"Respeto a todos los que han muerto por una bandera de buena fe"

María Albilla (SPC)
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La Guerra Civil va mucho más allá de buenos y malos, de rojos y azules

"Respeto a todos los que han muerto por una bandera de buena fe"

Arturo Pérez-Reverte vuelve a la batalla, pero esta vez se adentra en una guerra que nunca quiso contar, la civil española. En un episodio ficticio de la batalla del Ebro, el escritor se coloca en Línea de fuego (Alfaguara) y se adentra con su última novela en unas trincheras en las que «oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú». Entre las balas, el barro, la sangre, el sudor y la noche, se descubre a los combatientes que hicieron la guerra y que murieron en ella y, sobre todo, desvela la memoria humana del conflicto.

Línea de fuego es una historia de guerra contada desde el frente. ¿Echaba de menos narrar lo que sucede en las trincheras?

La guerra no se echa de menos, en absoluto. No tengo ninguna nostalgia de la guerra. 

Siempre había querido evitar la contienda nacional como tema de sus novelas. ¿Qué le hizo cambiar?

La había tocado tangencialmente en otras novelas, pero no había querido entrar en ella. Ahora creía que era buen momento porque me di cuenta de que los que hicieron la guerra de verdad se están muriendo y la memoria de lo humano está desapareciendo. En estos momentos solo quedan las ideas y son peligrosas porque si se manejan sin compararlas con el testimonio humano se quedan solo en la teoría y la teoría y la práctica, no son lo mismo. 

Además, yo he querido recuperar el factor humano. Cuando se habla ahora de la Guerra Civil, se habla de las cunetas, de la represión, lo que es cierto, pero olvidamos paradójicamente que donde más gente murió fue en el frente, luchando en las trincheras.

¿Por qué eligió la batalla del Ebro para enmarcar la historia?

En esta batalla murieron 20.000 personas, 20.000 hombres de 17 a cuarenta y pico años en tres meses de combate. La verdad es que pensé en varias, Jarama, Belchite, Brunete... pero aquella fue una carnicería, la más sangrienta de todas, y tuvo lugar en el año 38, cuando la República estaba ya perdiendo la Guerra, un momento muy dramático al que podía llevar a los decepcionados, a los cansados de aquello... Por eso he elegido ese momento y humanizar de nuevo lo que pueda parecer más una guerra de ideas que una guerra de personas.

¿Por qué se están usando mal ahora aquellas ideologías?

Se esta abusando de ellas. Se está contando un discurso falso. Algunos cuentan que la Guerra Civil fue una guerra de seis generales, cuatro curas y dos banqueros contra el pueblo español, o la guerra de España contra Euskadi o Cataluña. Y la Guerra Civil fue mucho más compleja. Había gente con ideología que estaba voluntariamente en el frente, pero la inmensa mayoría era gente que estaba allí obligada por su edad, por ser reclutas, por el pueblo en el que vivían, por azares de la vida. La guerra va mucho más allá de buenos y malos, de rojos y azules. 

Si son agónicos los 10 días de la novela, cómo serían los más de 100 de la cruda realidad...

Esa es la idea. Es que quien luchó y murió allí fue tu abuelo Manolo, tu tío Paco, tu tío abuelo Fernando, tu bisabuelo... y ya no están para contártelo. Por eso te quiero meter en las trincheras, no para hablar de republicanismo o franquismo, que eso ya lo hacen otros, sino de lo que no se cuenta. De cómo se siente el miedo, la soledad, de cómo un cigarrillo es importante, de cómo corre un piojo por la axila cuando estás en el frente, del frío de la noche, de cómo es el hambre.? Cómo no luchas ni por la bandera ni por la patria, sino por el compañero y por ti mismo. Cómo puedes ser en el mismo día cruel y generoso... Lo que quiero es que el lector se interese por la peripecia humana, no por las ideas.

¿De las guerras puede salir entonces algo bueno?

Y también cruel... En la guerra de Eritrea vi a gente hacer cosas heroicas por la mañana y las más crueles por la noche. Y esto es muy humano porque así es el ser humano, capaz de todo.

La novela arranca con una mujer, Pato. Es una percepción interesante porque pocas veces se habla del papel activo de la mujer en la guerra. Parecían llamadas a esperar y llorar.

En la batalla del Ebro no hubo mujeres que cruzaran le río con los republicanos, pero me parecía injusto hablar de la Guerra sin meter a la mujer, porque ella fue la gran perdedora de este conflicto. En tres años perdió un siglo de evolución y de libertad. Mi abuela María Cristina, la madre de mi madre, fue una mujer culta, profesional, viajada, liberal... y nunca hubiera podido ser así de haber crecido durante el franquismo. Por eso era imprescindible hablando de víctimas que la mujer estuviera ahí y me inventé una unidad en la que meterlas. 

Había otra cosa muy importante también y es que la imagen que tenemos de la mujer republicana es la de la miliciana con el mono azul y el fusil al hombro. Una imagen folclórica muy del gusto de la prensa extranjera. En realidad, tuvieron poco peso en la guerra, solo lucharon los primeros días y fueron apartadas del frente por los propios republicanos. Pero no quería a las milicianas de imagen folclórica, sino mujeres comunistas, preparadas; mujeres de solvencia técnica militar y profesional.

Muchos de aquellos que hicieron la Guerra prefirieron luego el silencio. Pero ¿no es necesaria la memoria para que no se olvide la barbarie?

En mi casa, mi padre y mi abuelo si yo no les preguntaba, no me contaban nunca nada y cuando lo hacían querían terminar pronto. No querían envenenarnos con rencores, horror, recuerdos... era como si quisieran olvidarlo. Por eso ahora el problema está en que cuando esa gente se ha muerto, están contando la Guerra políticos de 30 años que ni siquiera tuvieron familiares en ella y es un discurso tan alejado de la realidad y sesgado, por parte de los dos bandos, que es muy peligroso.

