Lacalle rescata el proyecto del túnel de la Camposa

Á.M.
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Lacalle vuelve a soñar con el túnel del Castillo

El alcalde quiere lanzar el concurso para contratar una obra que incluye en su programa electoral. Calcula que costaría 7 millones y estaría listo en 2021

Burgos sólo tiene un accidente geográfico: el cerro de San Miguel. El Arlanzón ejerce sus funciones de eje natural y ordena la capital en su discurrir, pero el alcor sobre el que se erigió la fortaleza medieval es la única barrera natural entre barrios que aún hoy se salva con ciertas dificultades. Así, sucede que entre el centro histórico y los distritos del Noroeste (Fuentecillas, San Pedro de la Fuente, Villalonquéjar...) hay una distancia que, medida en línea, no es tal.

Los intentos por tratar de hacer el collado permeable al tráfico vienen de lejos. Actualmente existe un único paso, pero funciona de forma unidireccional. Se trata del vial que parte de Francisco Salinas desde las calles Murallas y Corazas y, a través de la última, alcanza el Casco Alto en la calle Alvar Fáñez. No es la carretera más cómoda y segura de la ciudad, pero a cambio queda bastante bien integrada en el espacio natural que constituye el cerro. Eso sí, es de una sola dirección. Permite ir desde Fuentecillas al Casco, pero no al revés.

Hace ya un cuarto de siglo que se planteó la posibilidad de construir un túnel que, siguiendo el mismo trazado, garantizara el tránsito bidireccional y, de paso, sacara los vehículos del parque. Sin embargo, esa previsión se ha topado con varios problemas. Además de su coste y complejidad técnica, el túnel obligaría a reurbanizar la zona del Casco Alto para poder construir unos giros hacia la bocana que cumplieran la legalidad. Además, Patrimonio ya pidió mucho ojo con lo de meter las máquinas en una zona arqueológica. Por eso ningún alcalde se ha atrevido a plantear esa cuestión.

La alternativa comenzó a estudiarse en el año 2009. Los técnicos municipales plantearon hasta tres posibilidades para horadar la loma y pasar el tráfico por las entrañas del otero. La primera era la reseñada (pasar un túnel bajo la calle Corazas), la segunda pasaba por construir un túnel mucho más largo que uniera San Francisco con la glorieta de Hungría de la avenida de la Independencia, mientras que la tercera se alejaba de la zona más sensible, en términos tanto patrimoniales como medioambientales, del cerro. 

La elegida fue la tercera opción. Juan Carlos Aparicio era el alcalde entonces y Javier Lacalle, concejal de Fomento. El estallido de la crisis y la dañada economía municipal, endeudada hasta más allá de lo permitido, relegaron el proyecto al cajón a los caídos por la gracia de las vacas flacas... Hasta que se aprobó definitivamente el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), en el año 2014. El llamado túnel de San Miguel se incluyó en el documento sin renunciar al del Castillo. Pues bien, su padre político lo ha sacado del cajón y quiere ejecutarlo.

 

MENOS DE UN KILÓMETRO

«La inclusión en el Plan General dio carta de naturaleza al proyecto. El Ayuntamiento ya ha superado sus problemas económicos y ahora mismo es un proyecto perfectamente realizable, asumible y ejecutable. Mi previsión es sacar a concurso la redacción del proyecto este mismo año para que se pueda ejecutar entre los años 2020 y 2021», avanza Javier Lacalle, que sabe que tendrá que incluir esta propuesta en su programa electoral para revalidar la Alcaldía, ya que podrá decidir la ejecución del proyecto si las urnas le permiten revalidar el cargo. «Será una de nuestras propuestas más potentes», resuelve. En cualquier caso, reabre un debate del que podrán participar todos los grupos políticos en un periodo particularmente sensible.

El cálculo reflejado en el Plan General señala que el coste del paso superaría los 15 millones de euros. Por contra, Lacalle, que la semana pasada estuvo reunido con técnicos del área de Fomento para plantear de nuevo la cuestión, asegura que «son cálculos que se hicieron de forma muy superficial y contando con construir un túnel con dos carriles por sentido». En su revisión del presupuesto, el alcalde y candidato a la reválida afirma que «el coste real estaría en torno a los siete millones de euros, una cantidad que el Ayuntamiento no tiene ningún problema para asumir, y menos con los remanentes presupuestarios que estamos teniendo».

Tipos de túneles hay muchos, y el punto de partida es dilucidar de qué han hablado exactamente el alcalde y los técnicos. Y de lo que han hablado es de un vial de 831 metros con una bocana en La Camposa (final de la calle Padre Flórez, que además marca el itinerario en línea recta) y la ronda interior Norte, justo en el actual cruce del cementerio, donde se construiría una nueva rotonda. 449 metros discurrirían bajo el cerro en forma de túnel con un carril de 3,5 metros por sentido y aceras de tres metros de anchura, lo que llevaría el ancho total de la perforación a los 16 metros. El referente está muy cerca y es bastante conocido por los burgaleses: el túnel de Puertochico, en Santander. Se trata de un paso de 675 metros que permitió conectar el tráfico rodado y peatonal entre el centro de la capital cántabra y los barrios del Norte. Casi el mismo caso.

La inclusión del proyecto en el PGOU fue la decisión crítica para su posterior desarrollo. Entre otras cuestiones obvias, facilita notablemente las expropiaciones necesarias para su ejecución. Buena parte del terreno afectado es municipal, pero hay una zona (en la cara Norte, hacia el cementerio) que es suelo rústico de titularidad privada. Los cálculos oficiosos que han hecho en Alcaldía estos días señalan que el coste de esa expropiación, ya contemplada en planeamiento, ascendería a un máximo de 150.000 euros.

 

ALCANCE REAL

El túnel de San Miguel no se dibujó sólo como una alternativa de carácter ‘doméstico’. Su proyección persigue resolver algunas cuestiones de mayor calado. Por ejemplo, dar una salida a todos los vecinos del centro histórico a la circunvalación de la ciudad, sobre todo en sentido Cantabria, País Vasco y León. Al obligar a construir una rotonda en su enlace con la ronda interior, acabaría con el cruce de acceso al cementerio, que provoca el corte secuencial del tráfico  en la avenida Cajacírculo. Por último, mejoraría la permeabilidad con el mayor polígono industrial de la región (Villalonquéjar), donde trabajan en torno a 10.000 personas.

La propuesta de Lacalle supone su regreso a la política estratégica en materia de Movilidad, sobre todo después del fiasco de la calle Santander, donde la improvisación se hizo patente. En cuando al otro túnel, el del Castillo, el alcalde termina admitiendo estar «seguro de que algún día se hará, pero ahora creo que es mucho más necesario, viable y oportuno centrarse en el de San Miguel».