Agosto de 1961 - La N-I tiñe de sangre Pancorbo

R.B.
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La Nacional I ha dejado un reguero de muerte en la provincia de Burgos. El 4 de agosto de 1961 se produjo uno de los accidentes más graves que se recuerdan, al chocar dos camiones en Pancorbo. Ocho personas fallecieron a causa del brutal impacto

Imagen del estado en el quedó uno de los camiones en que viajaban los operarios de Iberduero, nueve de los cuales fallecieron a consecuencia del accidente. - Foto: Fede

EL HECHO: Nueve personas fallecieron al sufrir un accidente en la N-I.

LUGAR: El kilómetro 302, a la altura de Pancorbo. Justo en la intersección con la carretera de Logroño.

LA CAUSA: El camión cayó por un terraplén de 8 metros a consecuencia del golpe.

Los trabajadores de Iberduero habían acabado ya la instalación de luz eléctrica en Villalbilla Omaztegi (Álava) y por ello transitaban la N-I para llegar a su próximo destino laboral. Al llegar a Pancorbo el camión en el que viajaban chocaba contra otro vehículo pesado y caía por un terraplén de ocho metros. El resultado fue que seis operarios fallecieron en el acto y otros resultaron heridos, algunos de gravedad. La lista de cadáveres, no obstante, no acabaría allí. Además, aunque no fue el primero de los siniestros ocurridos en ese lugar, si que ha sido hasta ahora el más importante.

Como en la mayoría de los accidentes, todo sucedió en apenas unas milésimas de segundo. Fue exactamente a las 07.45 horas en el kilómetro 302, justo en la intersección con la de Logroño. El conductor de un camión que transportaba pescado seco desde Huelva hasta Castro-Urdiales tuvo, al parecer, un pequeño desvanecimiento «un pequeño mareo», según el periodista de DB que cubrió el accidente, lo que provocó que no girara el volante y siguierala trayectoria recta en la curva.

Todas las maniobras del conductor del camión de Iberduero para tratar de evitar el impacto resultaron infructuosas. «Se arrolló todo lo que pudo», indicaban las crónicas de la época, pero aún así y sufrió un fuerte golpe en la caja (precisamente donde viajaban los 17 trabajadores y el capataz de la cuadrilla) que le desvió de su trayectoria.

La mala suerte y el infortunio se dieron la mano y el vehículo donde viajaban los operarios fue a salirse de la calzada justo al lado de un terraplén de ochometros por el que cayó. Nada más tener conocimiento de la colisión acudieron al lugar un buen número de vecinos que prestaron su colaboración desinteresadas. Entre ellos se encontraba el veterinario de Pancorbo, Jesús Carranza, quien dio los primeros auxilios a las víctimas.

La imagen era dantesca, tal y como aseguraron en aquel entonces losmúltiples testigos del siniestro. La caída había provocado la muerte de seis viajeros y había herido, de mayor o menor gravedad al resto. El camión que rodó por el desnivel quedó convertido en un amasijo de hierros después de dar varias vueltas de campana.

Todas las ambulancias de la zona comenzaron a movilizarse para evacuar a los heridos a diversos centros hospitalarios. Miranda de Ebro,Vitoria yla propia capital burgalesa fueron los lugares que destino de las víctimas. Dos de ellos no pudieron resistir el viaje y pasaron a engrosar la lista de fallecidos.

La lógica conmoción que provocó el accidente en todala comarca dio paso a un dolor contenido por la magnitud de la tragedia. Aunque ninguno de los fallecidos era natural o vecino de la zona, fue uno de los sucesos más comentados en todo el entorno. Una auténtica «catástrofe automovilística», como destacó.

El entierro de las seis personas que fallecieron en el acto se celebró en Pancorbo y supuso «unaimpresionantemanifestación de duelo», tal y como destacó el cronista. El párroco Nicolás Dulanto fue el encargo de oficiar el sepelio, al que acudieron tanto autoridades locales como varios responsables y operarios de Iberduero que fueron los encargados de llevar a hombros los féretros de sus compañeros fallecidos.

Los familiares de los fallecidos llegaron a Pancorbo desde varios lugares de la península porque, pese a que nada unía a las víctimas con la localidad, la falta de medios provocó que fueran enterrados en la localidad todos los que murieron allí, al igual que los que fallecieron en Vitoria recibieron sepultura en la capital alavesa.

La diferencia entre este y otros accidentes posteriores radica en que en el de 1961 nadie echó la culpa a la carretera. Ni el tráfico rodado era de tanta intensidad como para justificar otro tipo de vía, ni el estado del firme se diferenciaba de manera sustantivas con el que presentaban otras carreteras análogas.

El problema radica en que 43 años después de aquella colisión, los camiones siguen circulando por la misma vía que ha sufrido un incremento brutal en su flujo circulatorio, pese a que a escasos metros discurre una alternativa de pago. Pancorbo sigue sufriendo accidentes mortales y, aunque ninguno ha resultado tan crítico como el de aquel fatídico 5 de agosto, la solución al problema de la N-I adquiere ya tintes de urgencia.

* Este artículo fue publicado en la edición impresa el 10 de octubre de 2004