La mitad de las muertes en moto se producen en Merindades

I.E.
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Tres de los 7 fallecidos en carreteras de este año viajaban en una motocicleta. Dos de ellos perecieron en la misma vía, la BU-550, una ruta de muchas curvas favorita de los aficionados a las dos ruedas

La mitad de las muertes en moto se producen en Las Merindade - Foto: Alberto Rodrigo

iete fallecidos en accidente de tráfico a estas alturas del año son muy pocos en comparación con ejercicios anteriores. Pero tres de los siniestros mortales ocurridos en estos siete meses los han sufrido motoristas, lo que representa un motivo de preocupación para la Jefatura Provincial de Tráfico y para el colectivo de aficionados a este vehículo. Además, la mayoría de los casos se concentran en una zona muy determinada de Burgos, en Las Merindades. En esta comarca han perecido 19 de los 40 motoristas muertos desde el año 2007.
El pasado fin de semana hubo que lamentar dos motoristas fallecidos, los tres en Las Merindades. El domingo un zamorano de 18 años perdió la vida en el puerto del Escudo, en la N-623. Su vehículo se salió de la vía e impactó contra la bionda. El sábado, un vizcaíno de 45 años se caía de su moto y chocó contra una furgoneta en San Pantaleón de Losa, en la BU-550, la misma en la que pereció en junio un burgalés de 30 años, en ese caso en Puerto Angulo -en el Valle de Mena- al deslizarse por la calzada y golpearse con el quitamiedos.
La mayoría de las víctimas que mueren en el norte de la provincia no son burgaleses, suelen ser vecinos del País Vasco o Cantabria, aficionados que disfrutan de rodar por los bellos parajes de esa comarca. Las carreteras también son atractivas para circular, sobre todo por las curvas, según señalan desde el Motoclub de Burgos. Son rutas muy entretenidas, pero hay lugares peligrosos y un mínimo exceso de velocidad o un despiste puede resultar fatal. Hay aficionados, algunos no muy experimentados, «que se ponen a tumbar la moto y en ocasiones por la grava y en otras por la humedad acaban en el asfalto». La norma general es que se circula con prudencia, pero siempre hay excepciones, y hay motoristas que empiezan a correr, arriesgan en las curvas y, al no conocer bien el terreno, la probabilidad de tener un accidente.
Otro dato interesante es que uno de cada tres motoristas fallecidos en los últimos doce años perdieron la vida en una carretera comarcal. La BU-405 (entre Castrojeriz y Pedrosa del Príncipe), la BU-550 ( Valle de Tobalina), la BU-552 ( Valle de Losa), la BU-530 ( Valle de Tobalina), la BU-P-1001 ( Villagonzalo de Pedernales), la BU-V-5601 (Medina de Pomar), o la BU-V-5741 ( Valle de Manzanedo) son vías de la provincia que tienen el dudoso honor de haberse convertido en el escenario de un accidente mortal para un motorista. Al margen de éstas, aparecen también carreteras con el cartel de autonómicas o el de nacionales que por su trazado en algunos de sus tramos y por sus deficiencias bien parecen comarcales. Son el caso de la N-629, la N-232 -en ambos casos con el asfalto en pésimas condiciones en muchas épocas- o la N-623. De la vías de alta capacidad la A-1 es la más peligrosa, con cuatro muertos, dos el pasado año.
La «carrocería del motorista -advierten desde el Real Motoclub- es él mismo, si choca contra algo, es su cuerpo el que soporta todo el impacto, por lo que las lesiones siempre serán más graves, aun no circulando a altas velocidades». Las medidas de protección al motorista de las carreteras españolas y de Burgos «no están a la altura». Es cierto que los guardarraíles en el trayecto entre Burgos y Villarcayo de la CL-629 cuentan con faldones supletorios bajo las biondas que evitan que en una caída el piloto choque con las sujeciones al suelo. Éstas actúan como cuchillas que se llevan por delante cualquier extremidad en caso de caída y deslizamiento por la calzada.

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