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SOS: Carnicerías al rescate

S.F.L.
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Los propietarios de La Majada de Barcina, Isabel Gómez y José Manuel Arnaiz, ven en estos comercios un motor clave para que su negocio fluya. A ellos les suministran los lechazos que desde que estalló la crisis no habían encontrado salida

SOS: Carnicerías al rescate

La única certeza con la que se cuenta a día de hoy es la incertidumbre, una situación en la que los modelos de predicción pueden saltar a la mínima por los aires. La pandemia paralizó la economía y está afectando y afectará a muchas empresas, autónomos y asalariados del país durante un tiempo, por ahora, incalculable. Así, el problema no radica únicamente en que haya aparecido este virus inesperado sino que al hacerlo ha condenado a todo el planeta a someterse al terrible purgatorio de la duda. La propagación del coronavirus ha desatado una crisis sin precedentes en la que a muchos emprendedores les está costando ver la luz al final del túnel.

Isabel Gómez y José Manuel Arnaiz, propietarios de La Majada de Barcina, se han visto obligados a reinventar los canales de distribución de uno de sus productos, el lechazo, y vuelven a suministrar el producto a carnicerías de la zona de Las Merindades, La Bureba y el País Vasco. Desde hace más de una década trabajan directamente para el sector de la hostelería y para particulares pero el cierre de este sector y la imposibilidad de que la ciudadanía se traslade a otras localidades como consecuencia de las medidas de seguridad adoptadas por el Gobierno, han damnificado el presente del negocio.

A lo largo del año venden entre 900 y 1.000 corderos. Sin embargo, el parón en la actividad hostelera generó que las primeras semanas del estado de alarma acumulasen una elevada cantidad de animales que deberían haber salido al mercado. «Hemos recurrido a las carnicerías, que han respondido muy bien, para quitarnos producto pero también congelamos unos 80 ejemplares por si podíamos venderlos», afirma Isabel.

Y en efecto, la empresa Usanza Quinta Gama, una firma radicada en Quintana Martín Galíndez y dedicada a la elaboración de productos especializados para la hostelería, se ha hecho con una cantidad importante de lechazos para incluir en la carta de productos que ofrecerá a sus clientes vía internet. La empresa, cuya facturación procedente de bares y restaurantes corresponde a un 85%, también ha ideado un plan para poder retomar la actividad cuanto antes. Los clientes podrán adquirir a través de la página web saborazogourmet.com algunos de sus platos, entre ellos el cordero, que se vende por cuartos.

Aunque el lechazo ecológico de Barcina tenga un reconocimiento importante dentro de Castilla y León y se conozca a nivel nacional, sus quesos no se quedan atrás. El matrimonio fundó la empresa hace 34 años y desde entonces se ha ido desarrollando. Los inicios nunca fueron fáciles y comenzaron ordeñando y elaborando quesos con la leche que obtenían de sus ovejas churras. Su producto ha viajado a todas las ferias de alimentos ecológicos del país pero desde hace un tiempo tan solo acuden a la de Madrid, en la que siempre logran muy buenos contactos y clientes. No obstante, la bajada de ventas del queso también ha azotado con fuerza.

El mayor canal de venta son los mercados, suspendidos todos desde hace más de dos meses. Si bien se trata de un alimento que puede esperar, no como la carne. Isabel es la encargada de fabricarlos con la ayuda de su hermana. Al cabo del año producen unos 5.000 kilos, que también distribuyen por comercios del territorio. El procedimiento que sigue la elaboración de los quesos curados de oveja churra de Barcina es costoso. Ordeñan a diario entre 200 y 300  hembras y con la leche fresca del día se procede a la preparación en el obrador. Una vez terminado se deja en el secadero como mínimo dos meses hasta que puede comercializarse.

