«Hay que estimular al profesional, es quien más ha pagado la crisis»

Gadea G. Ubierna / Burgos
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Fernández de Valderrama, en el Colegio de Médicos al poco de ser elegido presidente. - Foto: Jesús J. Matías

Joaquín Fernández de Valderrama • Presidente del Colegio Oficial de Médicos

Nació en 1960 en Burgos y estudió Medicina en Soria y Zaragoza. Ejerce como médico de Urgencias en el Hospital Santiago Apóstol de Miranda, servicio del que es coordinador desde 1989. De hecho, afirma que es el responsable de Urgencias «más antiguo de Castilla y León». Desde hace lustros ha compaginado su vocación con puestos de responsabilidad en la Sociedad Española de Urgencias, de la que es vicepresidente, y en el Colegio Oficial de Médicos de Burgos, en el que ya acompañó como directivo al presidente del que toma el relevo, Juan José Aliende.

Joaquín Fernández de Valderrama es de los médicos que recomiendan su especialidad, las Urgencias, a las nuevas generaciones porque, aunque reconoce que «te llevas palos gordos», tampoco oculta que cuando consigue estabilizar a un crítico, la alegría es tan grande que compensa todo lo demás. Su pasión por la Medicina no le ha impedido ahondar en otros aspectos menos visibles y gratificantes de la profesión, como es la gestión y, concretamente, la gestión clínica. Algo de lo que se ha hablado y se seguirá hablando durante el tiempo en el que ocupe la presidencia del Colegio Oficial de Médicos, de cuyo cargo tomó posesión el pasado lunes.
Usted ya había sido vicesecretario del Colegio con Juan José Aliende, ¿por qué se decidió a liderar una candidatura?
El presidente [Juan José Aliende], y el vicepresidente [Manuel Gutiérrez] tenían claro que no iban a estar más de ocho años y, en un principio, yo también pensaba dejarlo. Pero mi relación de intermediario entre Burgos y Miranda me hacía continuar, y tanto la junta directiva que quedaba como la saliente me incitaron a coger el relevo por conocer bastante en profundidad la Medicina, conocer el Colegio, tener relación con la Gerencia en Valladolid... Reunía varias cosas que hacían idóneo el perfil.
En su toma de posesión abogó por un mayor «liderazgo de los profesionales» y un «cambio en la gestión» para garantizar la sostenibilidad del sistema. ¿A qué se refería?
Lo que dije es que las autoridades sanitarias no son posición suficiente para gobernar el sistema y que la efectividad que tenemos los trabajadores en el conocimiento científico hace que tengamos que dar el paso para  gestionar el sistema. Es compartir la gestión de nuestros hospitales, de nuestra sanidad, con nuestros gestores. Un cambio de filosofía que, más o menos es en lo que consiste la gestión clínica. Pero sin contar con los profesionales, la sostenibilidad y el progreso no son factibles.
¿Están contando las autoridades sanitarias con los profesionales en este momento?
Bueno, yo esto lo comenté porque ahora parece que está de moda hablar de las Unidades de Gestión Clínica. Yo llevo veinte años estudiando este tema, tengo un máster en Gestión Clínica y soy experto universitario en la cuestión, de la que se habla desde hace mucho tiempo, pero yo veo que los cimientos para imponer ese sistema no son los que tenemos. Actualmente, no es posible implantarla con lo que hay.
¿Qué falta?
Que haya un sistema de información competente o que los recursos telemáticos sean importantes, porque ahora, la falta de conectividad entre Atención Primaria y Especializada no solamente es a nivel de relación personal, sino también por la tecnología de la que disponemos. Primaria tiene un programa informático que se llama Medora y los hospitales, algunos, tenemos una historia clínica informatizada que se llama Jimena, pero que ahora está estancada. Entonces, un sistema de gestión clínica no es solo dar el poder a los profesionales;es dárselo y evaluarlos. Si no tienes la herramienta para evaluar, es difícil implantarlo.
¿En qué se diferencia este modelo del que usted habla de las unidades que empezó a poner en marcha la Consejería de Sanidad en algunos hospitales de la región?
No es compatible. Ahora no lo pueden poner.
También el Tribunal Superior de Justicia indicó que hay que pensarlo un poco más.
No, pero por lo que he explicado antes es que en este momento no es posible ponerlo. Decir ahora que ‘hay que hacer más clínicos a los gestores y más gestores a los clínicos’, algo que también afirmé en mi toma de posesión, es implantar una gestión mixta de profesionales y gestores. Vale, está bien. Pero, ¿cómo lo evaluamos si no tenemos un programa de gestión? No tenemos unos índices de medida y cuando implantas un sistema de calidad, también tiene que haber un sistema de evaluación con unos indicadores, con un sistema informático preparado y competente para ello. Y eso no lo hay ahora.
