Las tiendas de alimentación venden entre el 10 y el 25% más

R.M.
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La necesidad de salir lo menos posible y las largas colas en medianas y grandes superficies llevan a los consumidores a volver la mirada a los establecimientos de barrio, que están viendo repuntar sus ingresos

Las ventas de las pequeñas tiendas de alimentación han aumentado entre el 10 y el 25%. - Foto: Valdivielso

Mucho se ha hablado en este mes largo de confinamiento del incremento de ventas de las medianas y grandes superficies, pero lo cierto es que también las pequeñas tiendas de alimentación de barrio están experimentando un repunte en su facturación. Un alza de entre el 10% y el 25% que va acompañado de una mejora en la imagen de cercanía y servicio que ofrecen estos profesionales, muchos de los cuales, por ejemplo, llevan los pedidos a casa de aquellas personas más vulnerables a la enfermedad.

Carlos González (Charcutería Castellana - calle Guiomar Fernández, 24): «Los vecinos ya se han dado cuenta de que no va a faltar nada»
Carlos González comparte con otros comerciantes la cifra de incremento del 10% en el volumen de ventas de su tienda, Charcutería Castellana, en el G-3. Dedicada sobre todo a los embutidos y legumbres de calidad, su propietario cree que tras unos primeros días «en los que se notó la falta de información y la gente pensaba que los productos se iban a terminar, los vecinos se han dado cuenta de que no va a faltar nada y la única molestia es que tienen que esperar». 

Eso sí, también habla de un cambio de hábitos. Si en Semana Santa la harina, la levadura y la canela han sido unos auténticos superventas, los primeros días lo más demandado fueron los productos envasados al vacío.

Un cartel advierte de una distancia de seguridad a mantener que todos los clientes respetan. Un cartel advierte de una distancia de seguridad a mantener que todos los clientes respetan. - Foto: Valdivielso

Otro cambio, en este caso interno, es el incremento del reparto a domicilio. Siempre han tenido clientes de edad avanzada, a algunos de los cuales ahora les llevan el pedido a casa. «Son personas que ahora no salen por precaución y tratamos de atenderles porque incluso los hay que viven solos», apunta.

Desde luego no todo es de color de rosa en el momento actual, y este comerciante habla de las dificultades para encontrar equipos de protección, como guantes y mascarillas «Hasta que no las veamos no nos creeremos las promesas de que va a haber», relata. También reflexiona sobre el miedo que existe, tanto por el tema sanitario como por el laboral, entre los clientes. «Hay incertidumbre, hay quien está en un ERTE, familias donde solo trabaja uno de la pareja y hay que pagar hipotecas, impuestos... y se nota», concluye.

Mientras, Chelo aguarda pacientemente turno en la puerta de la charcutería, donde no es extraño ver a 4 ó 5 personas esperando. «Es lo que toca», asegura sonriente, añadiendo, ante el asentimiento de sus compañeros de fila, que tanto en su caso como en general en todo el G-3, se consume bastante en las pequeñas tiendas. 

En esta pescadería el género siempre estado protegido por una cristalera, mucho antes del coronavirus. En esta pescadería el género siempre estado protegido por una cristalera, mucho antes del coronavirus. - Foto: Valdivielso

Alfredo Presencio (Pescadería angelines - calle San Pedro y San Felices, 25): «Al principio pedían más cantidades pero ahora está todo normal»
Más que un aumento de clientela, en Pescadería Angelines, en San Pedro y San Felices 25. Alfredo Presencio ha detectado más caras nuevas entre quienes se acercan al mostrador cada día, quizás porque ahora los hijos u otros familiares son quienes les hacen la compra a unos mayores que antes bajaban a la calle y ahora permanecen en casa por precaución. O tal vez porque el no tener que ir a trabajar ha cambiado el rol de quién hace la compra.

Pese a tratarse de un negocio que trabaja con género muy perecedero, Presencio asegura que no ha habido ningún problema de abastecimiento, y que las variedades que entran son las habituales. «Puede que falte algún pescado o que alguno haya subido de precio, pero no creo que sea por el coronavirus», reflexiona. Igualmente, la revolución culinaria que parece que se vive en muchos hogares no parece haber alcanzado a los productos del mar y no se está produciendo una mayor demanda de productos más especiales, que Presencio circunscribe a la época navideña, que sin duda sigue siendo la temporada alta para sector.

Eso sí, lo que sí creció, sobre todo al principio, son las cantidades que se compraban. «A lo mejor, en lugar de un verdel te pedían 4, o un kilo de anchoas en lugar de 250 gramos, pero ahora ya está todo más o menos normal», señala este pescadero.

Los primeros días, Begoña Ortega vendió muchas conservas, ahora proliferan los pequeños ‘caprichos’. Los primeros días, Begoña Ortega vendió muchas conservas, ahora proliferan los pequeños ‘caprichos’. - Foto: Valdivielso

Begoña Ortega (Conservas artesanas Casa Alicia - calle San Pedro y San Felices, 33): «Lo que no consumimos en los bares, ahora lo tomamos en casa»
Los ultramarinos es otro de los sectores en los que se percibe el incremento de venta y clientela, y un ejemplo es Conservas Artesanas Casa Alicia, en la esquina entre San Pedro y San Felices 33 y la calle Castrojeriz. Sus ventas en marzo crecieron un 25% y las de abril prevé que sigan el mismo camino. Además del producto que da nombre a su establecimiento, se pueden encontrar legumbres, bebidas, dulces, embutidos y encurtidos, entre otros productos, lo que permite trazar la evolución de cómo hemos ido cambiando nuestros hábitos alimentarios desde que comenzara el aislamiento. 

