Teresa Arija, maestra 24 horas, dentro y fuera del aula

I.M.L.
-
Teresa Arija, maestra 24 horas, dentro y fuera del aula

Tras toda una vida ligada a la educación en el entorno rural, esta docente recibe uno de los premios de Escuelas Católicas de Castilla y León por su implicación con todos sus alumnos

Por ayudar en todo momento a sus alumnos, por sus palabras de aliento para ellos, a los que animó siempre a luchar por sus sueños, sin importar lo lejanos que les pudieran parecer; y por ser exigente con ellos, para que den lo mejor de sí mismos y no darse nunca por vencidos. Así argumentaba el jurado de los Premios Escuelas Católicas Castilla y León 2019 el galardón que mañana va a recibir Teresa Arija Fernández, que hasta el curso pasado, y desde 1975, ha ejercido su profesión en el Colegio San Miguel de Roa.

A pesar de su jubilación, esta maestra de vocación no ha dejado de colaborar con todo aquello que le piden desde el centro en el que ha desarrollado su carrera y cuando pasea por las calles raudenses se cruza con alumnos suyos, de hasta tres generaciones, padres, hijos e incluso nietos que han pasado por sus manos y que le recuerdan porqué quiso dedicarse a la enseñanza. 

¿De dónde le viene a usted esta vocación por las aulas?

De mi madre, ella también fue maestra en escuelas rurales, estuvo durante muchos años en la zona de Melgar de Fernamental y yo le acompañaba muchas veces a sus clases cuando el horario me lo permitía.

Recuerdo aquellas pequeñas aulas, con pocos alumnos y unitarias, donde se mezclaban los distintos niveles, y mientras ella daba clases a unos, yo me dedicaba a leer con otros o a hacer cuentas. Tenía 11 años y era como una alumna más de sus escuelas, era todo más cercano y nos sentíamos como una familia. 

¿Qué le gusta más que le llamen, maestra o profesora?

Yo siempre me he definido como maestra, porque me gusta más esta palabra, me siento orgullosa y me más identificada porque entraña más sensaciones, más vivencias, más responsabilidad que cualquier otra definición del docente. Tiene una connotación más vocacional y más cercana, porque para mí es ser casi madre, educadora, cuidadora, enfermera,... Un maestro tiene que hacer de todo.

Esta profesión yo la he desarrollado no solo en el entorno del aula, tal vez por trabajar en el medio rural y en un pueblo donde todos nos conocemos. Al ser un colegio más pequeño, hay más afinidad y siempre te encuentras con alguien en la calle y yo no he dejado de ser maestra en la calle. Cuando veo alguna cosa de mis alumnos, de mis niños, que están haciendo algo fuera de las aulas que no está bien, siempre he ido a decírselo, como si fuera su madre. Me he sentido maestra 24 horas y tengo la satisfacción de conocer a la gran cantidad de alumnos que han pasado por aquí. 

Con su larga experiencia de más de 45 años impartiendo clases, ¿ha cambiado mucho la educación y el entorno educativo en todo este tiempo?

Yo he comprobado que ha cambiado mucho, tanto por los alumnos como por las familias. Sin meterme en terrenos pantanosos, esos cambios pueden deberse a la propia evolución de la sociedad y a los distintos planes educativos, ya que la gente que está en el poder y es quien tiene que decidir no escucha a los maestros, que son los que conocen el día a día y que están por ahí en tantos pueblos, sean de la pública o de la concertada.

Antes teníamos menos recursos y aquí nos ha costado mucho sacar adelante los proyectos, los profesores también estábamos fuera del horario escolar. Además, ahora los alumnos les veo más interesados por el estudio, con más ganas de aprender y conocer. Y los padres me han apoyado muchísimo, nos decían que nosotros sabíamos lo que teníamos que hacer, no se metían en nuestro trabajo, porque cuando riñes a un niño no lo haces porque le tengas manía, es porque quieres corregir una conducta.