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«El miedo es muy libre. A mí me salvó la afición cultural»

H.J.
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La participación en actividades ha sido la tabla de salvación para muchos mayores Adela Cadiñanos que viven solos o que han visto reducida su vida social por obligación

Adela Cadiñanos, alumna de la Unipec. - Foto: Alberto Rodrigo

Enterró a una amiga íntima, casi una hermana, el día 14 de marzo de 2020. Justo antes del decreto del primer estado de alarma. Pocas semanas después, cuando más crítica estaba la situación sanitaria en Madrid, su consuegra tuvo un accidente doméstico, la tuvieron que ingresar, empeoró repentinamente y murió sin saber si tenía coronavirus. No pudieron despedirse de ella, nadie pudo arropar a la familia, se fue sola, de una manera casi inhumana.

Adela Cadiñanos tiene grabados esos dos casos muy cercanos que le marcaron el arranque de la peor pandemia que el mundo ha sufrido en el último siglo. Es viuda, vive sola y así tuvo que pasar la tristeza y el impacto del ‘shock’ repentino, como tantos burgaleses de edad avanzada (ella misma se define como «una mujer de la posguerra») que vieron cómo las rutinas se truncaban y todas las noticias eran angustiosas.

Empezó entonces a recordar las conversaciones que le había escuchado a su madre sobre la guerra. Lo mal que lo pasaron. Que dos hermanos de su abuelo murieron de gripe de adolescentes. Se le vinieron a la cabeza imágenes de las películas y las series, el reciente aniversario de la Primera Guerra Mundial: «Nosotros no habíamos tenido ninguna gran tragedia a lo largo de nuestra vida y yo pensaba que esto era la nueva guerra del siglo XXI. Me dije a mí misma: aquí morimos media humanidad».

Aquellos primeros días lloraba. «Más que por mí, por mi hija y por su marido, por suponer lo que tenían que estar pasando. Ponías la televisión y todo era coronavirus, al whatsapp no te llegaban más que calamidades… pero dicen que soy una mujer fuerte y poco a poco fui tranquilizándome. También pensando en que en las guerras nuestros antepasados lo pasaron mucho peor y en muchas peores condiciones».

Así, gracias también al cariño de sus hijos y de las amigas con las que mantenía el contacto videotelefónico, logró salir del pozo de pesimismo en el que es consciente que se ha instalado parte de la gente de su edad. «Conozco dos ejemplos muy distintos. Uno, el de una persona que también vive sola, que apenas sale de casa y que lo lleva de una manera serena. Otra, sin embargo, por su manera de ser lo está procesando peor y le ha afectado mucho psicológicamente».

¿Cómo ha logrado ella mantener el espíritu? Refugiándose en sus inquietudes culturales y en su querida Unipec, la Universidad Popular a la que lleva vinculada muchos años. «Todos somos distintos y pasamos las desgracias de forma diferente. Cada ser humano tiene sus recursos interiores, y el mío ha sido este. Por suerte, mi angustia no era por lo que me pudiera pasar a mí, sino por el conjunto de la sociedad, por qué ocurriría con la economía…».

El final del pasado año académico tuvo que solventarlo mediante clases online, pero en octubre, cuando volvió la presencialidad a la Unipec, «ya estaba emocionada, porque cuando me daba el bajón procuraba pensar en el curso», relata mientras charla con este periódico en la biblioteca de la Universidad Popular. Trata de dar la vuelta a la tortilla pandémica. Procura mandar por WhatsApp a sus contactos solo cosas bonitas o graciosas, reírse todo lo que puede y tratar de «normalizar» lo que estamos viviendo. «Aquí me entretengo muchísimo, es lo que me ha salvado, sobre todo con mis clases de arte. Y teniendo siempre presentes, como Sócrates, que solo sé que no sé nada».

Pese a su entereza y vitalidad, Cadiñanos huye de dar consejos a sus coetáneos. «Mire, el miedo es muy libre. Unos lo tienen por sí mismos y otros por los que les rodean, pero no se puede convencer a nadie, somos de cabeza cuadrada y, aunque yo tengo mis propios consejos porque creo que la cultura y el saber te dan ciertas cualidades para vivir la vida, no hay que encasillarnos, cada uno puede ser feliz de una manera».

Subraya, eso sí, que «el amor es lo más importante de la vida. El amor a tu familia, a tus amigos e incluso a tu hobby. Los hijos y nietos son lo más importante. Con tener amor y ser personas formales yo creo que basta. Como se decía antiguamente: ser hombres de bien».