Cada uno elige su parroquia

ADRIÁN DEL CAMPO
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Roa estrenó la fase 1 este lunes con las terrazas y la misa como atractivos

Los vecinos de Roa, a la salida de la misa celebrada ayer en la colegiata de Santa María en recuerdo a las víctimas del coronavirus. - Foto: A. del Campo

Roa despertó este lunes con otra cara. Más de dos meses después, las terrazas volvieron a ocupar las calles y con ello el pueblo recuperó parte de su ambiente perdido. En el primer día dentro de la fase 1, los grandes atractivos para los raudenses fueron la antigua colegiata de Santa María y los bares. Mientras unos optaban por estrenar la desescalada yendo a misa, otros lo hacían tomando un café, un vino o una cerveza. Cada uno elige su parroquia y en Roa las dos que más feligreses suman siguen siendo los bares y la iglesia. Eso no ha cambiado en estos más de 60 días de confinamiento.

La primera semana de la fase 1 arrancó con una jornada soleada. A media mañana las terrazas empezaban a sumar adeptos. Una de las más concurridas fue la del bar Mírame, que aprovechaba su buena ubicación junto al parque del pueblo. Su dueña, Noelia Sanz, contaba desde dentro de la barra y con la distancia de seguridad pertinente cómo ha vivido estos dos meses de inactividad: "Imagínate, todos los días mirando la televisión, periódicos, internet... para ver cuándo se podía abrir porque a parte de este tenemos otro negocio y solo vivimos de la hostelería".

Ya con su bar abierto, esta camarera raudense confesaba que en los últimos días las "muchas ganas de abrir" se mezclaban con "mucho miedo". "Miedo porque no sabes cómo va a reaccionar la gente, qué va a pasar... pero nada más que nos enteramos de que este lunes pasábamos a fase 1 vinimos a hacer limpieza general, nos tiramos aquí mil horas lavando la vajilla, la maquinaria, los baños, todo", explicaba. Ya con la terraza abierta, que no las puertas, porque nadie entraba al local, como marca la fase 1, Noelia Sanz describía su vuelta a la barra: "Nosotros antes nunca abríamos por las mañanas, pero como no sabemos cómo va a ser la cosa, ni los fines de semana... pues entonces hemos intentado abrir a las doce de la mañana para ver si la gente responde. La gente viene a pedir aquí a la ventana y entonces nosotros les servimos o lo cogen ellos, y nada más que se levantan desinfectamos las sillas, las mesas... y hasta ahora ningún problema".

Sentado en la misma terraza del Mírame, Diego Arauzo cuenta, mientras se toma su primera Coca-Cola, que al principio tuvo "un poco de miedo" de volver al bar porque "no sabes cómo iba a ir la cosa", pero una vez a la sombra del velador se siente cómodo a la vez que recuerda que "hay que tener cuidado porque todavía está ahí el virus y no sabemos cómo va a evolucionar la pandemia". Sus palabras se entremezclan con el ambiente de una plaza que empieza a sonar a bar. La comprensión de unos, que advierten que hay que esperar porque ahora la atención es más lenta, debido a las medidas de higiene, se cruza con las prisas de otros: "Como no me pongan el vino ya, me voy". Al mismo tiempo, los vaciles ayudan a romper el hielo: "¡Cómo te ha crecido el pelo!", "¿los pies los desinfectáis también?". Roa ya suena a bar.

Al adentrarse en el casco histórico de la villa, pronto se descubre que la desescalada no está siendo igual para todos. Luis, el dueño del bar Stand By, parece hacer honor al nombre de su negocio y afirma que no abrirá, al menos, hasta julio. "Para poner cuatro mesas en la calle no me compensa", asevera. La afluencia de gente se dispara, sin ser alarmante y con una calma que se repite en cada punto del pueblo, al llegar a la plaza Mayor. Más de una veintena de personas salen de la antigua colegiata de Santa María, de la misa celebrada en honor a las víctimas del coronavirus. Pilar del Val y Rosalía García, dos de las vecinas que terminan de salir de la ceremonia religiosa, remarcan que tenían "muchas ganas" de volver a la iglesia, aunque en este tiempo han estado viendo los cultos por internet. "Antes de esto no utilizábamos Youtube, pero estos días nos hemos acostumbrado, también a hacer videollamadas con la familia. De hecho, ahora nos han llamado más que antes", afirman.

Las dos feligresas cuentan que esta primera misa ha sido "muy especial" para ellas y que la amplitud de la iglesia les ha permitido guardar la distancia de seguridad en todo momento. Para Pilar y Rosalía significa "mucho" la reapertura del templo porque están acostumbradas "a venir diariamente". Ambas defienden que creer les ayuda a pasar estos momentos tan difíciles. "Yo creo que se afianza más la fe en estos días", concluye una de las vecinas.

La imagen de la plaza Mayor de Roa con la gente saliendo de misa y otra decena de ciudadanos sentados en la terraza de uno de los establecimientos más céntricos contrasta con la del bar Transilvania, al que en las primeras horas de la desescalada pocos clientes se habían acercado. Su dueña, Tatiana, no es optimista de cara a los primeros días: "Está vacío, la gente todavía tiene miedo y no creo que esta semana vayamos a recuperar los gastos que pagamos. La siguiente semana, si no hay nuevos contagios, yo creo que la gente se va a mover más, no va a tener tanto miedo a ir a las terrazas".

Al contrario que los bares, que ayer volvieron a la actividad, hay otros negocios que no han parado y otros que ya se venían adaptando a las nuevas exigencias del coronavirus desde hace semanas. Es el caso del quiosco Puchero. Su gerente, Sara, hasta ahora solo ha estado abriendo por las mañanas para mantener sobre todo sus servicios de venta de prensa y pan, porque, por ejemplo, en las chucherías ha notado un bajón. Además de ello, su tienda ha sido uno de los puntos donde la gente podía recoger las mascarillas cosidas por los propios vecinos. Sara cuenta que durante estas semanas ha tenido problemas con los suministros, con repartidores que habían ido al ERTE y publicaciones que no les llegaban u otras muchas que tenía que devolver. Ahora, ya en la fase 1, es testigo directo de la revitalización que supone la apertura de las parroquias, de las de orar y de las de beber. Ella opta por las segundas, por un café junto a su quiosco.