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Las ovejas bombero del Valle de Valdivielso

G. ARCE
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Los últimos pastores defienden su labor tradicional con los grandes rebaños como uno de los mejores antídotos contra los incendios devastadores, las reforestaciones sin sentido y la despoblación rural

Los rebaños comen durante el otoño en las rastrojeras. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

Un rebaño de 1.300 ovejas, protegidas permanentemente por sus pastores -los hermanos Leandro, Ángel María, Roberto y Carlos- y sus mastines, recorre todos los días del calendario los montes del Valle del Valdivielso, el paraíso natural esculpido por las aguas del Ebro en el norte de la provincia. En función de cada estación, el ganado frecuenta unas zonas u otras para alimentarse de lo mejor que produce la tierra en cada momento. Ha terminado el verano y los días de estancia en las laderas La Mazorra, donde el pasto se mantiene más fresco en agosto. Ahora tocan las rastrojeras del alto del páramo de Masa, los restos de la cosecha de cereal, y cuando llegue el invierno, las ovejas descenderán de nuevo el puerto hacia los encinares, donde les esperan las bellotas esparcidas por el suelo por los vientos otoñales.Un rebaño de 1.300 ovejas, protegidas permanentemente por sus pastores -los hermanos Leandro, Ángel María, Roberto y Carlos- y sus mastines, recorre todos los días del calendario los montes del Valle del Valdivielso, el paraíso natural esculpido por las aguas del Ebro en el norte de la provincia. En función de cada estación, el ganado frecuenta unas zonas u otras para alimentarse de lo mejor que produce la tierra en cada momento. Ha terminado el verano y los días de estancia en las laderas La Mazorra, donde el pasto se mantiene más fresco en agosto. Ahora tocan las rastrojeras del alto del páramo de Masa, los restos de la cosecha de cereal, y cuando llegue el invierno, las ovejas descenderán de nuevo el puerto hacia los encinares, donde les esperan las bellotas esparcidas por el suelo por los vientos otoñales.

Visto desde la distancia, el rebaño semeja una gigantesca cosechadora capaz de apurar cada rincón del paisaje sin necesidad de conductor ni GPS. Paso a paso, compitiendo unas con otras, las ovejas comen de todo: brezo, aullaga, bellota, hierba, paja... Su menú, tan variado y tan adaptado al territorio, posibilita una producción de leche y una carne "excepcional" y muy reconocida con los años.

En próximas semanas arrancará la cuarta temporada anual de partos (el 80% de ellos dobles) enfocada a la Navidad, cientos de corderos lechales que consumirán en los hogares burgaleses en diciembre.

El último gran rebaño de ovejas del Valle de Valdivielso.El último gran rebaño de ovejas del Valle de Valdivielso. - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

La oveja, reflexiona Leandro Valle, come todo lo que encuentra en su camino y con ello limpia y mantiene montes, matorrales y praderas "en condiciones óptimas". Y no solo se alimenta, sino que a su paso abona los suelos con todo tipo de semillas transportadas de un lugar a otro y en un enclave natural estratégico, el límite entre los páramos y los valles del norte.

En sus 56 años de vida, este pastor ha conocido varios incendios en el Valle, aunque está convencido de que el mantenimiento de una ganadería extensiva tradicional ha evitado otros tantos y permitido preservar este entorno del fuego y de los catastróficos incendios de sexta generación como los que han asolado este verano la Sierra Bermeja, en Málaga, o el de Navalacruz, en la provincia de Ávila. "Por donde pasa el rebaño es casi imposible que haya fuego; el abandono es el mejor combustible...", sentencia.

Sus ovejas bombero, advierten Leandro y su hermano Carlos, realizan de forma continuada desde hace décadas exactamente el mismo trabajo de desbroce puntual que empresas públicas y privadas acometen con un alto coste para los fondos públicos. Pese a ello, los pastores pagan más de 850 euros al año por los aprovechamientos de pastos públicos en las zonas de Castro y Mazorra y otros 2.000 por pasar las ovejas y utilizar los corrales de fincas de titularidad privada del entorno. Por limpiar las rastrojeras también cotizan...

