Casi la mitad de los pisos del centro están deshabitados

H.J.
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Un tercio de los hogares de la capital son unipersonales y el mayor número de viviendas vacías se concentra en el casco histórico

Casi la mitad de los pisos del centro están deshabitados - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

No hace falta ser un lince. Basta con levantar la vista y fijarse en los balcones con tiestos vacíos, persianas destrozadas o ventanas rotas. Son signos evidentes de la peor enfermedad que puede sufrir cualquier centro histórico, porque la despoblación deriva indefectiblemente en deterioro como el que sufren desde hace años unos cuantos edificios ubicados en el corazón mismo de la ciudad.
Más del 40% de las viviendas situadas en torno a la Plaza Mayor no tienen nadie empadronado en ellas. Los datos del área de Estadística del Ayuntamiento de Burgos revelan que el 46% de los hogares de la sección censal número 1 carecen de habitantes, un área que incluye no solo la citada plaza sino también la del Rey San Fernando, las calles Laín Calvo y La Paloma,  Sombrerería, San Lorenzo, San Carlos, Almirante Bonifaz, la plaza de Santo Domingo, el Hondillo y la totalidad del Paseo del Espolón.
Se trata de un área en el que recientemente se han llevado rehabilitaciones notables como la antigua Tesorería de la Seguridad Social y en el que están en marcha otras recuperaciones emblemáticas como el viejo hotel España, pero a la vista de los datos del censo parece evidente que queda mucho trabajo por delante.
Cerca de la sección censal número 1, también presentan porcentajes altos de hogares sin ningún empadronado el principio de la calle Vitoria, las calles San Juan y la Puebla o el casco alto, donde también se supera aunque por poco el 40%. Por el contrario, en la zona de Coprasa donde las viviendas apenas tienen unos años es donde se registra un menor porcentaje de pisos desocupados frente al total.
El director del área de Geografía Humana de la Universidad de Burgos, Gonzalo Andrés, advierte de que el concepto de «vivienda vacía» es complejo, pues es posible que según el censo municipal no haya nadie empadronado en un piso donde, sin embargo, haya actividad habitual. «Para afinarlo deberíamos conocer los consumos de agua y luz», explica. Recuerda, además, que según el Instituto Nacional de Estadística el porcentaje de vacías (en el año 2011, último estudio disponible) era del 31% en el centro histórico burgalés, datos similares a los de los cascos viejos de Valladolid o Salamanca. Y apunta a que un alto porcentaje de desocupación como el que refleja el censo municipal «podría suponer un problema de funcionalidad» de los propios mecanismos urbanos.
A su juicio, el problema de los pisos vacíos «es una mezcla de varios factores» entre los que hay cuestiones económicas, culturales o incluso herencias complicadas que atascan durante varios años el arreglo de un edificio. «Tenemos un centro histórico básicamente construido entre 1870 y 1920, es una ciudad que tiene cien años o poco más, se ha quedado obsoleta y toca cierta renovación, pero son procesos lentos y complejos».
Vivir en el centro histórico implica la innegable ventaja de contar con una ubicación privilegiada para desplazarse a los principales centros administrativos o de servicios y de estar a tiro de piedra del entorno de la ciudad donde se concentran las actividades festivas. Pero esto último puede ser al mismo tiempo un factor desincentivador para quienes prefieren más tranquilidad, y a ello se suman las incomodidades propias de un parque inmobiliario envejecido.
Quien adquiere un piso antiguo debe afrontar una gran inversión para adaptarlo a las exigencias modernas, además de que muchos no cuentan con ascensor, casi ninguno tiene garaje y la propia distribución interior suele ser complicada, algo que también afecta a los arrendatarios. Por el contrario, los que compran o alquilan un piso nuevo ya rehabilitado saben que los precios se disparan y hay que poder pagarlo para plantearse siquiera habitar en el centro de la ciudad.