¿Es posible hacer una estimación de cuánto presupuesto necesitaría Sanidad para adecuar los equipos?
Yo creo que no mucha. La historia clínica informatizada, que se llama Jimena, estaba implantándose y es potente. Pero llegaron nuevos gestores a la Consejería y apostaron por otro programa, que empezaron a desarrollar y que no ha evolucionado. Yo, lo que también dije en la toma de posesión es que creo que la forma de acortar tiempo, ahorrar gastos y aunar esfuerzos, sería ponerse de acuerdo con otras comunidades autónomas. Yo conozco sistemas informáticos de otras regiones, sobre todo País Vasco, y a la consejería le recomendaba que tuviera las relaciones oportunas para poder llegar a un acuerdo y que nos dieran esa historia clínica. No se hizo ningún caso, pero yo creo que es importante que las comunidades trabajen juntas, no que cada una quiera tener su programa informático, cada una su sistema de información, cada una su tarjeta sanitaria... Eso es irracional.
Usted también ha aludido estos días al envejecimiento de la plantilla y a la necesidad de tomar medidas en ese sentido. ¿Qué haría usted?
Sobre todo, fidelizar a la gente. Con el sistema de contratación existente en la actualidad es muy difícil hacer una gestión preventiva de la edad. Los contratos son para un tiempo escaso y hacen que la gente intente buscarse trabajo en otros sitios, en otras provincias o en otros países.
¿Siguen firmándose contratos de un día en Burgos?
En Primaria sí, sigue habiendo. Se sigue llamando para cubrir días o mañanas. Medicina son seis años de carrera, cuatro o cinco de especialidad, un MIR y terminar para esa porquería de contratos... Es injusto.
¿Y no se puede mejorar las condiciones o no se quiere?
Yo creo que los sindicatos profesionales se tienen que sentar con la Administración y ver de qué manera puede hacerse. Muchos estamos ya por encima de los cincuenta años y ahora hay precariedad en el empleo, pero es que dentro de unos años nos podemos encontrar con que no haya relevo generacional. Hay que ver de qué manera se puede fidelizar a la gente o cómo ir relevando al personal a partir de cierta edad, o que en servicios con un trabajo más penoso como Urgencias o Intensivo se puedan jubilar antes o tener medias jornadas compensadas económicamente... Hay muchas fórmulas que pueden ponerse sobre la mesa.
¿Qué otros problemas urgentes tiene la profesión?
Sobre todo, de estimulación. Llevamos una temporada de crisis, como toda la sociedad. Pero como bien decía el consejero, quien ha pagado especialmente la crisis dentro de la Sanidad somos los profesionales. Afortunadamente y a pesar de que las listas de espera siguen creciendo, los pacientes lo han notado menos. Pero poniendo una balanza, a nivel salarial los profesionales hemos perdido entre un 30% y un 35%; nos han quitado un montón de días libres; y en cuanto a formación, por parte de la Consejería hay poca, porque no hay dinero. Entonces, esto es algo que podemos conseguir a través del Colegio, a través de mutuas o de bancos con los que tenemos acuerdos. Pero a la gente hay que motivarla, aparte de en lo material, con formación, proyectos de investigación o tiempos para reciclarse. Esa es una petición muy frecuente de los médicos, sobre todo de quienes, como yo, trabajamos en hospitales pequeños.
¿Qué margen de maniobra tiene ahí el Colegio?
Poca. Tiene el margen de poder reunirse con los gestores y hacerles entender que eso es importante, tiene la maniobra de juntarse a otros Colegios y llegar a acuerdos genéricos con la Administración... Yo hablaba del Foro de la Profesión Médica, que es una reunión que hacen los Colegios de Médicos con la Administración, con las Universidad y con las sociedades científicas de cara a poner encima de la mesa todas estas reivindicaciones o mejoras que se tienen que hacer.
Hablando de gestión, ¿qué lectura hace de la manifestación en la que 7.000 personas salieron a pedir que la Junta se haga cargo del 100% del HUBU?
Yo creo que en ese tema hay una falta de conocimiento, habría que explicar mejor las cosas. Hay falta de conocimiento por la ciudadanía y, en parte, porque la Administración lo ha explicado mal. Yo siempre he dicho que el ciudadano, que es quien paga los impuestos, tiene la razón y si se manifiestan, sean siete o siete mil, hay que escucharles y explicarles todos los gastos. Yo trabajo en la sanidad, pero también he asistido como usuario al HUBUy no tengo ninguna duda de que la sanidad que tenemos los burgaleses es pública. Otra cosa es que para construir ese hospital se necesitara de la empresa privada, porque cuando se estaba haciendo estalló la crisis, los recursos del erario público no eran suficientes y hubo que echar mano de la empresa privada. Y uno tiene una empresa para ganar dinero, entonces, están pidiendo unas contraprestaciones a muchos años. Hasta ahí todo es lógico, pero la ciudadanía lo que pide es que se le explique y que esas contraprestaciones no supongan una merma de la calidad. Y eso hay que garantizarlo. Pero yo quiero transmitir que la sanidad es pública y de calidad.
