistema pero esperaba la llegada de más profesionales. Entre ellos "tenemos auxiliares, médicos y trabajadores de una residencia de ancianos", además de guardias civiles y sanitarios del HUBU. 

"Es gente que por las circunstancias de su trabajo y los riesgos que implica no quieren o no pueden volver a dormir con sus familias para así evitarles el contagio", explica Marijuán. Todos ellos duermen en habitaciones separadas y si tienen la oportunidad de comer o cenar en el hotel lo hacen en mesas individuales, mientras los trabajadores del establecimiento también extreman las medidas de protección.

Fernando, en el hostal Francisco Salinas, tiene alojados a funcionarios de prisiones y para la próxima semana espera la llegada "de unas enfermeras que vienen desde fuera". Dispone de 18 habitaciones que también deben ser siempre de uso individual.

Pocos kilómetros al norte, en el Hostal Sotopalacios, Álvar y su hermana Tania extreman las precauciones. Tienen la suerte de que los clientes pueden acceder por una puerta lateral y mantienen cerrado el restaurante, por lo que quien necesita una comida caliente la recibe en un recipiente que consume en su habitación. Eso sí, "con bebida y postre" como apunta Álvar, para hacer estas circunstancias lo más llevaderas posibles.

Lo mínimo, por seguridad. Su clientela de los últimos días ha estado compuesta sobre todo por transportistas y operarios de empresas de suministro eléctrico y cuenta que "algunos no quieren ni que les hagamos la cama para que no entre nadie, simplemente se la hacen ellos y nosotros nos limitamos a la limpieza de los suelos y de los pomos". En el hostal solo han quedado trabajando su hermana y él, así que únicamente pueden atender unos servicios mínimos y aun así trata de colaborar aportando alguna estufa para calefactar espacios, siguiendo el llamamiento que el martes hicieron desde la Federación de Hostelería.

No solo de hostales se compone la relación de establecimientos que se mantienen en marcha para los servicios esenciales, sino que en el listado de la Junta que puede consultarse en su página web, con acceso a teléfonos y direcciones de correo electrónico de todos ellos, figuran también apartamentos o viviendas turísticas. Ramiro, propietario de dos de ellas en la plaza de Santa María y la Plaza Mayor, las ofreció a la administración sin saber si tendría demanda y sin conocer tampoco quiénes se hacen cargo de estas manutenciones, mientras subraya que "si tiene que ser de manera altruista, así será".

El coste, en efecto, puede suponer una dificultad añadida para quienes se tienen que desplazar fuera de su domicilio, sean o no de Burgos. De nuevo Elena García relata que el precio ofertado en los lugares donde ha consultado ronda entre 30 y 35 euros diarios, algo que supondría prácticamente la mitad de su sueldo. 

A través del sindicato de enfermería SATSE le ofrecieron la posibilidad de solicitar el alojamiento financiado por la Junta y en solo un día la administración resolvió favorablemente su petición justificada.