El desplome del tráfico reduce a la mitad la contaminación

H.J.
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El frenazo del tránsito de vehículo tiene efectos decisivos sobre los gases que emiten los coches, algo que se notó principalmente durante las semanas de confinamiento más estricto

La contaminación en Burgos ya está por debajo de la mitad - Foto: Alberto Rodrigo

La obligación de quedarse en casa también tiene efectos directos en la calidad del aire. Aunque Burgos es una ciudad con el ambiente relativamente limpio, donde es mucho más difícil apreciar consecuencias inmediatas que en las grandes ciudades, el transcurso del último mes ha consolidado tendencias que podían intuirse y que ahora se pueden comprobar empíricamente.

La Junta de Castilla y León tiene dos estaciones de medición del aire en la capital, una de ellas situada entre las calles Fátima y Santa Bárbara (llamada Burgos 1) y la otra en el entorno de Fuentes Blancas (Burgos 4). Esta última, por tanto, está fuera del cogollo urbano y además sufrió una inundación por lluvia que la dejó inutilizada unos días durante el mes marzo, así que analizaremos únicamente las cifras de Burgos 1.

En ella, el dióxido de nitrógeno se ha reducido a menos de la mitad si comparamos la primera quincena de abril con las de marzo y febrero. Concretamente, durante los primeros 15 días de este mes se ha obtenido un valor medio diario de microgramos por metro cúbico de 8,86. En la primera mitad de marzo, justo antes de que se decretase el Estado de Alarma, se registró una cifra promedio de 18 mientras que entre el 1 y el 15 de febrero fue de 17.

Además, la reducción de la contaminación se va profundizando puesto que durante la segunda quincena de marzo, la primera con los movimientos restringidos, todavía se obtuvo un valor de 11,8.

Tal y como explica Alicia Pascual, del Aula de Medio Ambiente de la Fundación Caja de Burgos, la mayor parte de este NO2 «tiene su origen en la oxidación del óxido de nitrógeno (NO) que se produce en la combustión de los motores de los vehículos, fundamentalmente los diésel. El NO emitido por los motores, una vez en la atmósfera, se oxida y se convierte en NO2».

Desde que la mayor parte de la población no puede salir de sus hogares, este contaminante se mantiene constante entre valores de 5 y 10 microgramos por metro cúbico diarios, cuando antes hubo picos muy llamativos de hasta 42 el día 11 de marzo o de 37 el 6 de febrero.

Por su parte, el NO tuvo su último ascenso llamativo entre los días 10 y 12 de marzo cuando se alcanzaron valores de 12 y 29 mg/m3, respectivamente. A partir de ese momento se ha mantenido estable entre los 4 y los 5 diarios, con algún máximo puntual de 6.

De nuevo Pascual apunta que «en las zonas de gran aglomeración de tránsito, los automóviles llegan a producir cerca del 60% del total de óxidos de nitrógeno. Últimamente la industria del automóvil hace un importante esfuerzo en el sentido de instalar, en sus modelos, catalizadores que aceleren la descomposición del ácido nítrico en sus componentes originales, nitrógeno y oxígeno, para rebajar la emisión de este contaminante. Estos gases originan la disminución de la visibilidad, la corrosión de materiales y la disminución en el crecimiento de algunas especies vegetales de importancia agrícola, que son los efectos principales producidos por estos compuestos».

Monóxido y partículas. Otro contaminante derivado de la combustión de automóviles o fábricas es el monóxido de carbono (CO). En él también se aprecia una caída a partir de marzo. Durante muchos días, entre el 10 y el 23 del mes pasado, se mantuvo estable en 0,1 microgramos por metro cúbico y aunque después ha repuntado ligeramente hasta los 0,3 o 0,4 no ha llegado nunca a niveles de 0,6 o 0,7 como en febrero.

Finalmente, las partículas en suspensión (PM10) son un contaminante mucho más variable, que no solo depende de las actividades humanas (labores agrícolas, obras que generan polvo o actividades industriales) sino también de fenómenos naturales y de las condiciones meteorológicas. Aun así, el último gran pico tuvo lugar el 25 de marzo con 26 microgramos por metro cúbico. Desde entonces se ha estabilizado entre los 8 y los 9, con reducciones incluso superiores hasta llegar a niveles de 3 o 5 (como ocurrió el pasado jueves).