Ha sido un argumento recurrente decir que el rescate de la concesión repercutiría, por ejemplo, en la reducción de las listas de espera. ¿Tiene algo que ver una cosa con otra?
Yo creo que no, creo que es independiente porque la gestión de la prestación sanitaria es totalmente pública. No creo yo que la empresa concesionaria influya lo más mínimo en la lista de espera para operar hernias, por ejemplo. Por eso digo que hay que explicar las cosas.
En ocasiones se ha criticado que se recortaba en personal en lugar de hacerlo en la realización de pruebas. ¿Comparte esa opinión, sigue ocurriendo?
Eso es una cosa general, propia de la medicina del siglo XXI. La medicina de hace años, que llamamos armónica y es una medicina sensata, de más contacto del médico con el paciente, del diagnosticar y tratar sin tantas pruebas complementarias, ahora se tiende a una relación menor entre el médico y el paciente y a hacer más pruebas, hay una mayor dependencia de la tecnología.Pero es que el paciente también pide otras pruebas, porque sabe que existen. Entonces, hay que explicarles a los pacientes cuándo se necesita la prueba y cuándo no, para hacer una medicina más sensata.
Sí, pero es algo difícil de entender que si una prueba era necesaria en 2007 ahora, que casualmente estamos en crisis, deje de serlo. O como ha ocurrido con las mamografías, que incluso se llegue a desaconsejar que se hagan después de años de insistencia en sentido contrario.
El problema ahí está en que a los políticos se les llena la boca con programas de cara a la galería y que luego no son posibles. Dicen, ‘vamos a hacer la detección temprana del cáncer de colon y a partir de los 50 años, se le hace una colonoscopia a todo el mundo’. Y luego, hay una persona con unos síntomas clínicos que aconsejan una colonoscopia y tiene que esperar tres o seis meses... Entonces, hay que racionalizar la oferta y explicar qué son las cosas. Ahora, una embarazada quiere una ecografía cada mes.
Sí, pero lo cierto es que hace unos años empezaron a hacerse una serie de  ecografías o de registros y se crearon unas necesidades que, ahora, se cortan de raíz sin causa médica aparente.
Sí, pero es que hay que explicar cuándo es necesario y cuándo no. Y ahí también entra mucho en juego la relación entre Atención Primaria y Especializada, que es muy deficiente y es algo en lo que vamos a trabajar mucho. Hay que dar herramientas para que el especialista, sin salir del hospital o a través de la tecnología, pueda resolver dudas y evitar consultas innecesarias.
¿Y cómo lo van a hacer?
Hablando con los directivos. Intentaremos que el colegio, aparte de tormar su comisión deontológica y de formación, tenga reuniones con las gerencias para explicarles e intentar que, si no se puede hacer una gestión clínica como tal, que sí pueda haber mayor participación en la gestión de gente del Colegio que conoce y que puede asesorar en todos estos temas.
¿Ycómo es que algo que parece tan obvio no se ha hecho de una manera rutinaria?
Bueno, por lo que hablábamos antes: porque las cosas vienen muy dirigidas desde arriba. Hay programas muy limitados y mucha exigencia de cubrir una asistencia, las listas de espera obligan a que a los médicos de determinados servicios se les impongan muchas horas de asistencia y consultas y poco tiempo para reunirse para estas cosas.
Hace poco usted también hablaba de reestructurar plantillas y hacercevaluaciones entre el personal. ¿A qué se refería?
Eso es un proyecto que muy probablemente el Ministerio delegue en los Colegios de Médicos, pero yo todavía no quiero crear ninguna alarma. Se llama la validación de la profesión y es un programa para que, cuando se ponga en marcha, cada un número determinado de años haya un sistema de evaluación o de acreditación para quienes ejercen la profesión. Pero hay que desarrollarlo.
Usted trabaja en Urgencias, ¿ha habido algún avance en la posibilidad de que se reconozca como especialidad?
Esa es una demanda, para mí imprescindible. Es una reivindicación lógica, porque en muchos países de Europa y en Estados Unidos ya existe. El que se demore o que se cree un área de capacitación, como quieren, lo único que hace es generar un descontento y un desconcierto en los servicios de Urgencias que podrían evitar.