Pacto por los bosques

P.V.
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Aunque los árboles no se muevan, cientos de selvicultores se esfuerzan por proteger este extenso patrimonio y luchan por el futuro del sector

Dos resineros trabajan en Soria. - Foto: Eugenio Gutiérrez Martínez

El movimiento de las hojas es la única banda sonora que acompaña al caminante por muchos bosques de nuestra Comunidad. Más de cinco millones de hectáreas de masa forestal que estos días se ven más lejanas con las personas recluidas en casa por la crisis sanitaria del coronavirus. Esos miles de árboles que no se mueven pero que necesitan de los cuidados y trabajos de manos especializadas, y que hoy celebran su día internacional dedicado a los bosques y la biodiversidad.
Cientos de selvicultores que realizan su labor en todas las provincias de la Comunidad para una buena gestión de las masas forestales con diferentes técnicas que deben mantenerse en el tiempo para la conservación del medio ambiente y los beneficios que esto supone para todos.
Todos esos árboles que nos ofrecen tanto para la biodiversidad de nuestra tierra están muchas veces gestionado por titulares privados, muchos de ellos distribuidos en pequeñas propiedades que complican su gestión y que obliga a muchos selvicutores a trabajar continuamente, no solo en el cuidado de la masa forestal, sino también en su administración y mejora para que conseguir un crecimiento homogéneo y afrontar los nuevos problemas que surgen con el cambio climático.
Precisamente para luchar contra este lastre que el sector arrastra del pasado, las asociaciones de propietarios de montes privados, englobados en Fafcyle como federación regional, tienen en marcha iniciativas como la concentración parcelaria. Fernando Redondo, presidente de la Asociación de Propietarios Forestales de Segovia, explica esta situación: «Nos encontramos con titulares privados con masas muy bien cuidadas, pero hay una gran atomización en el sector forestal, porque mucha gente tiene superficies muy pequeñas que impide su aprovechamiento, conservación y mantenimiento».
Frente a esta situación, Redondo detalla que han trabajado en la creación de una serie de figuras como son las asociaciones, las explotaciones en común o una concentración forestal, cuyo proyecto piloto se realiza en Segovia, «pero es francamente complicado porque luchamos con muchos problemas, tanto administrativos como que la gente quiera sumarse».
Además de este objetivo, las asociación también luchan desde otros frentes como la utilización de la tecnología con proyectos como ChainWood. Una iniciativa con la que se pretende diseñar y desarrollar una infraestructura de software segura basada en tecnologías blockchain y ajustada a todas las cadenas de suministro de la madera, que permita a los distintos actores sacar el máximo partido a sus datos y gestionar el producto de una forma más eficiente en términos de coste, trazabilidad y sostenibilidad.
Además, para proteger más los bosques y su cadena de valor se sigue trabajando en la certificación forestal. «Es verdad que toda la madera que sale de montes que están certificados salen con un plus en el sentido de que vienen de espacios de forma ordenada o sostenible», ratifica Redondo.