Vecinos del Encuentro esperan que no se demoren los realojos

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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Promoción Gitana sigue atendiendo por teléfono las necesidades del poblado de alimentos, educación y otras ayudas

Pilar y su marido están pasando la cuarentena con sus nietos. - Foto: Patricia

En el poblado de El Encuentro, el punto de infravivienda que más preocupa en Burgos y uno de los más importantes de Castilla y León, reina la misma calma que en el resto de la ciudad. Valentín Hernández, que cumplirá 67 años en los próximos días, se protege con una mascarilla mientras ayuda a sus hijos a sacar sus pertenencias de una furgoneta. Son las únicas personas que se ven fuera de las viviendas prefabricadas y de las chabolas. "Intentamos tener paciencia en un momento como este, lo peor se lo llevan los niños que tienen que estar encerrados todo el tiempo en casa", explica este hombre, uno de lo mayores del ‘barrio’. Por la ventana se asoma Pilar, que está pasando el confinamiento con dos de sus nietos, y su vecino, Antonio, que está con su mujer y sus dos hijos. "Lo que más nos preocupa es que después de esto  no haya dinero para el realojo porque este alcalde nos ha prometido que nos va a sacar de aquí. Es que dicen que se lo van a dar todo a la sanidad", cuenta, mientras su hija explica que no salen a las ventanas a las ocho de la tarde a aplaudir: "¿Para qué, si desde aquí no nos oye nadie?".
No les oye nadie a ellos y ellos no oyen nada. Con el tráfico hacia el polígono de Villalonquéjar reducido a unos pocos coches en todo el día, solo los ladridos de los perros de la cercana protectora de animales se escuchan: "Son muy molestos pero ya estamos más que acostumbrados", afirma Valentín, que no se quita la mascarilla en ningún momento y nos invita a pasar por los espacios que hay entre las casas, donde no se ve ni un alma y las únicas conversaciones, como en el resto del país y casi del mundo, son de ventana a ventana.
Desde el principio de la alerta sanitaria, las trabajadoras sociales de Promoción Gitana, la entidad a la que el Ayuntamiento le ha cedido mediante convenio por valor de 1750.000 euros anuales la gestión de la atención a los vecinos de El Encuentro, realizan su trabajo por teléfono. "Estamos permanentemente en contacto telefónico con los vecinos, que llaman  cuando tienen cualquier necesidad; de hecho, tienen los números personales de las trabajadoras sociales, por lo que la atención se da prácticamente las 24 horas. Y los servicios se siguen prestando. Nuestro economato, con productos del Fondo de Garantía Agraria y del Banco de Alimentos, sigue en funcionamiento aunque con las restricciones propias del confinamiento, es decir, respetando la distancia social y haciendo entrar a las personas de una en una", explica la coordinadora, Mari Cruz Villaluenga.
Antonio está preocupado por si las consecuencias de la crisis sanitaria paralizan los realojos.Antonio está preocupado por si las consecuencias de la crisis sanitaria paralizan los realojos. - Foto: PatriciaOtra de las preocupaciones de la entidad es que los niños sigan el ritmo que se les marca desde la escuela para no perder comba, algo en lo que insisten mucho a las familias: "Muchos lo hacen a través de sus móviles pero es cierto que hay familias que en su día no se dieron de alta en la web de Educación de la Junta y ahora eso es un problema", precisa Villaluenga, que señala que también se  mantiene el contacto con los ceas para que las familias que necesiten ayudas de urgente necesidad las puedan solicitar. "Por lo demás, las cosas están allí igual que en todas partes a pesar de que las personas se apañan bastante mal en un espacio que es obsoleto y marginal. Toda la población está siendo muy consciente del problema y no se ponen en riesgo", añadió la coordinadora, quien señaló que en El Encuentro -un espacio en el que el paro se acerca al 100% de la población- no han tenido ningún caso positivo ni ninguna hospitalización.


Valentín Hernández, uno de los vecinos más mayores, nos acompañó por su barrio con la mascarilla.
Valentín Hernández, uno de los vecinos más mayores, nos acompañó por su barrio con la mascarilla. - Foto: Patricia