"Pagamos por realizar una labor fundamental en el mantenimiento del Valle y nos enfrentamos a todo tipo de dificultades a la hora de poder mejorar nuestras explotaciones (con la instalación de corrales y tenadas en los montes) y poder mantener un estilo de vida que en su día dio trabajo a muchas familias en Quintana de Valdivielso y en el resto de pueblos del Valle", reflexiona Leandro, firme defensor del cuidado de los montes de una forma tradicional y sostenible con el medio natural y rural.

Esta familia de pastores ha recibido muchas ofertas para trasladar sus rebaños de bomberas a otros lugares para realizar labores de limpieza. "Es algo que no nos compensa, aquí tenemos buen pasto, de sobra y variado...". "La única solución que veo a esta demanda creciente -añade el ganadero- es que la Administración apueste decididamente por la ganadería extensiva como una forma de impulsar la vida en los pueblos y en los montes. Lo demás es pura poesía...".

Reforestación. 

El Valle de Valdivielso no se puede entender sin la ganadería extensiva, sin los rebaños de churras. En su día fue uno de los enclaves estratégicos de la Mesta, de la ruta de la lana, lugar de cita de los carreteros que traían la mercancía para su transporte al puerto marítimo de Santander.

En una fecha reciente, a mediados de los años 50, en el entorno de la ermita de la Virgen de la Hoz, en el alto de La Mazorra, se daban cita hasta 15 pastores con sus respectivos rebaños. Hoy, en todas Las Merindades, apenas se contabilizan 4 explotaciones y menos de 5.000 cabezas de ganado en conjunto. Se ha perdido más de la mitad de la cabaña en los últimos años.

Por aquellas mismas fechas, concretamente en abril de 1952, se dio el visto bueno a otro de los males del Valle y del resto de la provincia: las repoblaciones forestales industriales e indiscriminadas.

El objetivo entonces fue recuperar los bosques desaparecidos tras las talas continuadas para los aprovechamientos domésticos de leña y madera, cuyo uso en el mundo rural era diario en cocinas, chimeneas, estufas... De hecho, el único rincón virgen que queda en Valdivielso es el del barranco de San Cristóbal, aún poblado de viejas encinas; el resto desapareció transformado en leña y en el carbón vegetal que se consumió en todo el Valle de Mena y el País Vasco.

Ante este panorama y según consta en un viejo documento del Ministerio de Agricultura rescatado por Leandro, en el año 1952 se aprobó la plantación de pino silvestre, laricio y negral en 945 hectáreas de Peñas Altas (La Machorra), en suelo público de los pueblos de Valdenoceda y Quintana.

Fue una inversión de 3,5 millones de pesetas (21.500 euros de hoy) enfocada a un futuro aprovechamiento maderero y papelero de los vecinos del Valle pero que terminó por condicionar su vida. El contrato prohibía expresamente el aprovechamiento de los pastos en las 945 hectáreas afectadas "hasta que la masa forestal creada esté fuera del alcance del diente del ganado" (lo que se prolongó durante tres décadas).

No solo se eliminó la encina, el roble y el haya para plantar pinos, sino que se cercenó la continuidad de la ganadería tradicional y de una forma de vida, sostiene Leandro. De aquellos pinos surgió, además, el mejor combustible para los incendios de la sexta generación. "Hoy se están secando, se han transformado en montes 'sucios' que no se eliminan, generando más riesgos de fuego para próximos años. La realidad es que en este país hemos hecho políticas ambientales para favorecer los incendios".

Leandro presiente que él y sus hermanos pueden ser la última generación de pastores de la zona. Piden a los políticos que salgan del despacho y pisen en el monte, que conozcan su historia y de dónde vienen para decidir como conservarlos para el futuro.

Siempre se ha asociado a la oveja como un animal gregario y simple, pero su forma de vida en rebaño aporta mucha sabiduría para una naturaleza al límite que ahora queremos hacer sostenible. Las llaman bomberos del monte, pero hace milenios que ejercen como tal, aunque no nos habíamos dado cuenta hasta ahora, en la era de los incendios 6.0.