Por ejemplo, recuerda su propietaria, Begoña Ortega, la primera semana las conservas eran las ‘estrellas’ de la cesta de la compra, sobre todo las de pescado, y especialmente el bonito, en definitiva, productos socorridos y de larga caducidad. «Fue brutal la cantidad que vendí los 4 primeros días». 

Por contra, ahora, nos damos más al capricho, encurtidos, patatas fritas, embutidos de calidad y vino y vermú. «Lo que no consumimos en los bares lo tomamos en casa y cuando llega el fin de semana nos damos todos los caprichos y creo que comemos demasiado, aunque para mí sea un beneficio», se ríe.

Yolanda Trascasa atiende a Gema detrás del mostrador y las sillas que ha colocado como separación.Yolanda Trascasa atiende a Gema detrás del mostrador y las sillas que ha colocado como separación. - Foto: Valdivielso

Ortega agradece el respaldo de sus vecinos. «La gente me está apoyando y cuidando mucho y no vienen con prisa, no contestan mal, mantienen la distancia de seguridad y siempre con una sonrisa», apunta, aunque a los comerciantes también les está tocando llevar a cabo una cierta labor educativa.

Sobre todo los primeros días y con las personas mayores «que necesitaban salir y venían a por sus 50 gramos de mortadela y tenía que decirles que es mejor que hagan una lista y no salgan tantas veces, y creo que ya nos hemos ido acostumbrado».

Una de esas clientas responsables es Judith, que hace la compra para sus padres y que pese a ser trabajadora de una mediana superficie tiene claro que «hay que apoyar al pequeño comercio local». 

Eso sí, al igual que recomienda a los usuarios del súper en el que trabaja, apuesta por la «organización semanal» de la comida y «salir lo mínimo imprescindible», aunque por experiencia sabe que para algunos salir a comprar es la excusa perfecta para bajar a la calle varias veces al día.

Por lo que se refiere al futuro, la propietaria de Casa Alicia no se muestra demasiado optimista con que tras la crisis este modelo de consumo de cercanía se mantenga. «Soy muy realista, y creo que la gente volverá a las grandes superficies. Quizás alguno pueda venir a por algún producto que le haya gustado, pero nada más», augura.

Yolanda Trascasa (Carnicería Trascasa - calle Malatos, 15): «Al comer en casa, se compran cosas más adaptadas a los niños»

Yolanda Trascasa se encuentra detrás del mostrador de Carnicería Tracasa, en San Pedro de la Fuente. Para ser exactos detrás del mostrador y de las sillas que ha colocado delante a modo de improvisada distancia de seguridad, sin duda más efectiva que la línea roja en el suelo que situaron en un principio. 

Desde su experiencia de este mes, tal vez lo más significativo sea el tipo de productos que más se compran ahora respecto a unas circunstancias normales. Y en este caso, no tiene que ver tanto con que todos nos hayamos convertido en cocinillas como con el hecho de que los niños comen en casa y no en el colegio. 

«Se compran cosas más adaptadas a ellos, carne picada, hamburguesas, san jacobos, croquetas...», señala esta carnicera, que añade el lechazo como otro artículo cuya venta se ha incrementado gracias a la notable bajada de precio que ha experimentado. «Está casi a mitad de precio de lo habitual en estas fechas», relata.

Por lo que se refiere al flujo de clientes, se ha normalizado después del ‘boom’ de ventas que se vivió la semana anterior al estado de alarma «en la que la gente se volvió loca», y que elevó la facturación de marzo entre un 10 y un 20% recuerda. Ahora entran menos personas en su establecimiento de la calle Malatos pero realizan compras más grandes, lo que está permitiendo que los ingresos de abril se mantengan respecto al mismo mes de hace un año. «Las colas de Mercadona ayudan mucho», se ríe.

Además, como sucede en muchos pequeños comercios burgaleses los encargos telefónicos han crecido notablemente, lo que les está obligando a trabajar a puerta cerrada más allá del horario habitual, de 8 a 14.30 horas, para poder prepararlos.

Una de sus clientes habituales es Gema -de hecho Yolanda la saluda por su nombre al entrar- que sigue comprando en los mismos establecimientos que antes del coronavirus. «Soy muy de pequeño comercio de barrio, que creo que tenemos que fomentar, y también valoro la relación calidad-precio y las relaciones interpersonales», explica, al tiempo que asegura que, aparte de los lógicos cambios que impone el confinamiento, no ha tenido que variar sus hábitos en exceso. 

Eso sí, como profesional del ámbito sanitario -es farmacéutica- aprovecha la oportunidad que le ofrece aparecer en un reportaje periodístico para lanzar un mensaje pidiendo que todos extrememos las medidas de higiene. «Esto no es una broma, hay gente que está muriendo por esto y hay que mentalizarse. No preocuparse, pero sí ocuparse, aunque creo que la mayoría lo está haciendo bien».