Ayuda a Domicilio recupera casi todos los usuarios perdidos

Angélica González
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Las trabajadoras se quejan de que aún no cuentan con todo el material adecuado para hacer su trabajo en pandemia y reivindican la labor de acompañamiento «y muchas veces de psicólogas» que realizan con las personas mayores

Las auxiliares de ayuda a domicilio cuidan y acompañan a personas vulnerables. - Foto: Luis López Araico

Fueron de las pocas trabajadoras que tuvieron que salir a la calle todos los días durante los meses más duros del confinamiento. Las auxiliares de ayuda a domicilio, consideradas como prestadoras de un servicio esencial, no fallaron ni un día en casa de aquellas personas mayores o con una discapacidad que dependían de ellas para las actividades de la vida diaria. Y lo hicieron pasando mucho miedo al contagio, al igual que otras profesionales que al principio del estado de alarma tenían que continuar con su actividad sin disponer de las mejores medidas de prevención contra el coronavirus. A pesar de ello, el descenso de los usuarios que en aquel momento tuvo el servicio -que se presta por una empresa privada a través del Ayuntamiento- fue impresionante, pasando de 1.115 a 598.

La concejala de Servicios Sociales, Sonia Rodríguez, explica que este ‘bajón’ fue motivado por dos razones: Por un lado, la sugerencia por parte de las autoridades sanitarias de que se prescindiera de los contactos no imprescindibles -por lo que se anularon los servicios de atención domiciliaria (limpieza de la casa) y solo se quedaron los de atención personal (aseo, comida)-, y por otro, el miedo al contagio en un momento en el que se desconocía casi todo sobre el virus. Esta situación se ha ido reconduciendo «poco a poco» y a fecha de finales de diciembre del año pasado se habían reanudado un total de 921 servicios y se confía en que la cifra siga creciendo.

«Nuestro único interés es dar la atención a quienes nos lo soliciten y estar al servicio de las personas que, gracias a la ayuda a domicilio, pueden permanecer más tiempo en su entorno, mantener su autonomía y retrasar su institucionalización», dijo Rodríguez, quien resaltó que se trata de la prestación que se lleva el porcentaje más alto del presupuesto del área municipal de Servicios Sociales, a pesar de que la atención a este colectivo es una competencia propia de la Junta de Castilla y León.

En el año 2020 el coste que el Ayuntamiento facturó a la empresa adjudicataria, Sacyr Social, fue de 3.451.000 euros. De esta cantidad, que incluye también el servicio de comida a domicilio, la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades aportó 2.253.000 euros a través del Acuerdo Marco (documento que regula la financiación de los servicios sociales que prestan las entidades locales) aunque esta situación, a juicio de la concejala -que recordó que los usuarios también hacen una aportación económica en función de su renta, el año pasado, 656.000 euros- debería revisarse: «No es desatinado que las entidades locales, más cercanas al ciudadano, presten este servicio porque probablemente lo hacemos con mayor eficacia, y no es que no lo queramos asumir -que, de hecho, lo hacemos y con mucho gusto- pero ha ido creciendo muchísimo y requiriendo cada vez un esfuerzo económico mayor del Ayuntamiento mientras que la comunidad autónoma no corresponde a este incremento y en los últimos años cada vez hay más diferencia entre la cantidad económica que aportamos ambas administraciones».

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