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27 años y 30 millones devuelven el esplendor a la Catedral

I.L.H.
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La recuperación del trasaltar cierra una etapa que empezó en 1994. Las obras más costosas han sido la fachada de Santa María, el cimborrio, las cubiertas y los claustros

La puesta a punto de la Catedral ha llegado a tiempo para celebrar sus 800 años. - Foto: Luis López Araico

Hace poco más de un mes se entregaban las obras de restauración del trasaltar y con ellas concluye una etapa que comenzó en 1994, tras el «suicidio» de san Lorenzo desde la fachada de Santa María. Hasta entonces, quizás lo recuerden, los coches circulaban por la plaza del Rey San Fernando y el color de la piedra de Hontoria que viste la Catedral era muchísimo más oscuro que el de un mero gris. El polvo, la humedad, la polución, las agresiones de los agentes externos y el rigor del paso de los siglos habían añadido un manto sombrío al interior y exterior del templo. Fue entonces cuando se sublevó san Lorenzo. La estatua y la peana de la torre norte gritaron auxilio el 12 de agosto de 1994 y con su caída desde más de 40 metros de altura clamaron por una intervención inmediata, algo que se venía solicitando sin efecto alguno.

La reacción de las administraciones en Burgos fue más lenta de la que se vivió en Cataluña con el incendio ese mismo año del Liceo de Barcelona. Y no porque la sociedad no lo pidiera taxativamente e incluso se realizaran campañas, como la de recogida de firmas que encabezó este periódico. Se reclamaba a la Junta y al Ministerio de Cultura su implicación directa, la aportación de fondos y la redacción de un plan director que permitiera tomar medidas. 

Finalmente se consiguió y ese plan que se aprobó tres años después, en 1997, permitió realizar un análisis y diagnóstico completo de las patologías de la Catedral, estudiar el grado de deterioro de cada elemento y establecer un orden de prioridades. El Cabildo asumía la gestión y la captación de fondos y patrocinios y a la Junta, a través de la Dirección General de Patrimonio, le tocaba la supervisión y aprobación de las intervenciones. 

Desde entonces han pasado 27 años, se han acometido cerca de 80 intervenciones y se han invertido 30 millones de euros sufragados por 32 entidades públicas y privadas. Con la restauración del trasaltar y la climatización del templo la Catedral ha recuperado la salud deteriorada que presentaba en 1994 y afronta su octavo centenario con un aspecto más lozano que el de hace tres décadas.

Pero llegar hasta aquí no ha sido fácil. Algunas actuaciones han llevado no años sino décadas, otras han necesitado técnicas innovadoras, hay restauraciones que han requerido de varios estudios previos, algunas han estado unidas a la polémica y también las hay que han incorporado elementos modernos como canalizaciones y desagües.

16 años de andamios 
Lo más apremiante fue la consolidación de las agujas de las torres, cuyos estudios comenzaron incluso antes de la caída de san Lorenzo y el plan director. No solo preocupaba su estabilidad, sino también la correcta evacuación del agua de lluvia. Desde ese momento y hasta 2011 los andamios formaron parte de la imagen de la Catedral, porque, atajado el problema de las agujas, siguió la limpieza del exterior.

Y una de las principales preocupaciones eran las cubiertas porque su exposición a los agentes atmosféricos y, otra vez, la entrada de agua hacía que su estado incidiera en el interior de las capillas, naves y bienes muebles. Tras esas primeras actuaciones se continuó con las fachadas.

De la de Santa María se había desvanecido san Lorenzo y se temía por las esculturas que estaban justo por encima del rosetón. Por eso una de las decisiones más delicadas fue la de sustituir las figuras de la galería de los reyes por réplicas y dejar los originales en el interior del templo. Tampoco se libró de las críticas el color rosado de la parte baja.

En total, en la fachada se invirtieron 1,3 millones de euros y tres años de obras. Entre ésta, la de Sarmental, Pellejería, Coronería y el resto del exterior del templo -incluidas las cubiertas- se tardaron 16 años, el tiempo que la Catedral convivió con andamios en su parte externa, y supusieron una inversión de 8 millones de euros.

La luz del cimborrio 
Una obra colosal requiere también una restauración a su medida. La del cimborrio fue igualmente complicada, por un lado por los elementos decorativos y después porque por su estado tuvieron que desmontarse algunos pináculos pieza por pieza. Una vez restaurados, se volvieron a colocar sujetándolos sobre anclajes de acero inoxidable.

En cuanto a la estructura arquitectónica, se cambió el cinc de su exterior por plomo engatillado. Y más tarde se cambiaron las vidrieras y se limpiaron los paramentos interiores para mejorar la entrada de la luz. 

Para cuando se acometió esta importante obra ya se habían restaurado las capillas de los Condestables, San Nicolás, Santa Ana, la Escalera Dorada o el museo catedralicio, entre otras. Después llegarían otros espacios clave, como la capilla calefactada de Santa Tecla o la nave central.

Dos décadas para los claustros
Los dos cuerpos del claustro y las capillas que lo integran tenían una gran complejidad por la envergadura y su estado de deterioro, así que para acometer las obras se hubo de hacer por fases desde 1997 hasta 2017, cuando concluyó la capilla del Corpus Christi.

En la restauración del claustro bajo se aprovechó para crear un área de interpretación, se recuperaron las criptas para el recorrido turístico y se habilitó una sala para exposiciones (Valentín Palencia). Además quedaron al descubierto antiguas lápidas funerarias incrustadas en los muros, como la del maestro Juan Pérez, fallecido en 1296 y continuador de las obras del maestro Enrique.

Entre 2010 y 2017 se intervino en el claustro alto. Aquí la dificultad estaba en los abundantes sepulcros y la rica decoración escultórica bajo las arcadas murales, también decoradas.

Innovación con Vigarny
En noviembre concluyó la restauración de los relieves del trasaltar, obra que ha necesitado de varios estudios preliminares antes de decantarse por una intervención que ha exigido el desmontaje de 2 de los 3 relieves de Vigarny, el uso de métodos innovadores y su montaje posterior. La porosidad de la piedra de Briviesca y la humedad que se filtraba por la parte trasera (la zona del retablo de la nave central) ha requerido desionizar las piezas labradas, secarlas con exposiciones ultravioleta y construir una cámara de aire que evite la humedad futura por filtración. En junio la Junta y el Cabildo, patrocinadores de la restauración, sellaron el final de obra.