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Los jardineros fieles

B.G.R
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Un grupo de padres y alumnos del Solar del Cid se ocupa durante julio y agosto del riego de los numerosos espacios verdes del colegio. A pesar de ser una experiencia «gratificante», exigen que se instale un mecanismo automático

Familias al completo han participado en el ‘grupo de riego’ creado este verano. - Foto: Luis Martín

La masa boscosa del entorno apenas deja ver los edificios. Pero dentro de ese abanico de árboles, césped y jardineras se encuentra el colegio público Solar del Cid, ubicado en el barrio de San Pedro de la Fuentes. Es el centro con más espacios verdes, una fortuna dentro de la ciudad que para mantenerla requiere de atención permanente. Sabedores de esa riqueza, un grupos de padres decidió tomar cartas en el asunto para evitar su deterioro durante los meses de julio y agosto y que la vuelta a las clases mantuviera intacta la imagen.

La idea partió de la conserje titular del centro, que advirtió a las familias de lo que podría ocurrir durante su ausencia vacacional. Sobre todo en aquellas zonas en las que se habían plantado hasta una decena de árboles fruto de un proyecto educativo del AMPA y la asociación Huerteco en el que han trabajado con los alumnos durante el pasado curso. «Si no se cuidaban se iban a secar», explica Javier Mediavilla, uno de los padres implicados en la iniciativa que la dio a conocer entre el resto de familias.

Más que perder los 400 euros que habían costado las especies adquiridas, que también, se movilizaron por sus hijos, ya que no estaban dispuestos a que «cuando regresaran en septiembre vieran que el trabajo de un año había desaparecido». Sin mas dilación creó en la aplicación de WhatsApp el Grupo de Riego, al que se apuntaron siete miembros aunque después la participación ha sido bastante mayor.

Con las llaves del colegio en la mano, realizaron turnos de mañana y tarde durante dos días a la semana. La primera jornada fue de inspección del terreno y conocimiento de los medios con los que se contaba. Además, la conserje les dio indicaciones de las zonas prioritarias, mientras que un exalumno realizó un plano con todos los detalles para realizar el trabajo. El material que se encontraron era del todo «rudimentario» con fugas en las mangueras, hasta que en agosto llegaron las nuevas, que la Dirección del centro llevaba tiempo demandando al Ayuntamiento.

Las ciruelas recogidas se convirtieron en mermelada gracias a una de las madres, además de alguna que otra recompensa que encontraron en el huerto que tiene la instalación educativa para los alumnos de Infantil. Más de dos horas tardaban en regar, pero la experiencia ha sido «gratificante» tanto para los padres como para los alumnos, que inicialmente recibieron con asombro la noticia de que había que ir al cole en verano, tal y como reconoce Ana Olga Quecedo, representante del Consejo Escolar. 

Petición al Ayuntamiento. Con el agua y el sol la diversión estaba asegurada, además del trabajo cumplido y de tener una sensación de pertenencia al colegio. Sin embargo, los padres consideran  que el hecho de disponer de tantas zonas verdes requiere de una atención permanente durante todo el año de la que no tiene por qué ocuparse la conserje. Por ello, exigen al Ayuntamiento que instale el riego automático, ya que se trata de unos espacios municipales como los jardines repartidos por la ciudad. No les importaría repetir la vivencia porque «nos ha parecido atractiva y educativa para los niños», aunque subrayan «que los padres no tenemos por qué llegar a donde no llega la Administración local porque la obligación es suya». 

Ayer fue el último día de riego, que curiosamente coincidió con la llegada del jardinero para cortar los setos. La directora del centro, Belén Barrios, aplaude la iniciativa y la predisposición de las familias, al tiempo que comparte sus mismas reivindicaciones por las «características singulares» que presenta este colegio público.