Diciembre de 1959 - Matan a un labrador en Renuncio

R.B.
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Isidro salió de su casa aquel día con la intención de vender la pareja de vacas que poseía y con las que apenas lograba ganarse la vida. De vuelta a casa con la yunta, le descerrajaron dos tiros. Dejó viuda y cuatro hijos, el menor de solo dos días

Los dos vecinos de Villamiel que habían salido a buscar a Isidro encontraron su cadáver a las afueras del término municipal de Renuncio. - Foto: Valdivielso

HECHO: Isidro muere de dos disparos de escopeta cuando regresaba a su casa de Villamiel.

AUTOR: Francisco C.S. un joven de Quintanapalla de 21 años.

MÓVIL: Aparentemente el robo, aunque el botín fue de 18 pesetas.

La tierra que poseía no le permitían mantener a su familia tal y como a él le hubiese gustado. Por eso Isidro salió temprano de Villamiel con la intención de vender en Burgos sus dos vacas y comenzar una nueva vida más próspera, y sin las inclemencias del duro agro castellano. Una vez en la capital consiguió un comprador para las reses. La falta de un transporte adecuado, sin embargo, impidió que el trato se cerrara ese mismo día. El adquirente vivía en Miranda de Ebro y tenía el camión lleno, por lo que quedaron que acudiría al pueblo del vendedor próximamente y harían la transacción y el pago. Ese día, sin embargo, nunca llego, ya que dos balas se interpusieron en su camino.

La primera en dar la voz de alarma fue su mujer, Isabel. Intranquila porque el marido no había llegado a casa a la hora convenida, convenció a dos vecinos del pueblo, uno de ellos un pariente directo, para que, con las primeras luces del alba, acudieran en su búsqueda, ya que tenía el presentimiento de que algo grave había ocurrido.

Al llegar al término municipal de Renuncio, la comitiva comprobó en persona lo cierto de esa intuición. En uno de los pagos a las afueras de la localidad hallaron el cadáver de Isidro y, muy cerca, la yunta de la que pretendía desprenderse. El labrador presentaba dos tiros de escopeta, por lo que la Guardia Civil comenzó entonces sus investigaciones, movilizando «a todos los agentes disponibles», como destacaba Diario de Burgos al hacerse eco del suceso.

Su primera labor consistió en echar mano del archivo policíal para ver si entre los fichados podía haber alguien que encajara en el supuesto perfil del autor de los hechos. Pronto salió el nombre de Francisco C.S., un joven de Quintanapalla de 21 años que había sido procesado por el robo de unas ovejas en Mecerreyes y se encontraba en libertad bajo fianza. En su ficha se indicaba que «últimamente llevaba una vida un tanto irregular». Además, varias personas confesaron haberle visto cazando en los alrededores de Renuncio y había partido «con cierta premura».

Los guardias no tardaron en dar con su paradero en la pensión de la calle Pisones que se había convertido en su domicilio habitual. Cuando le detuvieron le ocuparon la escopeta con la que se habían efectuado los dos disparos, así como abundante munición. Asimismo, poseía un reloj de la víctima, y una libreta en la que el fallecido había hecho anotaciones sobre la inscripción de su último hijo.

A la vista de las pruebas, el sospechoso se confesó autor del crimen, por lo que fue conducido al calabozo del puesto de Huelgas, antes de pasar a disposición judicial. El titular del Juzgado N0 2, José Luis Olías, se hizo cargo del interrogatorio en el que el detenido dio su propia versión de los hechos.

Según aseguró, mientras estaba cazando en Renuncio se había encontrado con el labrador de Villamiel, que regresaba a su casa con la yunta de vacas. En ese momento, se dispuso a entablar conversación con él con tal mala fortuna que, al ofrecerle un cigarrillo, se disparó accidentalmente el arma, hiriéndole gravemente en el pecho. Al verle en tan mal estado, y siempre según la versión del detenido, quiso evitarle mayor sufrimiento, por lo que le disparó un segundo tiro que acabó con su vida.

Este correlato de los hechos no convenció ni a la Guardia Civil, ni al magistrado ni a la mayor parte de los vecinos de Burgos que siguieron con interés este suceso. Esa versión no casaba con el robo del reloj y de las 18 escasas pesetas que portaba el labrador, prácticamente su único capital.

La opinión pública burgalesa se sensibilizó pronto con este crimen por dos motivos fundamentalmente: los absurdo de la muerte (si, como parece, el móvil fue el robo, 18 pesetas es un triste botín) y el hecho de que la víctima hubiera sido padre de nuevo dos días antes.

El gobernador civil fue el primero en otorgar una cantidad para que la familia del fallecido pudiera tener lo suficiente para poder afrontar los primeros gastos. Este gesto fue correspondido posteriormente por Cáritas Diocesanas y por el propio Diario de Burgos, que abrió una suscripción popular para mejorar, en lo posible, las condiciones de vida tanto de la vida como de los cuatro huérfanos.

* Este artículo fue publicado en la edición impresa el 24 de octubre de 2004