Canciones que hacen chiribitas

A.S.R.
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Sioqué presenta el viernes en La Rúa su primer álbum, 'Singular', con once creaciones que amalgaman rock, soul y blues y hablan de las pequeñas cosas de la vida

Sioqué lo forman Martín Queija, Marina López, Álvaro Guinea y Cristian Barquín (de i. a d.), que posan en su local de ensayo de Andén 56 antes del gran día. - Foto: Luis López Araico

Nervios, ganas, liberación, tensión, deseo son las palabras que brincan en el local de ensayo de la Sala Andén 56. Las lanzan los cuatro músicos de Sioqué ante el inminente estreno de su primer álbum, Singular. Marina López (voz y guitarra), Martín Queija (bajo), Cristian Barquín (guitarra) y Álvaro Guinea (batería) lo acarician, lo miran con ojos golosos, lo observan henchidos de felicidad. Ese pequeño objeto encierra incontables horas en el local, un espacio en el que apenas cabe el cuarteto, pero que resume sus cuatro años de trayectoria: pasión por la música traducida en los mil y un cachivaches e instrumentos desparramados, escapadas en busca de una escurridiza musa, influencias musicales que se hacen papel en la pared (Johny Cash, Joy Division...), premios levantados por el camino, alfombras estiradas en busca de un calor que a veces se resiste, un collage de fotografías Polaroid que irradian complicidad o el calendario del taller Clementino García López, que marca la cuenta atrás para la presentación de este disco el viernes en La Rúa (21 horas, invitaciones a través de las redes sociales y en la sala).

Los cuatro miembros del grupo hacen malabares con el tiempo para juntarse y ensayar ya que la mitad, Marina y Álvaro, vive fuera. Ya no les preocupa. Ya se conocen. Ya solo necesitan una mirada para ir todos a una. Lo hacen también para desgranar cada uno de los once temas de Singular, once historias mecidas por el soul, blues y rock y la personal voz de Marina que hablan de las pequeñas cosas del día a día.

13 de diciembre, fecha elegida al azar, entró en el trabajo en el tiempo de descuento. Estaba verde. Mucho. Incluso la intro se grabó en plan casero en el local. Cuentan que habla del recorrido seguido hasta alcanzar un sueño, de los porqués y los qués que se arrastran en el camino con una melodía agradable al oído, llevadera, fluida, bailable...

...Que conduce hasta Salitre, ese lugar al que volver siempre, el refugio, inspirado en Antas, un pueblo gallego donde veranea la cantante desde niña. Esta canción se erige como esencial no solo en el disco, también en la trayectoria del grupo: «Nos indicó la dirección por la que seguir, resume nuestras dos caras, la roquera y la de soul, en un equilibrio que en el resto no se da».

Con un «blues arrastrado» hablan de echar de menos algo que tienes sin darte cuenta de que estaba ahí en Ya no me acordaba y con ese compás continúan en la que, dicen, es la más sexy, de cantar y de oír: Ruda y dulce. También, quizás, necesita una segunda oportunidad para gozarla plenamente. La guitarra y Galeano (Los hijos de los días) la coprotagonizan.

La más vieja es Tu color negro. Se grabó en 2016 para el Concurso Música Joven y ha dado mil vueltas. Es el eterno descarte. Si había que quitar canciones para un concierto, era ella; si había que prescindir de una para el disco, era de ella. Hasta que pasó de Cenicienta a princesa (ha sido uno de los singles) por la varita mágica de los productores, David Ruiz (La M.O.D.A.) y Santiago Mancho.

A ninguna parte nació de unos acordes espontáneos a los que se unió la voz de Marina. Delicada, llevadera, ideal para escuchar un sábado por la mañana con un café, se resistió el estribillo y regaló un imponente solo de guitarra. Quizás, quizás es la que más disfrutan tocando.

En un retiro espiritual, entre comillas, en Soria salió Gente de a pie, la única con coros, en la que confluyen las personas que se cruzan cada día en el supermercado, que comparten el mismo jefe cabrón o corren para coger un autobús. Precisamente, un viaje en bus a Madrid para ver a los ingleses Nothing but thieves sopló Báilate a Queija, que además firma la más roquera: R.O.S.

Espacio temporal comparten Empezar, a la que también le costó hacerse valer, que habla de la necesidad de cambiar, y Little woman, la única que mantiene la letra en inglés de sus inicios para contar la historia de una mujer que se repone a las heridas de la violencia de género y que, coinciden todos, los representa. Y mucho.