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El Corpus reivindica la ciudad

G. Arce / Burgos
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La procesión del Santísimo Sacramento recuperó tradiciones y se detuvo ante 4 altares en el recorrido, el arzobispo bendijo desde el balcón municipal y una lluvia de pétalos recibió a la Custodia al pasar por el Arco de Santa María

El altar del Niño de la Paloma, el primero en el recorrido de la procesión, recibe el paso de la Custodia junto con un grupo de sacerdotes. - Foto: Patricia

Burgos vivió ayer una festividad del Corpus Christi diferente y renovada, una ceremonia mucho más elaborada y rica en matices que en años precedentes, que fue recibida con un profundo respeto por parte de los miles de burgaleses y que tuvo momentos de gran devoción y comunión entre todos los participantes. Sobresaliente fue la eucaristía en una Catedral abarrotada de gente y con los «chiquitos» de la Primera Comunión (como les llama el arzobispo) llenando la nave central; singular la bendición de la ciudad por parte de monseñor Gil Hellín desde el balcón municipal, alzando el Santísimo Sacramento y con el himno de España tocado por los dulzaineros;y sorprendente el paso de la Custodia por el Arco de Santa María bajo una lluvia de pétalos.

El toque de campanas de la Catedral, un espectáculo de sonido atronador y maravilloso, ya auguraba a las once la mañana un gran día. Numerosos grupos de turistas extranjeros, peregrinos y los primeros feligreses asistían extasiados al singular volteo. En el interior del templo, se abrieron las barreras y pronto se ocuparon todas las naves, dejando las primeras filas frente al altar central para los niños de la Primera Comunión y las autoridades locales. Se agradeció ese frescor de nuestra Catedral tan criticado en febrero y las voces de los Pueri Cantores.   

El arzobispo concelebró con buena parte de los párrocos de la diócesis. Reivindicó la fiesta de la eucaristía sin ocultar algunos reproches:«Cuántos cristianos no han ido ni una sola vez en su vida  y que pocos son los que lo hacen a diario para estar ante Cristo». Tampoco olvidó a los suyos:«El verdadero peligro que aleja al obispo, a los sacerdotes y a los fieles es el secularismo, la frialdad y la tibieza». Exhortó a los sacerdotes que eviten convertirse en unos meros «funcionarios» y que promuevan el culto a la eucaristía «dentro y fuera de la misa».

- Foto: Patricia González El segundo mensaje fue para recordar que se celebraba el día de la caridad:«Nadie puede amar a Dios e ignorar al prójimo y nadie puede amar al prójimo si no es movido por el amor de Dios». En tiempos de crisis como los actuales, apuntó Gil Hellín, «no podemos desentendernos de los otros, despreocuparnos de los demás y dar la espalda a los pobres».

Capillas

Terminada la ceremonia religiosa comenzó la procesión que este año, impulsada por la Asociación Pro Corpus, presentaba como novedades cuatro altares a lo largo del recorrido (en la La Paloma, en los bajos del Ayuntamiento, en el Teatro Principal y en el Arco de Santa María) y la participación de los niños vestidos de ángeles portando campanillas, una tradición recuperada.

Los cuatro altares motivaron momentos estelares y no conocidos. En la Plaza Mayor, los danzantes hicieron el pasillo al arzobispo, quien, protegido bajo palio, accedió al edificio consistorial cruzando un mural de pétalos. Desde el balcón bendijo a la ciudad.

Otro momento singular sucedió en el Arco de Santa María, cuando la Custodia fue recibida con una lluvia de pétalos de flores. En el interior, le esperaba un altar presidido por la imagen de Nuestra Señora de la Consolación.

La procesión culminó en las escaleras de la Catedral, donde el Santísimo Sacramento, antes de volver al templo (se pudo visitar hasta las siete de la tarde), fue alzado al son del himno nacional. Terminado el ritual, el arzobispo felicitó las fiestas a los burgaleses y el alcalde y sus concejales se fueron hacia la calle de La Paloma, donde les esperaba el tradicional salto del tetín, preludio de alegría.