Tocar para ser los elegidos

A.S.R.
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Nueve alumnos del Conservatorio se enfrentan a la audición para ser becarios de la Orquesta Sinfónica de Burgos y dos lo consiguen

Daniel Pampliega, Lucía Moya, Samuel González, Alberto Ruiz, Laura Hernando, Elena Calvo, Sofía Zumel, Rebeca García y Nicolás García (de i. a d.) se presentaron a la audición celebrada en una de las aulas del Conservatorio. - Foto: Luis López Araico

Su sueño es ser músico profesional y la Orquesta Sinfónica de Burgos (OSBu) se presume como el mejor primer paso. Nueve alumnos del Conservatorio Rafael Frühbeck de Burgos afinaron sus instrumentos, cogieron sus partituras y se presentaron a la audición para ser becarios de la formación de su ciudad. ¿Nervios? Los justos. ¿Ilusión? A montones. ¿Expectativas? Todas.

Alberto Ruiz es el primero de la lista. Los timbales esperan a este estudiante de 6º de Profesional de Percusión. El año pasado fue tocado por la varita mágica. Y la aventura fue lo suficientemente maravillosa como para repetir. «La experiencia me gustó mucho. Fue muy interesante. Aprendí cosas que nunca hubiera aprendido en el conservatorio porque me tocó hacer cosas raras como tocar el cajón flamenco o unas cadenas», señala. Tiene muy claro que completará la carrera profesional y para él hacer la audición, celebrada un viernes por la tarde, ya es un incentivo para estudiar más, sea seleccionado o no, que lo será, aunque hasta el lunes no lo sabrá.

Mientras Alberto Ruiz coge las baquetas y se pone frente al jurado, algunos aspirantes, que ya conocen el orden de acción, aguardan en el pasillo y otros se encierran en cabinas a practicar.

Alberto Ruiz convenció a los componentes del jurado y repetirá, junto a la viola Elena Calvo, como becario en la Orquesta Sinfónica de Burgos. Alberto Ruiz convenció a los componentes del jurado y repetirá, junto a la viola Elena Calvo, como becario en la Orquesta Sinfónica de Burgos. - Foto: Luis López Araico

Antes de entrar en una, Daniel Pampliega, el único a ocupar un puesto de tuba, cuenta que ya sabe lo que es tocar en la Joven Orquesta Sinfónica de Burgos (Josbu) y quiere conocer una profesional como es la OSBu. Ese es su propósito.

También Nicolás García es el único que acude con el contrabajo. Está nervioso. No lo niega. Y a la vez tranquilo porque se lo ha preparado bien. Aprender es lo que busca en este proceso de selección, «aprender cómo funciona una orquesta profesional y trabajar con músicos profesionales».

Tres, Sofía Zumel, Rebeca García y Laura Hernando, son las que pugnan -en cursiva porque el buen rollo se palpa y los términos bélicos chirrían- por tocar el chelo bajo la dirección de Iván Martín.

La música no tiene edad. Los becarios, tampoco. Rebeca García es el mejor ejemplo de ello. Tiene 44 años y una larga trayectoria y experiencia que no eclipsa la ilusión con la que se presenta a la prueba. «He tenido la fortuna de acudir a conciertos de un montón de orquestas y la de Burgos es de las que más me han hecho vibrar. Tenemos una pedazo de orquesta y está en un momento muy álgido en su proyección», se explaya esta soprano, pianista y directora, componente de varias agrupaciones, que se enamoró del chelo durante la actuación de un conjunto del este y a por él fue.

En el otro extremo se encuentran sus dos contrincantes. Sofía Zumel tiene 16 años y las ideas muy claras. «Tocar en una orquesta con músicos profesionales es una experiencia importante y en Burgos es la única que hay. Es una oportunidad que hay que aprovechar», destaca esta alumna de 5º de Profesional, miembro de la Orquesta de Santa Cecilia, de la de nueva creación de la Universidad de Burgos y del grupo Music@e.

En la Josbu y en la Orquesta Gregorio Solabarrieta de Miranda participa Laura García, 15 años, 4º de Profesional, pero la OSBu es otra división. Es la de su ciudad y la ilusiona especialmente, aunque cualquier oportunidad de interpretar el chelo en grupo la motiva: «Son sensaciones nuevas. No escuchas solo tu instrumento, sino que es un conjunto».

Las audiciones avanzan y, uno a uno, se sitúan frente a quienes pueden llegar a ser sus compañeros.

Ella no lo sabe aún, pero Elena Calvo volverá a ser becaria de la OSBu por segundo año consecutivo. Se lo comunicarán el lunes.

«Es sorprendente porque pasas de la orquesta del Conservatorio, que es un nivel básico, a una profesional. Notas mucho la diferencia. En el primer ensayo ya todos se saben las partituras, está todo perfecto, cosas que cuestan mucho aquí allí están superadas», advierte esta estudiante de 5º de Profesional de Viola, que admite que sí, que impone tocar en una formación así. Quién dijo miedo. Quiere seguir este camino, aunque no se cierra puertas y apunta que también la seduce la posibilidad de ser profesora.

Ajenos a estas motivaciones, el jurado sigue atento las pruebas. Los tres jueces escuchan, comentan, anotan. ¿Qué buscan? «Capacidad técnica, técnica de instrumento y un sentimiento de expresividad, además de un timbre que empaste con el resto del conjunto», explica el presidente de la OSBu, Enrique García Revilla, convencido de que para estos alumnos la oportunidad es única. «A mí me ponen con 15 años a tocar en una orquesta que suena así ¡y es la experiencia de mi vida!», expresa sabedor de la trascendencia que esta aventura puede alcanzar en las vidas de estos ya músicos que desean más.