«Somos el 50% y queremos el 50%»

B.G.R.
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Sagrario Beltrán (i.) y Elia de Abajo. - Foto: Alberto Rodrigo

Elia de Abajo tiene 19 años y estudia Ingeniería Mecánica por una cuestión vocacional. La misma que llevó a Sagrario Beltrán a cursar ciencias y convertirse en catedrática de Ingeniería Química de la UBU. Las dos ven necesarias las movilizaciones

Cuarenta y dos años separan a Elia de Abajo y a Sagrario Beltrán. La primera tiene 19 años y estudia Ingeniería Mecánica. La segunda es catedrática de Ingeniería Química e investigadora principal de varios proyectos. Pertenecen a dos generaciones completamente distintas, pero comparten escenario diario (la Universidad de Burgos) ideas, el gusto por las ciencias y la visión del 8 de marzo: «Es absolutamente necesario».
Profesora y alumna no se conocían con anterioridad. Lo hicieron en este reportaje y enseguida surgió la química y un diálogo fluido que se prolongó durante casi una hora. Lo inició Elia explicando el porqué del entrecomillado: «Se da por hecho que las mujeres estamos ahí, pero nos siguen haciendo feos  de los que nadie parece darse cuenta». En su caso, se refiere a comentarios, disfrazados a veces de broma, sobre la capacidad de una chica para entender determinados conceptos relacionados con su carrera, teniendo en cuenta que es una de las seis alumnas de un total de 60 matriculados en su clase.
  Se rebela ante situaciones como esta y defiende a capa y espada la elección de la que será su profesión. «No me condicionó nada que seríamos pocas chicas en el grado. Me gustan las matemáticas y los coches y por qué me voy a dedicar a hacer otra cosa», defiende mientras Sagrario aplaude y muestra su sorpresa de que haya gente que siga poniendo en cuestión la capacidad de las mujeres para determinados estudios en pleno siglo XXI. Por eso dice que aún queda camino que recorrer, a pesar de que las cosas hayan cambiando mucho. Tanto como que su madre tuvo que pedir permiso a su padre para cobrar una herencia o que en su época lo importante era que las niñas aprendieran labores domésticas en lugar de leer un libro.   
 Ella llegó a la universidad en el año 1975, una puerta que abrió su hermana mayor y que no dejó escapar. Estudió primero Químicas y más tarde se especializó en ingeniería. Asegura que nunca ha notado discriminación en el trabajo, quizá porque siempre «he tenido compañeros con una ideología muy progresista que no me hicieron sentir diferente». No obstante, reconoce que las mujeres «siempre hemos estado en estado meritorio» en el mercado laboral. «Cada día teníamos que demostrar que nos merecíamos el puesto de trabajo que teníamos, algo que para los hombres no existía», manifiesta.
Considera que esta circunstancia sigue existiendo hoy en día, aunque en menor medida, porque «se nota el machismo latente que hay en la sociedad». Considera que el origen está en la educación pero desde el inicio de la escolarización, ya que explica que hasta los seis años las niñas se sienten igual de capaces que los niños». Sin embargo, según pasa el tiempo la percepción cambia y cree que una de las razones se debe a la falta de modelos de referencia femeninos.
En su época universitaria el número de alumnas en Químicas era similar al de alumnos. Bien es cierto que al terminar algunas se dedicaron a la familia y abandonaron la profesión y otras optaron por un puesto en la administración. Ella lo tenía claro y siguió creciendo en el ámbito de la docencia y la investigación, donde acumula tres décadas de experiencia. Elia se ve en el futuro como ingeniera pero sin renunciar a una vida personal en la que contempla tener hijos «porque me gustan los niños, pero no porque me digan que los tengo que tener».
 La dos han girado la cabeza en un regreso a casa en solitario por la noche. Ese miedo a que «te pueda pasar algo lo vivimos todas», subraya la catedrática. Y no es algo del pasado, porque la joven alumna lo corrobora sin ninguna duda argumentando la desconfianza de cuando un amigo te invita a su casa y el hecho de que si la situación fuera al revés ese pensamiento no lo tendría nunca un hombre. A este ejemplo añade otros como el de las ofertas de trabajo en masculino y en femenino que afirma que perjudican tanto a un género como a otro y se pregunta por qué ‘se necesitan camareras o azafatas ’ pero ‘se necesitan ingenieros’. O el comentario tan usado como injusto de ‘mujer tenías que ser’ al que se refiere la más veterana y que «tanto hemos oído en cualquier ámbito».
Creen necesaria la implicación de los hombres para lograr la igualdad. «Si somos el 50%, queremos el 50% de todo y también ceder el 50% de lo que tenemos», enfatiza Sagrario, que al igual que Elia, se queda sin palabras a la hora de valorar el resurgir de un machismo que parecía superado y que evidencia la «ignorancia de no saber lo qué es la sociedad y lo que hemos conseguido entre todos».
Las dos participaron en los actos del 8-M del año pasado y volverán a hacerlo mañana porque están convencidas de «merece la pena».