La velocidad en las carreteras sube durante el confinamiento

F.L.D.
-

El aumento ha sido más visible en las autovías. La DGT reclama a los conductores más concienciación

Las carreteras han estado pobladas mayoritariamente de camiones. - Foto: Alberto Rodrigo

fernán labajo / burgos
Los expertos siempre han insistido que la velocidad en las carreteras no solo depende de lo deprisa que quiere ir el conductor, sino también de lo que el tráfico le permite. Durante dos meses en los que las principales vías de la provincia han estado prácticamente vacías, sobre todo de vehículos, no es de extrañar que algunos se hayan animado a pisar algo más el acelerador. Según los datos de la Dirección General de Tráfico, la circulación ha sido aproximadamente un 10% más rápida desde el 15% que antes de que se decretara el estado de alarma por la crisis de la covid-19. Estos datos no preocupan en exceso, pero obligan a mantener la alerta de cara a las siguientes fases de la desescalada. 
Aunque el aumento en Burgos no es excesivo, sí que tiene especial relevancia porque desde hace años se había conseguido mantener unas velocidades medias ajustadas a los máximos permitidos. De hecho, la reducción a los 90 kilómetros por hora fue una de las claves para conseguir que los fallecidos disminuyeran hasta alcanzar cifras récord en 2019, tal y como han defendido desde la DGTy la Guardia Civil.
Normalmente, la velocidad media en dos de las principales autovías de la provincia, como son la   A-62 y la A-1, oscilaba entre los 110 y los 120 kilómetros por hora, según reflejan los datos de la Dirección General de Carreteras, dependiente de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente. Cuando el Gobierno decretó el estado de alarma, y especialmente desde hace un mes, los vehículos comenzaron a ir más rápido hasta una media de 125 kilómetros la hora. Incluso se han llegado a registrar velocidades que superaban los 140, según la información de la DGT, aunque han sido casos muy aislados. 
En otras vías de alta capacidad como la A-231, que une Burgos con León, la tendencia a correr siempre ha sido más habitual al ser una carretera que soporta menos intensidades de tráfico que las de Valladolid o Madrid. De hecho, las cifras de la Junta de Castilla y León muestran medias que superan los 120 kilómetros la hora. En los dos últimos meses también se ha incrementado aproximadamente un 10%. 
Algo más preocupante son las velocidades que se han llegado a alcanzar en una carretera que hasta hace muy poquito daba miedo hasta pronunciar. La media en la N-I supera ampliamente los 110 kilómetros por hora y existe un pico a mediados de abril de 150. Tras la liberación de la autopista AP-1 ya se notó un incremento de un 10%, pero esta subida inquieta más, pues desde 2019 se bajó el máximo a los 90 kilómetros por hora. 
más precaución. Los datos de la página web de la DGTno discriminan entre vehículos ligeros y pesados. Este apunte es importante, reconoce el jefe provincial de Tráfico, Raúl Galán, para analizar el incremento, pues las intensidades de circulación se han desplomado en los últimos dos meses hasta superar el 80% en la provincia de Burgos. Los camiones y el transporte han tenido casi la exclusividad del uso de las carreteras, y éstos no pueden superar los 100 kilómetros por hora, velocidades que cumplen la inmensa mayoría.
Galán puntualiza que, aunque los vehículos corren más, lo cierto es que «es una tendencia a nivel nacional». De hecho, en España las sanciones por superar el máximo permitido tanto en autovía como en convencionales han crecido un 36%, un dato que no manejan por ahora en la provincia. De momento, no hay instrucciones de incrementar los controles en este aspecto concreto y la previsión es mantener la vigilancia para evitar quebrantamientos de la cuarentena. 
«Vamos a mantener el operativo como hasta ahora y a medida que avancemos hacia la nueva normalidad retomaremos la operativa habitual del Subsector de Tráfico de la Guardia Civil», explica el jefe provincial. 
Desde la DGTinsisten en que la velocidad es uno de los «principales factores de riesgo» de cara a sufrir un accidente y también influye en las consecuencias del mismo. Por eso, advierten, «es imprescindible que los conductores respeten los límites establecidos para proteger no solo al conductor y a los pasajeros que le acompañan, sino también al resto de personas con las que comparten la vía». 
Aunque el descenso de las intensidades de tráfico ha provocado una reducción de la siniestralidad de más de un 50%, el riesgo en carretera permanece. Sin ir más lejos, el pasado viernes falleció un joven de 31 años en la N-234.