Los cuerdos de las alturas

F.L.D.
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No todos los que suben a una azotea buscan desafíar a la gravedad. Hay también quien lo hace, literalmente, por amor al arte

Este fotógrafo decidió retratar Burgos desde el cielo para aportar otro punto de vista a sus instantáneas. - Foto: Alpak

El peor dolor de todos es el que sentimos cuando nos cortan las alas. El ser humano está hecho para soñar en grande y solo nos faltan pequeños empujones para dar el salto y cumplirlos. Sin embargo, hay quien se empeña en poner trabas, que tiene por consigna el «no se puede» o «no debes». Y si es el desconocimiento el que hace la crítica, el daño se hace más intenso. Nada como volar para reírse de todos aquellos que te dicen que es imposible. Tal vez por eso, el enigmático saltador de Río Vena, que se hizo famoso en toda España tras aterrizar en la calle Juan de Padilla después de despegar desde lo alto de un edificio de 15 plantas, se sintió dolido cuando le llamaron inconsciente. Detrás de esa maniobra hay años de trabajo. Pero él no es el único que trata de reivindicar su trabajo ante aquellos que les tildan de delincuentes. Ni siquiera, dicen, tientan a la suerte. Simplemente tratan de dar una visión diferente al mundo que les rodea.

Es el caso de Alpak, como se hace llamar un joven fotógrafo en la red social Instagram, la cual le sirve de escaparate para mostrar al mundo su trabajo. Desde hace cinco años, buscaba las alturas para retratar la ciudad con una perspectiva distinta. «Un día me di cuenta de que desde el suelo todas las fotos que hacía estaban muy vistas, así que empecé a buscarme la vida para subirme a los edificios», explica. Su andadura desde los techos de la ciudad empezó, según recalca, «cuando no lo hacía prácticamente nadie», lo que le permitió acceder a azoteas que aún no estaban cerradas, en concreto de hoteles y comunidades de vecinos cuyos portales solían estar abiertos. Ahora, reconoce, es más difícil.

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