"Tenemos un vínculo con las personas atendidas"

F.L.D.
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El reparto de comida y medicamentos, la desinfección o el apoyo a los sanitarios son algunas de las labores de Protección Civil

Una voluntaria de Protección Civil realiza un reparto en un domicilio. - Foto: Valdivielso

Unos días antes de que la covid-19 obligara al Gobierno a decretar el estado de alarma, los voluntarios de Protección Civil ya habían comenzado a planificar una posible organización de efectivos en caso de que la situación empeorase. Todas sus previsiones, por muy catastrofistas que pudieran parecer en un principio, que quedaron muy pronto cortas. Saben cómo puede empezar el turno, el día, pero nunca la manera en que acabará. Han vivido momentos duros, que en ocasiones se han resuelto con lágrimas, pero saben que es momento de mirar hacia adelante. Su servicio es uno de los más valorados por los burgaleses, especialmente por los más de 100 a los que han ayudado en el acopio de alimentos y medicamentos. 

Álvaro Díez, responsable operativo, reconoce que «nunca nos hubiéramos imaginado que tendríamos que cambiar de una manera tan rápida y radical nuestra forma de trabajar». Desde que el Ayuntamiento les encargó precintar los parques para que los niños no pudieran acceder a ellos como medida de seguridad, solo han ido cargando tareas en su mochila.  «Hemos pasado de hacer unas labores preventivas y rutinarias a realizar  turnos de trabajo diarios intensos», añade.

A la función que más tiempo dedican los voluntarios de Protección Civil es al reparto de comida y medicamentos a personas mayores y en situación de vulnerabilidad. De recoger los pedidos se encarga Estefanía Miñón, quien ha establecido ya un seguimiento con todos los atendidos: «Se nota que muchas veces te llaman porque necesitan hablar. Ya les conoces a ellos y a sus necesidades y las cosas son mucho más fáciles para todos». 

Dos efectivos se disponen a montar la carpa donde se realizan test rápidos en San Amaro.Dos efectivos se disponen a montar la carpa donde se realizan test rápidos en San Amaro. - Foto: Valdivielso

Una vez que tienen la lista del supermercado y de la farmacia, un equipo de voluntarios que van rotando se encargan de acudir a los domicilios a recoger el dinero. Posteriormente realizan la compra y la llevan a su destinatario. Todo ello con las correspondientes medidas de higiene, desinfección y de seguridad. El protocolo es mucho más férreo con aquellos que han dado positivo en coronavirus. 

En estos casos, los voluntarios acuden ataviados con equipos de protección individual y desinfectan cada paso que dan en el portal de la persona atendida. Todo ello coordinado con el personal del servicio de salud de Castilla y León y con trabajadores sociales del Ayuntamiento de Burgos. «Nos lleva mucho más tiempo y el riesgo también es mucho mayor, pero toda la agrupación está muy implicada y el trabajo se está sacando muy bien adelante», asegura Díez. 

Las labores de reparto se extienden también a otras localidades del alfoz (en concreto 14) y no solo se reduce a comida y medicamentos, sino que también se han encargado de distribuir las pantallas de protección que fabricó la Universidad de Burgos. Un trabajo que, a medida que fue perdiendo urgencia, también ha disminuido. 

La agrupación también realiza trabajos de desinfección.La agrupación también realiza trabajos de desinfección. - Foto: Valdivielso

Pero esa función humanitaria es solo una cuarta parte del trabajo que diariamente realizan en Protección Civil. El servicio municipal cuenta también con un equipo de cuatro personas que van rotando para la desinfección de los accesos de lugares donde se suele congregar un gran número de personas, como pueden ser los centros de salud, la Comisaría de Policía o el edificio de la Junta de Castilla y León. Asimismo, son los encargados de montar la carpa de San Amaro, donde se realizan los test rápidos. 

Turnos adaptados para dar cubrir lo previsto. «Pueden surgir muchas cosas, pero es algo de lo que todos somos muy conscientes cuando venimos a trabajar. Si tenemos que quedarnos algo más de tiempo cuando termina el turno lo hacemos», indica el responsable operativo. De ahí que un turno que, a priori, está programado con antelación para que vayan 10 personas pueda cambiar en cuestión de horas y que se duplique para dar cobertura a todo lo que hay en previsión. 

«No solo participan los que salen a pie de calle, también es muy importante lo que hacen los que están en sus casas, que en ciertos momentos colaboran en lo que haga falta». Eso es, subraya, lo que les hace mantener el ritmo con la misma motivación que el primer día, aunque no esté exento de sufrimiento y momentos duros: «No me avergüenza decir que he llorado. Creo que pocos son los que no lo han hecho. A veces es necesario». 

Estar en primera línea de esta lucha diaria contra la pandemia les hace ver cosas que nunca hubieran imaginado, pero prefieren quedarse con los momentos buenos, porque ya habrá tiempo para hacer balance de todo lo vivido. «Creo que ahora es imposible procesar toda la información. Tendrá que pasar un tiempo después de que esto acabe para darnos cuenta», vaticina Estefanía Miñón. 

Su labor al frente de la tramitación de pedidos le ha permitido generar con las personas que atiende una relación especial, «un vínculo». Se implica a la hora de mirar algunas recetas para adelantarse a la próxima vez que tenga que llamar para acordar un nuevo reparto. Siempre se ha dicho que este tipo de crisis suele sacar lo mejor de las personas.