"Hace falta una revolución de especie"

R. PÉREZ BARREDO
-

El paleontólogo y codirector de Atapuerca Eudald Carbonell defiende la necesidad de un cambio de sistema planetario que nos defienda de todo y garantice nuestra supervivencia

Carbonell, en una imagen de archivo. - Foto: Alberto Rodrigo

Son legión quienes en las últimas semanas están ‘comprando’ el discurso que viene sosteniendo Eudald Carbonell desde hace más veinticinco años. Ahora que se están viendo las orejas al lobo parece que sus reflexiones, tan vehementes como profundas -y tan fieramente humanas tanto en su forma como en su fondo-, suenan hoy, más que a música celestial, a clamor y a arenga, a bandera bordada por la toda la Humanidad para que sea ondeada al viento si nuestra especie quiere existir también en el futuro. El paleontólogo y codirector de Atapuerca es tajante: asegura que la pandemia provocada por el coronavirus es un último aviso; si la humanidad no cambia, el colapso de la especie llegará. "Somos una especie que ha crecido de forma exponencial en los dos últimos siglos; hemos pasado de una población de 200 millones a una de 7.000 millones. Los sistemas se han ido organizando de forma natural: pasamos del esclavismo a las formaciones medievales; y después al capitalismo tras un intento muy serio de socialismo (fue la primera vez que se planteó un sistema que no era natural, que es algo muy difícil de llevar a cabo porque los humanos somos muy primates). Y ahora estamos sin ninguna perspectiva, porque el capitalismo no resuelve ninguno de los problemas que genera. Estamos en una gran crisis de especie", explica.

Así, considera que el virus que tiene atenazado al planeta está causando estragos "porque no hemos socializado la ciencia y la técnica; y es un aviso muy grande que una molécula pueda desestructurar el sistema humano del planeta. Está claro que algo no hemos hecho bien. La pandemia nos ha puesto delante del espejo, porque es la primera vez que la especie en su conjunto lucha contra la selección natural. No se trata de un problema de territorios, de fronteras. Es un problema de especie. Es un juego geoestratégico y geovital. Es un cambio de fase, otra dimensión. Y es a partir de aquí que tenemos que empezar a entender qué es lo que está pasando. Es terrible que esta pandemia esté matando a decenas de miles de personas, y cientos de miles -que lo hará-, pero la gripe de 1918 mató entre 50 y 100 millones. Al lado de eso, parece una broma. La cuestión es que hay que buscar una alternativa. La globalización es un desastre, un gran desastre en mi opinión como historiador. Porque la globalización, que tiene los pies de barro, y el pensamiento único, lo que mantienen es la uniformización del planeta. La uniformización del planeta es la pérdida de la memoria histórica de la diversidad de conductas, comportamientos y lenguas de todo el mundo. Es un desastre perder la memoria sistémica de la Humanidad. La globalización no mantiene ese diversidad. En mi opinión, habría que mantener esa diversidad hasta que seamos lo suficientemente inteligentes para incrementar la sociabilidad e integrar esa diversidad, no uniformizarla. Y pensar como especie. Porque pensando como especie cuentas con todos, incluyendo esa diversidad. Si sólo pensamos en clases extractivas, en geopolítica, en estructuras económicas empoderadas que están esquilmando recursos, esto no funcionará nunca. Ese es un mundo fósil ya. Hay que pasar de la sociedad del conocimiento a la sociedad del pensamiento. Hace falta una revolución de especie, una revolución evolutiva".

Cuando Carbonell advierte de que el coronavirus puede ser el último aviso para la Humanidad no quiere decir que pueda empujar a esta a la extinción. "Este virus puede llegar a colapsarnos, que es otra dimensión; pero si se hacen las cosas más se puede llegar a una extinción, aunque no creo que sea el escenario más probable. Colapsar quiere decir que el sistema no soluciona los problemas existentes. Y este sistema es el capitalismo, que ya es fósil. Se ha de cambiar la forma de adaptación de la especie, porque el problema que tenemos es de especie". Hay instrumentos para ese cambio necesario, dice Carbonell. Por ejemplo, usar la conciencia crítica de especie "para incrementar nuestra sociabilidad y entender que la individualidad colectiva es como funciona el mundo, que todos somos iguales y que todos podemos contribuir a hacer efectivo un mundo nuevo, una nueva situación de aportación de energía individual a la colectividad; no se trata de colectivizar al individuo, sino de que el individuo aporte al colectivo, sea el colectivo. Se trata de progresar de forma consciente y responsable; no se trata de globalizar, se trata de planetizar, que significa integrar la diversidad, conservarla y ser interdependientes para, si surgen problemas, poder solucionarlos porque tendremos una gran información de memoria sistémica".

