Villalibado, el milagro del turismo rural

I.P. / Villalibado
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Juan Ansótegui es el alma máter de este proyecto de rehabilitación de todo un pueblo; ahora, no solo acude gente a pasar unos días de descanso, sino que los ‘hijos del pueblo’ empiezan a arreglar sus casas. - Foto: Jesús J. Matías

Esta pedanía de Villadiego, deshabitada desde 1998 cuando se fueron sus 2 únicos vecinos, es hoy un auténtico edén gracias a cuatro hermanos que han ido adquiriendo casas en ruinas y rehabilitándolas como alojamientos rurales

A tres kilómetros de Villadiego, se alza Villalibado, al que podemos rebautizar como el pueblo milagro que ha resurgido de sus ruinas. Desde que en 1998 se quedó sin los últimos vecinos, dos hermanos que 16 años antes había montado una granja de pollos, entró a formar parte de la larga lista de pueblos deshabitados, aunque no abandonados, porque unas pocas casas cerradas habitualmente, abrían en verano y algún que otro fin de semana con el regreso fugaz de algún hijo del lugar.
La mayoría de viviendas, sin embargo, estaban semiderruídas y el paisaje urbano de Villalibado en general era más que desolador.  Nada que ver con la estampa que puede fotografiarse hoy y que deja con la boca abierta a cuantos se acercan a conocer el proyecto, y más aún a los que se hospedan en las 7 viviendas ya abiertas durante un fin de semana o periodos algo más largos. Los autores de esta resurrección son los cuatro hermanos Ansótegui, constituidos en una Comunidad de Bienes que, como bien dice su impulsor Juan, se están dejando aquí «la herencia de sus padres y sus ahorros», pero muy a gusto al parecer.
Madrileño de nacimiento, Juan Ansótegui -profesor  de vídeo y dibujo técnico de instituto en Santander- se reconoce un romántico empedernido y ha hecho del proyecto de esta pedanía su ‘otra’ vida, contagiando a sus hermanos de su entusiasmo y pasando aquí más tiempo que en tierras cántabras. Todos ponen sus diestras manos y su mente -y su dinero- en el proyecto, con algunos amigos igual de «manitas» que les ayudan en la recuperación de las casas y su reconversión en alojamientos de turismo rural.
Todo empezó en el año 2006 y casi por causalidad. Juan regresaba de Portugal a Santander y decidió desviarse por Villalibado para encontrarse con un amigo que se había tomado un año sabático en Villadiego, su pueblo;éste también tenía algunas propiedades en Villalibado y le rondaba la idea de restaurar alguna, entre ellas un viejo torrejón -torre medieval- comprado por sus padres y tíos para estabular las ovejas aprovechando los pastos del pueblo. Lo que son  las cosas, Juan quedó impresionado de lo que vio, a pesar de la ruina que rodeaba el pueblo, y cuando su amigo le preguntó como lo arreglaría le contestó: de piedras y restituyendo su singular alero. El amigo le debió decir algo así como: pues para ti, te vendo mi parte por 1 euro. Juan, que también es escultor, quería hacer partícipes de lo que ya le rondaba en la cabeza a su mujer, hermanos y amigos y allí que les llevó a todos esas Navidades de 2006. La historia acabó en un acto de fe, como dice este ‘artista’: comprando no solo la torre sino toda la manzana de 4 casas. Hoy, donde aquel 2006  los inmuebles estaban a punto de caerse, se alzan 7 casa de turismo rural y un espacio común (el torrejón), una piscina, espacios verdes, arbolado y una plaza reformada, en la que se ha recuperado el antiguo lavadero.
Juan, que muchos días acaba sus clases y se presenta en 90 minutos en Villalibado para trabajar, reconoce que el proyecto evolucionó desde la primera idea -hacerse 4 casas para la jubilación-, pero ahora ya es imparable. La reconstrucción ha sido impecable, piedra, madera y acero cor-ten priman, y los interiores, sin grandes alardes decorativos, son espacios sencillos, pero coloridos y confortables. Todas las casas mantienen la misma estructura: entrada y salón corridos, cocina y baño, y en la planta primera, dos ó tres dormitorios y baño. El torreón, como espacio común, tiene salas de estar y reuniones y hasta un billar para dedicar un rato al juego. Como cualquier casa rural, son el sueño de una pareja, una familia o  grupo de amigos que quieran pasar unos días diferentes, de descanso o de celebración. El boca a boca, las redes sociales y la página web (lasdevilladiego.com) son claves para que Villalibado ya no sea un pueblo desconocido, sino situado en el mapa turístico. El 70% de los clientes son extranjeros y hasta aquí han venido japoneses, belgas e hindúes y no hace mucho una burgalesa, soprano en la Orquesta de Amsterdam, celebró su boda con invitados de quince nacionalidades.
Esta tipología de casas, para ser ocupadas entre 4 y 7 personas, no será la que caracterice las viviendas de la segunda fase ya en marcha y que culminará en unos meses. Ésta se desarrolla en el llamado Barrio Alto donde los 4 hermanos siguieron adquiriendo algunas casas. Aquí, la idea es gestionarlo más como hotel; habrá 13 habitaciones dobles cada una con su baño. Además, habrá salones para actos diversos, amplio comedor y todo está preparado también para montar una cocina industrial.
Juan explica que las 7 viviendas y el concepto de alojamiento rural están bien pero les hace poco competitivos ya que existen muchas casas rurales con esas características por toda la geografía. De ahí que ahora quieran dar versatilidad al proyecto, concebido para un turismo cultural y de alto nivel; por eso, piensa que el potencial aquí estará en los grupos y que Villalibado sea punto de encuentro de familias disgregadas geográficamente, lugar de cursos, eventos, celebraciones y reuniones de amigos sin perder la intimidad de tener cada familia su casa. En el Barrio Alto habrá otra piscina y pista de pádel. En todo caso, las dos fases se complementan y conforman una unidad, un único pueblo, abierto para todos. «Concebimos todo Villalibado como un jardín que pertenece a todo el que lo esté habitando aunque sea para unas vacaciones», dice Juan.
El proyecto está revitalizando el lugar; alguna casas ya se venden a precio ‘de oro’ e hijos del pueblo, se plantean arreglar las suyas. Algunos, como el actual alcalde pedáneo, José Alonso, y la anterior alcaldesa, las han conservado y habitado ocasionalmente.