Blanca, radiante y bien acompañada

M.S.B. / Burgos
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Gran animación y día espléndido en la Romería de la Virgen Blanca, que sirvió de entrenamiento para el Curpillos, el día 12

La Virgen de la Blanca a su llegada a la campa donde estuvo su iglesia hasta 1813. - Foto: Luis López Araico

Hablar del tiempo suele denotar de no se tiene nada más interesante que comentar o compartir. Pero aquí no es el caso. Para que el éxito acompañe a un evento campestre es casi imprescindible que el termómetro, el sol, las nubes y los vientos se pongan a buenas y generen un ambiente agradable, ni frío ni sofocante. Esto contribuyó de manera especial a que la de ayer fuera en el Castillo una jornada de fiesta excelente, a medio camino entre el fervor religioso hacia la Virgen de la Blanca, el disfrute de los pinchos tradicionales que ofertaron varias peñas (entrenamiento para el Curpillos en el Parral, el viernes 12 de junio) y de los platos gratuitos de paella, y de un día de campo entre árboles a pocos minutos de casa y a la ‘sombra’ de la histórica fortaleza burgalesa. 
El mes de mayo se despidió ayer congregando en torno al Vagón del Castillo a miles de personas en la Romería de Nuestra Señora de la Blanca. La campa enfrente de este singular local hostelero lleva ese nombre porque allí, desde el siglo IX hasta que en 1813 la volaran las tropas napoleónicas, estuvo esa iglesia de advocación mariana. Y allí tuvo lugar a misa, que estuvo presidida por Vicente Rebollo.
A pocos metros, detrás del Vagón, el aparcamiento se convirtió en animado ‘restaurante’, ya que en este espacio instalaron sus cocinas y barras un buen puñado de peñas. Y también estaban las grandes paelleras que trabajaron a pleno rendimiento para ofrecer desde las dos y media unas 6.000 raciones de paella gratuitas. 25 voluntarios coordinados por Dionisio Bello hicieron posible que los productos donados por Alcampo alimentaran a los romeros, algunos de los cuales ‘vigilaron’ desde la sombra pacientemente todo el proceso culinario, que precisó de 500 kilos de arroz. El montaje de la paellada popular comenzó a las 7 de la mañana. Hubo colas, se repitió y se hicieron muchas fotos con los móviles. Como ya es también tradición.
 
San Pedro de la Fuente.
La Virgen de la Blanca, como bien lo especifica una placa en la fachada, ‘reside’ en la iglesia jacobea de San Pedro de la Fuente. Desde allí partió a las 12 de la mañana rodeada de flores y a hombros de cuatro hombres rumbo al Castillo. Entre el millar de personas que arroparon a esta imagen estaba el alcalde en funciones, Javier Lacalle, y sus concejales José Antonio Antón y María José Abajo (luego se sumaron otros corporativos). También hicieron la ‘ascensión’ los ediles socialistas electos Daniel de la Rosa y Marimar Arnaiz. Y si de tradiciones hablamos (esta recuperada hace varios lustros), no podían faltar los trajes regionales, las castañuelas, la dulzaina y el tamboril. 
La tarde se tornó en bailes, juegos, columpios, sobremesas y alguna siesta en el césped. Hasta que llegó la hora de recoger los bártulos, ir a buscar los coches (cientos de ellos repartidos por todo el cerro de San Miguel) y pensar que ya queda menos para el Curpillos. Y a ver si hay suerte, hace un día tan espléndido como ayer y ya no quedan pelusas.