Bentretea desaparecerá como pedanía

S.F.L.
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María del Mar Arnaiz, alcaldesa en funciones, gobernará la junta vecinal hasta que se apruebe la solicitud. El pueblo, que pasará a ser un barrio de Oña, conserva a 4 empadronados pero solo reside uno

El único habitante de Bentretea pasea por las vacías calles de una localidad que, en verano, se acerca a los 200 vecinos. - Foto: S.F.L.

Los únicos cuatro empadronados en la pequeña localidad de Bentretea han solicitado a la Junta la disolución de la pedanía y pasar a formar parte del municipio de Oña. Esta decisión se ha tomado porque resulta «imposible» la gestión de la junta vecinal con los pocos recursos de los que dispone. La escasa población y la falta de presupuesto han llevado a la alcaldesa en funciones, María del Mar Arnaiz, y a los dos concejales que forman la corporación a tomar la decisión.
En 2019 no se presentaron candidatos a las elecciones locales que quisieran hacerse cargo de la entidad menor, por lo que Arnaiz no tuvo más remedio que continuar como regidora en funciones. Esta situación se alargará durante un año aproximadamente, hasta que la administración regional realice los trámites necesarios para que Bentretea se convierta en un barrio de la villa condal. «Es la única solución que contemplamos. Con los ingresos que recibimos de las tasas de los vecinos y las ayudas de la Diputación y del Consistorio oniense no podemos ejecutar prácticamente nada. He luchado mucho por el pueblo pero ya estoy saturada», declara a este periódico la primera edil.
En Bentretea se levanta un buen puñado de casas perfectamente conservadas -unas cuarenta- y en época de vacaciones y temporada estival la pedanía aglutina casi a dos centenares de vecinos. El problema es que de todos ellos solo hay censados cuatro. La realidad supera la ficción y únicamente uno reside durante todo el año. La dos únicas persona que DB se ha encontrado en el pueblo al visitarlo disponen de vivienda. Se trata del vecino solitario y del marido de Arnaiz. Ante esta desoladora estampa, la política lamenta que nadie haya cogido las riendas del pueblo. «La gente que tiene aquí sus casas se marcha a las ciudades y no quiere preocupaciones», admite. Además, asegura que ninguno quiere empadronarse, no se respetan las normas y considera que el principal problema es el «pasotismo y el desinterés» mostrado sobre el mantenimiento del pueblo por la mayoría de los vecinos que acuden los fines de semana o en vacaciones. «Queremos servicios pero no implicarnos en nada. En una localidad tan pequeña todos deberíamos arrimar el hombro para intentar que la vida en Bentretea no se acabe», expone la primera edil.
Al equipo de gobierno de Oña -el municipio al que terminará perteneciendo la junta vecinal- la solicitud no le ha sorprendido. Desde el momento en que forme a pasar parte de la villa, será está la que se tenga que encargar de su mantenimiento y limpieza. «Tenemos que ofrecer los mismos servicios de los que disponemos nosotros pero también nos beneficiaremos de los recursos propios de la localidad, como el coto de caza o el arrendamiento de fincas», manifiesta Arturo Pérez, el alcalde oniense.
ACTUACIONES.

En los últimos años en Bentretea se ha recuperado la cubierta de la iglesia, un salón de reuniones del Ayuntamiento y el antiguo lavadero. Asimismo, se ha ejecutado el cambio a iluminación led y el arreglo de caminos.