El milagro del escapista

P.C.P.
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El milagro del escapista

Así contó Diario de Burgos el accidente del joven al que ahora investiga la Guardia Civil. El 16 de febrero, mientras buscaban su cuerpo en el río, él pedía agua en un bar a 4 kilómetros del lugar en el que chocó contra un tractor y destrozó su BMW

Miraban el coche. Después el tractor. Y vuelta al coche. A lo que quedaba de él. Así mil veces hasta que finalmente pudieron confirmar que efectivamente era un milagro, que no había nadie muerto dentro del BMW ni tampoco fuera de él.

Mientras buscaban su cuerpo por las tierras de labor y el río Arlanza, el conductor entraba en el bar Paco de Quintanilla del Agua. "Fue cuando estaba aquí todo el jaleo del fútbol y ni me enteré. Me pidió un botellín de agua, le pregunté que si frío o natural, pagó y se fue", explica Resti, que le atendió tras la barra y que no reparó en que hubiera nada extraño en el comportamiento del joven, al que había visto más veces por la localidad. "Como entró, salió y no le volví a ver. En la calle había más jóvenes, imagino que se lo llevarían", elucubra el hostelero.

Cerca de 4 kilómetros separan ese bar del punto en el que a las 20.37 horas chocaron un turismo y un tractor, en Santa Inés. El impacto fue tan brutal que partió los ejes del vehículo agrícola, le arrancó las gradas (esa enorme parrilla o rastrillo que sirve para allanar la tierra) y las mandó a unos metros de la cabina. Esto es, el automóvil partió por la mitad al tractor.

Si ya parece contranatura que el vehículo en apariencia más robusto sufriera tales daños, más lo es que el conductor y por fortuna único ocupante del turismo saliera con vida. Pero ¿por dónde salió? Eso se preguntan todavía quienes llegaron en primer lugar al punto del siniestro, en el kilómetro 4 de la carretera BU-904, y llamaron al Servicio de Emergencias 112 Castilla y León. Consideraron necesario la asistencia de los Bomberos, pues todo parecía indicar que en ese amasijo de hierros podía haber una persona, como poco, herida de gravedad.

Pero no se oían gritos ni se veía nada que así lo confirmara, por lo que empezaron a mirar por los alrededores. De noche y con el río Arlanza cerca, peinaron incluso las riberas con el temor de que el cuerpo del joven conductor hubiera salido despedido hacia allí.

Nada. Ni rastro. Se había evaporado como el famoso escapista Houdini en apenas unos instantes, pues había adelantado poco antes a uno de los vehículos que primero llegó al punto del impacto, al parecer a una velocidad excesiva.

Guardias civiles, Bomberos del Parque de Burgos y una ambulancia de Sacyl con el médico del centro de salud de Lerma asistían al agricultor herido, de 62 años y natural de Villalmanzo, sin saber todavía dónde estaba el segundo conductor implicado, al parecer vecino de Lerma.

Con las manos y la ropa manchadas de sangre, el joven había conseguido llegar hasta Quintanilla del Agua, puede que aturdido y desorientado por el brutal impacto. Allí le recogieron unos amigos y dieron aviso a sus progenitores, para posteriormente ser localizado por la Guardia Civil. El joven, de unos 20 años, había acudido a comer a una bodega de Tordueles con unos amigos y regresaba a Lerma cuando se produjo el suceso. No solo escapó del lugar del siniestro, sino también de la muerte.

 

* Este artículo fue publicado en la edición impresa de Diario de Burgos el 18 de febrero de 2019

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