¿La juventud es un handicap en los políticos para hablar de este tema?

No, uno puede ser joven y culto. Yo nací en el 51 y a mí la Guerra me la han contado quienes la hicieron, pero ahora hay políticos que han nacido en el 80 y que cuentan lo que ellos se imaginan que fue la Guerra. 

Es muy significativo el uso de onomatopeyas para recrear el ambiente con el sonido de la guerra.

La guerra es ruido, de disparos, de bengalas, de bombas, muros que se caen, armas que se descerrajan… Eso no me lo ha contado nadie, lo tengo en la memoria. Recuerdo en Eritrea, el 4 de abril del 77, un amanecer en el que había mil hombres tumbados en el suelo que se levantaron a la vez a la voz de ‘adelante’ y empecé a oír el clac, clac de los kalasnikov montándose para disparar. La guerra se vive con los ojos y los oídos, nunca con el cerebro.

De las guerras que ha cubierto, salvando las distancias, ¿hay alguna que se parezca a la Civil Española?

No, esta fue una guerra muy peculiar, aunque hay rasgos comunes, evidentemente. Vecinos que se conocen, rencores que vienen de antes... pero la Española tiene unas características muy singulares. Ocurre en un momento muy peculiar en la Historia de Europa. Aquí hay un pueblo muy poco culto, casi analfabeto, con una gran injusticia social, mucha hambre y mucha miseria y, en el mundo, están los fascismos, el comunismo, el nazismo... Se junta un pueblo muy torturado por la Historia y maltratado por sus gobernantes con doctrinas muy importantes. Eso crea una revolución social enorme en la que saltan los rencores, la crueldad, un montón de cosas y, además, se conocen entre ellos. Entre los combatientes se da una extrema crueldad, pero también mucha complicidad y eso la hace singular y compleja. Es realmente muy española.

¿Está picando la novela en los extremos políticos actuales tal y como preveía?

¡Sabía que sería así! Y me consta que está siendo porque les desmonta el discurso de los buenos, buenos y los malos, malos. De hecho, me complacía mucho imaginar el disgusto que iban a tener unos y otros.

Las trincheras están ahora en el Congreso. ¿Estamos inmersos en una guerra política sin parangón y sin sentido?

Sin sentido, desde luego, pero no quiero hablar mucho de política. Solo te diré que la política española es un disparate. Todo vale como arma política. ¿Ysabes qué ocurre? Que cuando un partido no tiene una base intelectual sólida, exigible a todo político que abra la boca en público, necesita argumentos fáciles para poderlos manejar. Y la Guerra Civil es perfecta para esto.

Todavía hoy si luces una bandera de España eres fachista. ¿Qué sentido tiene adueñarse de los símbolos con los ecos de hace 80 años?

Es ridículo. Que la bandera sea un problema es ridículo. Me he pasado la vida viendo a gente matarse bajo banderas muy distintas y si hay una cosa de la que tengo certeza absoluta es que las banderas son el pretexto ideal para que los sinvergüenzas se envuelvan en ellas y manejen a las personas. Respeto a todos los que han muerto por una bandera de buena fe, pero desprecio a los que la utilizan para su golfería y manipulaciones políticas.

La crispación actual nos lleva a una tremenda desafección por la política y los políticos. ¿No es muy peligroso que no creamos en nuestros representantes públicos?

El problema de todo esto es que esta gente, que con tanta irresponsabilidad está manejando conceptos que a veces hasta desconoce y está demoliendo instituciones, está generando un daño enorme porque hace que la gente se canse de la pelea de perros. La gente se harta del insulto continuo, de la manipulación continua, de la bajeza parlamentaria de todo signo político. Hace que se vaya a ver en Telecinco a Kiko Rivera y que pase, que no vote. Y, lo que es peor, que sea presa fácil para los populismos y se crea al primero que grite más fuerte ante un problema.

O conmigo o contra mí. 

No reconocen nada al adversario. En mi bando todos son buenos, no hay nada que criticar. En el otro, todo es malo, no hay ninguna virtud. Es un discurso disparatado. No se puede ser neutral, pero es que ¡la mayoría de la gente no es de nadie! 

¿Cómo explicaría a nuestros políticos el significado de pactar?

Que no quiero hablar de política, que yo he venido a hablar de mi libro... pero te resumo diciendo que es agotador, desolador y yo soy muy pesimista porque no veo un discurso solvente en ninguno de los sectores de la política española.

No quiere hablar de política, bien. Tampoco de la pandemia y todo lo que ello implica... ¿por qué?

Cuando todo esto empezó, cualquiera era experto en pandemias y colgaba sus fotos y contaba sus experiencias... No quiero ser vulgar, una voz más. Además, ¡yo qué sé de la pandemia, coño! ¡Qué voy a decir!

Hablemos de educación entonces. ¿Qué tipo de jóvenes estamos formando con normativas alejadas de premiar el esfuerzo, el trabajo y el conocimiento de la Historia? 

Cuando en una sociedad, y esto ocurre también en Europa, a los jóvenes les eliminas las Humanidades y los conviertes en jóvenes tecnificados, serán unos magníficos técnicos mañana, pero serán imperfectos como seres humanos. Comprenderán el mundo mucho peor porque se les está privando de herramientas que necesitan para entender el mundo en el que van a vivir, sobre todo el que viene, que va a ser muy complejo. Hay que tener una sólida base humana para afrontar lo que la tecnología, cuando falla, te echa encima.