Si por algo son conocidos los dos productos estrella de La Majada es por su excelente calidad. Según los propietarios de la  explotación agroganadera certificada ecológica, la raza churra es autóctona de la región y está muy adaptada al medio. Se trata de una especie muy rentable que da poca leche -aproximadamente un litro diario- pero que contiene mucho extracto quesero, que «es lo que a nosotros nos hace falta para nuestro negocio», expone José Manuel. Igualmente, el matrimonio no utiliza antibióticos ni productos de síntesis en los animales. Añadiendo además que de lo que se alimenta el rebaño lo producen ellos, el resultado final de la carne es de una alta calidad. También son agricultores, por lo que el negocio sigue una cadena. Siembran unas 80 hectáreas en ecológico y todo lo que producen va dirigido al ganado: esparceta, forraje, alfalfa, avena, cebada, trigo y fabricamos nuestro propio pienso. «Todo lo que comen nuestros animales es muy sano y eso repercute en la carne y en el queso», afirma el empresario.

Como para la mayoría de empresarios de la nación, la bajada de ventas está siendo importante. «En nuestro caso tenemos fe y la verdad que no estamos asustados por el futuro de nuestro negocio porque la situación es pasajera y la gente sigue comiendo», afirma Isabel Gómez. El hecho de que su empresa fabrique y distribuya alimentos les da esperanza. Otro punto a favor con el que cuentan es la certificación ecológica de sus productos.  «La gente cada vez busca más la calidad en la comida, digamos que es un aspecto que en los últimos años ha cogido protagonismo», añaden los ganaderos. Las personas quieren conocer lo que se meten a la boca, quién los produce y cómo. «Todo lo que ingerimos es lo que somos y queremos salud», apunta ella. Para la empresa resultaría un paso muy importante que toda la provincia pasase a la fase 1 de la desescalada. Su zona básica de salud, el Valle de Tobalina, lo hará mañana, pero aseguran que poco podrán moverse.

Negocio familiar. La pequeña localidad de Barcina de los Montes, donde habitualmente residen algo menos de veinte habitantes, es conocida -aparte de por ubicarse en pleno pulmón del Parque Natural Montes Obarenes- por la actividad agroganadera de los propietarios de La Majada.

Al igual que profesionales de otros sectores, como los sanitarios o agentes de la autoridad, que continúan trabajando durante esta crisis sanitaria, los seis miembros que forman la plantilla de la empresa han seguido con su habitual jornada laboral, en su granja, en el campo o haciendo entregas de sus productos en las carnicerías.

«Mi hijo Juan y su novia, Beatriz, son parte fundamental del negocio y sin ellos nada sería igual», afirma Isabel, una madre muy orgullosa del trabajo de su retoño y de su compañera de vida.

El joven vive desde que nació en Barcina y gracias a sus progenitores siente una conexión muy especial con la naturaleza, la tierra y los animales. Tras finalizar sus estudios tomó la importante decisión de apoyar el negocio familiar y trabajar en él. «Lo he mamado desde niño y me gusta el campo y desempeñar mis conocimientos en la empresa. Mis padres me han transmitido el amor a su trabajo y al final opté por quedarme en el pueblo», explica Juan Arnaiz.

Conoció a Beatriz, que se dedicó profesionalmente al sector sanitario como auxiliar de enfermería hasta que decidió dejarlo todo y comenzar una vida nueva al lado de su pareja. «Es una más de la familia y nos encanta que trabaje con nosotros», expone la matriarca.  

Pese a que los cuatro miembros de la familia conocen al dedillo todas las funciones ha desempeñar día a día, si es verdad que cada uno tiene marcadas las suyas. Isabel se dedica a la fabricación de quesos y a su venta en los mercados. José Manuel gestiona la venta de los lechazos y trabaja el campo y los jóvenes hacen un poco de todo. A la hora de ordeñar y encargarse del rebaño de ovejas todos se ocupan.

Así, la España Vaciada cuenta con personas que buscan una tranquilidad que la ciudad no les aporta, pese a que en el caso de Beatriz, es muy consciente de las comodidades que quedan por el camino. En la pedanía no hay tiendas, ni discotecas, ni bibliotecas, ni muchas cuadrillas de jóvenes pero sí un encanto especial.

La vida en el entorno rural le aporta felicidad, al igual que a su novio. Cuando necesitan un pequeño cambio de aires se marchan a esquiar, a cenar con sus amigos a otras localidades o a disfrutar de unas vacaciones. Lo bonito de esta historia es que lo dan todo el uno por el otro y que juntos forman un gran equipo.