A esta encrucijada se ha llegado por culpa de la autocomplacencia de la especie. Y, como defiende el paleontólogo, "por haber perdido capacidad crítica. En mi opinión, eso es perder la realidad, es entrar en burbujas que nosotros mismos generamos como consecuencia de nuestra forma de adaptación. Está muy bien que haya burbujas, pero hay que ser conscientes de que las burbujas se pinchan, explotan y desaparecen. Por eso a la gente no le gusta mi mensaje, porque es autocrítico y suena apocalíptico. A la gente le gusta el mensaje que se acople al sistema, que unas veces es el poder político, otro el poder económico... La conciencia crítica no es estar bien contigo mismo sin pensar que somos una especie; hemos de pensar en la especie, pero cada individuo, no solo los gobiernos", apostilla.

Un momento delicado. Admite sin reservas que el que vivimos es uno de los momentos más delicados del Homo sapiens. "Socializar la revolución industrial para que las materias pudieran circular por el planeta y empoderar al capitalismo costó 200 millones de muertos cuando no éramos más que mil y pico en el planeta; socializar la revolución científico-tecnológica, si no cambiamos el concepto de sociabilidad, puede costarnos mil millones de muertos, que es lo que llevo denunciando desde hace tiempo. Si no aplicamos la conciencia crítica esto puede ser un desastre como especie, sobre todo por la cantidad de dolor y de pérdida de especímenes. Esas pérdidas, a nivel humano, es algo tremendo, terrible. El constatar que no haber incrementado en la sanidad el poder tecnológico tiene estas consecuencias tan fatales -falta de recursos por los recortes, falta de planificación, no haber invertido en investigación, que siguen sin dotarse como se debería- es terrible. ¿Cómo no se ha invertido en cuidar a la especie?".

Esta crisis sanitaria ha vuelto a poner de relieve y a evidenciar las enormes diferencias entre las clases sociales. "Por eso creo que debe entenderse de una vez por todas que los individuos somos todos iguales", subraya Carbonell, para quien esta encrucijada debe ser una oportunidad "para cambiar la forma de adaptarnos en el planeta. Debemos buscar una alternativa a un capitalismo fosilizado y caduco". En este sentido, ya observa el codirector de Atapuerca que la situación por la que está atravesando el ser humano en las últimas semanas ha constituido una socialización de la tecnología "al menos en los lugares en los que se dispone de ese recurso, y son miles de millones de personas. Eso está bien. Esa hiperconectividad es un cambio en la especie. Estar encerrado pero hiperconectado es un cambio que será favorable para la adaptación de la especie a la tecnología y a su socialización". Confía también en que esto haya servido "para dejar un sustrato de conciencia de especie, crítica, algo habremos ganado. Ahora bien: ¿los comportamientos cambiarán mucho? En mi opinión, no: somos animales que tropezamos siempre en la misma piedra. Lo que hay que aprender de esto es la necesidad de abordar cambios estructurales, tener conciencia crítica de especie y la socialización de la tecnología".

Más esperanza que fe. Eudald Carbonell lleva muchos años clamando en el desierto por la necesidad de esa sociedad del pensamiento que jamás se dejaría manipular, como sí puede suceder con la sociedad del conocimiento. Con todo y pese a todo, tiene esperanza en el ser humano. "Tengo esperanza, lo que no tengo es fe. El principio de esperanza del que habló Ernst Bloch y del que siempre he hablado en mis libros. El principio de esperanza es un principio de libertad, de pensamiento crítico, de la capacidad de construir. Tenemos que tener esperanza en el futuro de la Humanidad", concluye.